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¿En busca del bien común perdido?

Su Santidad el papa León XIV durante su alocución ante el Congreso de los Diputados.
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Su Santidad el papa León XIV durante su alocución ante el Congreso de los Diputados.

· El muy inteligente discurso del Papa en las Cortes Españolas ha activado en mí un par de ideas sobre nuestra “democracia”

martes 09 de junio de 2026, 08:40h
Actualizado el: 06/09/2026 11:23h

La primera más anecdótica, me hace admirar con envidia lo que podrían ser las intervenciones parlamentarias en ese absoluto lamedal para simples en que se ha convertido nuestro Parlamento. El Papa ha elevado, y muy mucho, el nivel y la categoría de lo que se oye (siempre) en nuestras Cortes. Y con un lenguaje simple y directo.

Para ello el Papa ha entrado en profundidad en temas políticos esenciales, lejos de ocuparse de anécdotas sectarias o de problemas técnico/politiqueros coyunturales. No perdamos de vista que el obispo de Roma ha pronunciado un discurso Político, con P mayúscula, y no un discurso religioso.

Evidentemente lo ha hecho desde su alto rango de Jefe de Estado y desde sus convicciones personales que reflejan, y con altura, las de millones de personas que lo tienen por su líder ético y espiritual. Algunas posiciones puedo compartir, y otras menos, pero todas son respetables, fruto de una fuerte profundidad intelectual y dignas de ser debatidas.

Las que me llamaron la atención fueron las dedicadas al bien común y lo que debe representar para un político. Me volvió a recordar lo olvidada, desvirtuada y finalmente desaparecida (¿masacrada?) que está en el Reino de España la noción de bien común, de la que huyen como de la peste nuestra generación de politicastros. Porque huyen de su obligación más fundamental que es atenderlo, reforzarlo… y protegerlo de sus enemigos externos e internos, parafraseando un juramento a la Constitución americana.

Uniendo la mediocridad ética y competencial de la mayoría de nuestros políticos (idea 1) con la desaparición impune de la obligación de trabajar para el bien común, incluso de la propia noción del bien común español (idea 2) me atraviesa la mente una plausible evidencia: el gravísimo problema actual de España, en términos históricos, es que ha devenido en una sociedad imposible de ser estructurada como un conjunto de ciudadanos unidos, libres, iguales (ontológicamente) y solidarios.

Y sin embargo ese era el espíritu y la intención de la Constitución del 78, una Constitución que, en verdad y de facto, ya no se aplica en sus temas esenciales y existenciales, víctima de retorcimientos arteros y, a veces, ridículos pero inverecundos. Puedo estar equivocado, pero si algo de razón lleva mi idea, si el conjunto de los españoles, es decir España, ya no tiene por bien común una sociedad de ciudadanos libres, iguales y solidarios, o, a lo mejor, ya ni tiene bien común alguno, conviene ser consciente de ello, y tenerlo en cuenta a la hora de ver las decisiones políticas a tomar según merezca la pena recobrarlo o no.

Dicho de otra manera, no basta con “liquidar el sanchismo” sin saber los motivos reales más profundos y destructivos (que desde luego, no son la corrupción, tan habitual como transversal y circunstancial) y sin proponer cómo lograr un retorno a los valores antes citados. La semana que viene podríamos analizar cómo se perdió, o desvirtuó, la noción de bien común constitucional en España.

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