Economía
DE LAS AULAS AL PARNASO
Última actualización 23/05/2007@18:29:07 GMT+1
No es fácil encontrar a un catedrático de Economía que, además, tenga tiempo y ganas para triunfar también en el mundo de la literatura. Justo Sotelo es uno de esos profesores de Economía que están dejando tras de sí todo un currículo literario que da lugar a una nueva forma de hacer literatura.
.bmp) |
| Justo Sotelo Navalpotro |
Algunos le han comparado con Benedetti, otros con Joyce. Justo Sotelo es Justo Sotelo y quienes le conocen no sólo le admiran como uno de los catedráticos más queridos por sus alumnos, sino por ser una de las promesas con más futuro, y presente, de la literatura española.
Nació en Madrid en 1960. El primer acercamiento se produjo gracias a las Cuevas de Sésamo, coincidiendo con la etapa bohemia del autor. Fue finalista del premio literario de las cuevas en dos ocasiones. En 1995 publica su primera novela y en 1997 publica Vivir es ver pasar.
Como el también catedrático de Economía, José Luis Sanpedro, este joven catedrático es autor de numerosas novelas, cuentos y poemas ; el último, La Paz de febrero (editorial Huerga y Fierro) ha supuesto todo un éxito en el panorama literario de nuestro país.
Sotelo escribe entre clase y clase. Dicen que no para de escribir y a muchos les recuerda a Al Pacino en Esencia de Mujer cuando dice aquello de “en el tango uno no se equivoca, no es como en la vida. En el tango si uno se equivoca o enreda, sigue bailando”. Pues Sotelo sigue escribiendo, adelante, entre clase y clase.
Como keynesiano, como literato, como hombre de mundo, Justo Sotelo es además un hombre singular. Ajeno muchas veces al tedioso abismo administrativo de las universidades, tantas veces llenas de hombres y mujeres grises, entre ellos sobresalen personas tan queridas por sus alumnos, tan innovadoras en el fatigoso mundo de la Economía, tan brillantes en el terreno literario, como Justo Sotelo. Precisamente, el profesor Sotelo sigue la máxima de Luis Buñuel cuando dice que “la moda es la manada, lo interesante es hacer lo que a uno le da la gana”.
La Paz de febrero es su última novela, precisamente la de más éxito. No es fácil inscribirla en el panorama literario de este país, y sobre todo en el paradigma dominante en el mundo de la creación. Algunos pueden pensar que nos encontramos ante una novela postmoderna y cinematográfica, pero en mi opinión no es así. Afirmaría incluso que la obra de Justo Sotelo es radicalmente progresista en el sentido noble de la expresión, y por tanto está muy alejada de modas y seudo paradigmas literarios.
En los siguientes párrafos se explica este hecho que dota a la novela de una altura inusitada en nuestro panorama editorial.
Como hemos dicho, Justo Sotelo nació en Madrid y fue finalista en dos ocasiones del Premio Sésamo, y otras dos del Ateneo de Sevilla, y en su obra figuran novelas como La muerte más larga es la muerte de un poeta, La muerte lenta, Vivir es ver pasar, Alba y Entrevías my love.
Todo comienza con la gran manifestación de Madrid contra la guerra de Irak, y termina con la caída de Sadam Hussein poco tiempo después. En el relato aparecen múltiples personajes en busca de un sentido elevado de la existencia, motivo por el que su obra trata de huir en todo momento de lugares comunes.
A la respuesta popular en contra de la guerra, en esta novela publicada por Huerga y Fierro se une la acertada inclusión de un conjunto de personajes dominados por un calidoscopio “demasiado humano” de pasiones, sentimientos y sueños. El anhelo de dotar a la existencia de un sentido noble y superior, se une a la exploración en los universos del amor, del sexo, de la culpa y de la lucha contra el dolor y la muerte. Lo importante es destacar la afirmación del hombre ante la adversidad individual y la violencia como sistema impuesto desde fuera, lo que dota a la historia de una visión “a contracorriente” de ese postmodernismo banal y hueco en el que incurrimos demasiadas veces en estos tiempos de falta de tiempo y prisas por llegar no se sabe adónde.
La lectura de la Paz de febrero es recomendable precisamente para eso, para detener el tiempo y preguntarnos aunque sólo sea durante unas horas qué es lo que buscamos como simples seres humanos atrapados por un destino que no nos gusta. ¿Se puede y se debe luchar contra el destino?