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LA CLAVE, PONERSE EN MANOS DE EXPERTOS

¿Coleccionismo?, ¿Inversión?, la estrecha línea roja del arte

Jorge Llopis, experto en arte y perito judicial.
Jorge Llopis, experto en arte y perito judicial.

· Por Jorge Llopis, historiador de Arte y Perito Tasador de Arte (www.arstasante.com)

El coleccionismo de arte en España es como un mal enfermo con salud de hierro: Va de la UCI a la UVI y cuando lo suben a Planta, surge algo que lo llevan de nuevo a cuidados intensivos. “Tanto para el inversor como para el coleccionista, la cuestión no es fácil sí se enfrenta sólo al asunto de coleccionar o invertir en arte.” Algo he apuntado sobre las diferencias y la realidad de nuestro mercado: la escasez de coleccionistas, el exceso de propietarios y la desconfianza del inversor, aunque repito es una opinión, contrastada por mis años de experiencia profesional, pero una opinión al fin y al cabo. Por una cuestión de prurito profesional deseo la situación que evolucione de manera positiva una vez superados los Años Negros pasados, en los cuales, entre la crisis, el comportamiento y consiguiente desconfianza hacia los agentes y segundo mercado y el afloramiento de fraudes, casi casi dieron la “puntilla” a un ya, de por si maltrecho sector en nuestro país. Por tanto insistir entre estos tres tipos (propietario, inversor y el coleccionista ) es fundamental, para conocer sus necesidades o intereses.

Empecemos con el Propietario Celtibérico. Suele ser el mayoritario en nuestro país. Ha recibido en herencia obras de arte de mayor o menor valor que están en su casa desde hace generaciones. Le puede gustar más o menos el arte pero desconoce realmente lo que tiene. El propietario puede tener alguna referencia (sobretodo familiar o no experta al cien por cien) sobre las obras que posee pero normalmente no quiere profundizar en ello para no constatar lo que sospecha. El propietario anhela que alguna de las piezas heredadas tenga un valor y por tanto es el que más ha sufrido en tiempos de crisis y con el comportamiento de determinadas salas de subastas y galerías, que en el mejor de los casos le ha quitado la venda de los ojos respecto a la originalidad y valor y en el peor han vendido a precio de saldo aquella “valiosísima” obra transmitida generación tras generación porque el mercado español en los Años Negros no compraba. Ni bueno ni malo. El arte también se maneja con tendencias. Así el arte religioso, autores y movimientos locales han sido los más afectados y depreciados.

El inversor es harina de otro costal ¡Y de otras latitudes!...El inversor conoce que quiere comprar por el valor que tiene tanto la obra como el autor y por tanto apuesta por piezas de rentabilidad “universal”. El arte es indudablemente un Valor Refugio, pero no todo, por supuesto. Hay un ranking de autores “importantes” y por supuesto una producción limitada por tanto escasa y por ello codiciada y cotizada. Mucho se ha hablado de los famosos inversores chinos. Tiemblo. Se calcula que hay más de 1.000 supermillonarios de aquellos que las películas de James Bond nos presentan como siniestros y sin escrúpulos. De todo habrá, pero piense el lector que entre los chinos, los americanos , los rusos, los indios y fondos de inversión, habrían más compradores que obras ya que siempre su interés se dirige a los mismos autores. Yo particularmente tengo mi propia opinión sobre la realidad de este tipo de operaciones y realmente su objetivo.

El inversor si sabe lo que quiere: rentabilidad a cinco años y esa rentabilidad puede ser incluso del 100% en algunos casos. Muy pocos, pero es posible, aunque claro la inversión también tiene un coste y que normalmente oscila entre los 6 o 7 ceros. Por tanto se reducen las opciones de obras a comprar con el mismo numero potencial de inversores. Obviamente cuanto más valioso es un bien, más probable es que se dé el temido asunto de las falsificaciones, para que nos vamos a engañar…

Finalmente apuntar que el inversor en arte es muy escaso en suelo patrio. El inversor carpetovetónico es “perro viejo”. Sigue prefiriendo inversiones sólidas como el oro, el ladrillo o la restauración, olvidando muchas veces que los dos últimos han sido causa de males y quebrantos en la Piel de Toro en los últimos años, y la inversión en arte necesita su tiempo como en un buen guiso de convento: buscar, seleccionar, verificar, negociar. Algo que el mediterráneo tolera para su mesa pero no para sus dineros.

Finalmente nos encontramos con el coleccionista. Nuestro coleccionista ha nacido pa sufrir. Hay poco coleccionista hoy por hoy en nuestro suelo patrio. Por un lado proviene normalmente del “propietariado” y aspira a ser Inversor, pero en ambos casos con matices. Al Coleccionista Ibero le gusta el arte, profundiza en conocer al autor y su evolución, conoce un poco el mercado pero o no se atreve o no puede acceder a piezas importantes, fundamentalmente por una cuestión económica. Y además es caprichoso.

Volviendo al símil culinario, al coleccionista le gusta el plato por la honradez de producto y los experimentos de la nueva cocina le dan igual, es más los desprecia. Si te gusta el Steak Tartar ¿Para qué experimentar con una Musse de Buey Virgen especiado con hidrógeno balsámico?. Una chorrada, es carísimo, escaso y nada que ver con el que le preparan desde hace años en tal o cual restaurante.

Parece que nuestro coleccionista se conforma. Que sufre en silencio. Espera buenas oportunidades pero desconfía de los agentes del mercado, cosa que no me extraña. El coleccionista es más flexible con sus preferencias, me refiero a que no busca lo mismo que el inversor ya que sabe perfectamente que se enfrenta a la frustración de la Zorra de Esopo, pero el coleccionista está más sólo en su búsqueda, porque por lógica, la pieza que no da beneficios altos, tampoco le interesa al ávido comerciante.

En este sentido la obra gráfica, la estampa o grabado como comúnmente se conoce - ya que “grabado” es sólo una técnica de la obra seriada - se mantiene con fuerza y si me apuran, en pujanza y fiel a su principio. Proporcionar obra asequible de un autor para un público amante del arte que no puede permitirse una obra única original, aunque con la estampa se nos plantean dos cuestiones a considerar: Primero, la obra seriada tiene una cotización muy inestable y finalmente la autenticidad o el fraude.

Ya ven que tanto para el inversor como para el coleccionista, la cuestión no es fácil sí se enfrenta sólo al asunto de coleccionar o invertir en arte. La amenaza de la falsificación y el fraude sobrevuela como un buitre que está y no vemos. La escasez de obra importante la convierte en cara y finalmente el mercado, que desgraciadamente no siempre ofrece las garantías de profesionalidad para que una vez superada la UVI, nos instalen en Planta y nos dejen ir a casa en paz.

¿Quién puede paliar estos males? Sería demasiado fácil la respuesta dedicándome a lo que me dedico, por lo que les propongo que se pregunten ustedes mismos si está en la aventura de invertir o coleccionar arte:¿Qué quiero? más que nada para evitar volverse loco desde el principio; ¿Qué presupuesto tengo? cuestión más que saludable si quiere evitar un divorcio o frustrarse; ¿Quién me puede ayudar a encontrarlo? Y en este punto aconsejo no recurrir únicamente a salas de subasta o galerías ya que lo que el coleccionista o el inversor está buscando es muy posible que otros 10.000 también.

Déjese asesorar, créanme. El Asesor en Arte comprende sus intereses y necesidades, tiene mayor flexibilidad de recursos, es riguroso y objetivo, ya busca una relación profesional y de confianza con su cliente a largo plazo. ¡Y hasta es posible que empalice con su angustia o su nerviosismo!

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