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JORNADA BREXIT

El Brexit será peor para el Reino Unido que para España

El Brexit será peor para el Reino Unido que para España
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  • El Reino Unido es el segundo destino de las inversiones españolas en el extranjero, y la balanza comercial es favorable a España

El Brexit afectará negativamente a la Unión Europea pero a quien más perjudicará es al Reino Unido, incluso cuando la política de Donald Trump pudiera abrirle ciertas expectativas si se confirma una pauta de desglobalización. La salida del Reino Unido de la UE no es deseable ni favorable, pero implica menos riesgos para España que para el Reino Unido.

Esta es una de las principales conclusiones que ha arrojado la jornada “Brexit: ¿Y ahora qué? El efecto del Brexit sobre empresas y organizaciones españolas” organizada hoy por el departamento de Asuntos Públicos de Grayling, bajo la dirección de David Simón, encargado de dar la bienvenida y hacer la introducción a la jornada, y el despacho Gómez-Acebo & Pombo, cuyo socio, Miguel Troncoso, ha expuesto las principales conclusiones al final de la misma.

Para contribuir al debate sobre los posibles escenarios tras el Brexit y cómo podría este afectar a las relaciones con el Reino Unido de instituciones, empresas y ciudadanos europeos, en general, y españoles en particular, Grayling y Gómez-Acebo & Pombo han reunido un panel de expertos de alto nivel integrado por Ignacio Molina, Investigador Principal del Real Instituto Elcano, Inmaculada Rodríguez Piñero (PSOE), Diputada Europea y miembro del Comité de Comercio Internacional, y José Ramón García- Hernández (PP), Secretario Ejecutivo de Relaciones Internacionales, Diputado por Ávila y Portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados.

Aunque, como ha señalado Ignacio Molina, “la integración europea nunca ha ocupado un lugar protagonista en el proyecto nacional del Reino Unido contemporáneo”, lo cierto es que el sí de los ciudadanos británicos al Brexit sorprendió. Las urnas han decidido y el parlamento británico ha dado luz verde al gobierno para activar el Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea desde este mismo mes de marzo.

Como ha puntualizado José Ramón García-Hernández, “en el horizonte más temprano aparece el incierto Brexit, que nos ocupará unos cuantos años. Se ha abierto un proceso complejo que está creando mucha incertidumbre y pánico. Un proceso que, para poder entenderlo bien, ha de analizarse con lupa y no con prismáticos”.

La negociación será larga y quedan numerosos interrogantes por resolver: desde el momento de la activación formal del art. 50 TUE hasta el régimen que gobernará las futuras relaciones UE / Reino Unido. A todo ello se suma la imprecisión del Libro Blanco presentado por Theresa May el pasado mes de febrero. Como ha destacado Ignacio Molina, del Real Instituto Elcano, “todo apunta a que tras comprobarse la imposibilidad de un mercado interior sin libre circulación de personas, Londres tratará de lograr la libre circulación de bienes, servicios y capitales sin mercado interior, con un acuerdo transitorio. Ignacio Molina también destaca “la desorientación sobre el modelo productivo que se persigue para el futuro británico: ¿reindustrialización o paraíso fiscal?”.

A estos interrogantes se une otra cuestión: las causas fundamentales de la victoria de la salida de la Unión fueron el rechazo a la inmigración, el deseo más o menos ilusorio de recuperar la soberanía nacional (frente al exterior y al propio establishment) y la frustración de ciertos sectores de la clase trabajadora. Factores, todos, de tinte nacionalista, alejados de la racionalidad económica. La gran mayoría de las élites del Reino Unido, incluyendo partidos políticos, altos funcionarios, empresarios, sindicatos, mundo académico y cultural, etc. están en contra de la salida. “El país está partido en dos sobre la cuestión, pero las encuestas muestran que el apoyo al Brexit sigue alto. El partido conservador asume, más bien unido, el resultado de junio y es muy poco previsible que se dé marcha atrás; pero no se puede ignorar la debilidad política a intelectual que tiene detrás” ha matizado Ignacio Molina.

Las relaciones bilaterales serán un aspecto clave

Para Inmaculada Rodríguez Piñero, “la UE se enfrenta a un desafío inédito. Lo importante es garantizar un Brexit justo para la UE y para los ciudadanos británicos. Para los socialistas, un Brexit justo significa que las cuatro libertades expresadas en los Tratados son indisociables. No puede haber acceso al mercado único sin pleno respeto de la libre circulación de personas. Un Brexit justo significa también un acuerdo que garantice los derechos de los ciudadanos de la UE que viven y trabajan en el Reino Unido y los de los ciudadanos del Reino Unido que viven y trabajan en la UE. Un Brexit duro como el propuesto por Theresa May es peligroso y tendría consecuencias perjudiciales tanto para la UE como para el Reino Unido.”

Para el portavoz del PP “lo que debemos intentar impedir los Estados Miembros es que el Brexit debilite a la Unión Europea dictándonos desde fuera dela institución qué elementos son prescindibles para la Unión y cuáles no”. En este punto, como ha incidido el Investigador Principal del Real Instituto Elcano, “los países que conceden centralidad estratégica a la Unión Europea tienen como prioridad absoluta defenderla, y hacerlo en dos ámbitos: evitar el contagio del Brexit a otros Estados Miembros, y preservar los valores fundamentales de la integración europea”.

Centrándonos en España, Molina ha señalado que “aunque la prioridad es preservar la unidad de la Unión Europea en el frente negociador, hay conciencia de la importancia de la relación ‘people to people’ y empresarial, por lo que no se prevé un enfoque punitivo por parte de Madrid”.
Para ello, el analista del Real Instituto Elcano se apoya en dos factores: desde el punto de vista de la ciudadanía, España es un caso único en el que el saldo “migratorio” le es favorable (300.000 británicos residentes en España –algunos estudios aproximan la cifra al millón- frente a 200.000 españoles en el Reino Unido), todo parece indicar que, de llegar a acuerdos bilaterales será relativamente sencillo, con elementos como, por ejemplo, la asistencia sanitaria. Si nos centramos en el tejido empresarial, el Reino Unido es el segundo destino de las inversiones españolas en el extranjero (50.000 millones de euros de stock acumulado) y la balanza comercial es favorable a España (7.000 millones de euros en 2015).

En opinión de García-Hernández, “nadie va a abordar las consecuencias y cuestiones del Brexit desde un punto de vista que afecte a los derechos de los británicos ni a los derechos de los ciudadanos y empresas de otros países”. Como ha matizado el portavoz del PP con respecto al proceso global del Brexit, “es importante ver cuál es la negociación bilateral qué se va a abordar para saber qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer. A la vez, hay que prestar una especial atención a cómo negocia el Reino Unido bilateralmente acuerdos de libre comercio con los distintos países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otras organizaciones o áreas”.

Por su parte, la portavoz del PSOE ha destacado en este sentido que “las negociaciones con el Reino Unido sobre su salida de la UE y el marco de cooperación resultante, obligan a definir una nueva UE. Los socialistas españoles apostamos por una UE, quizás más reducida, pero más federal, más integrada, más social, más comunidad política, con una moneda común, el Euro, y un marco asociativo preferencial con los países vecinos.”

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