El documento se aprobará formalmente durante el lianghui, las "dos sesiones" anuales de marzo, cuando se reúnen la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva del Pueblo Chino. Pero, de hecho, las decisiones clave ya han sido tomadas por el Partido y su liderazgo, que, a pesar de los recurrentes (hasta ahora) rumores infundados de cambios fantasiosos, está cada vez más en manos del Secretario General Xi Jinping.
Primero, por el complejo contexto internacional, que ve a China enfrascada en un feroz conflicto comercial y político con los Estados Unidos de Donald Trump. Y luego, por el frente interno, donde aún queda mucho por hacer para lograr la "modernización socialista básica", un objetivo fijado para 2035. Como siempre, el enfoque de Pekín combina políticas económicas flexibles con el dogma de la continuidad y la estabilidad, todo con el Partido y Xi en el centro.
Las prioridades son la búsqueda de la autosuficiencia tecnológica y el fortalecimiento del consumo interno, los dos ingredientes necesarios para la visión más amplia: la transformación del modelo de desarrollo, encaminada a reducir la dependencia de las exportaciones y blindar a China frente a las turbulencias externas. En definitiva, garantizar su seguridad y desarrollo. Como ya se ha dicho, la innovación es el engranaje principal de esta visión.
En el plan 2026-2030, la ciencia y la tecnología desempeñan un papel cada vez más central, convirtiéndose en la columna vertebral de la estrategia de modernización. Pekín denomina a la ciencia y la tecnología "soportes estratégicos de un desarrollo de alta calidad", considerándolas la piedra angular a través de la cual el país podrá alcanzar la autosuficiencia, reforzar la competitividad internacional y consolidar su soberanía económica y política en un contexto global percibido como cada vez más hostil. En el comunicado final del Cuarto Pleno se subraya que las oportunidades van ahora firmemente e incluso cada vez más acompañadas de"desafíos", "incertidumbres", "factores imprevisibles" y quizás incluso "tormentas".
Pensamos en las sanciones y restricciones a las cadenas de suministro tecnológicas más avanzadas, aspectos clave del conflicto comercial con Washington, mucho antes de los aranceles. La autosuficiencia se convierte así en un objetivo no solo económico, sino también político: construir una potencia científica y tecnológica para 2035, sentando las bases de un modelo de desarrollo endógeno y resiliente , menos dependiente del exterior y más coherente con las prioridades nacionales.
Durante el XIV Plan Quinquenal, China experimentó un fuerte aumento en el gasto en investigación y desarrollo, que en 2024 superó los 3.6 billones de yuanes, un incremento del 48% en comparación con 2020. El número de patentes y publicaciones científicas aumentó, y el país ascendió al décimo puesto en el ranking mundial de innovación. Sin embargo, según el ministro de Ciencia y Tecnología, Yin Hejun, en la conferencia de prensa de clausura de la sesión plenaria, estos resultados representan solo el punto de partida para un salto cualitativo: el nuevo plan prevé un fortalecimiento radical de la innovación original, con inversiones específicas en tecnologías clave y básicas, desde semiconductores, robótica industrial, biotecnología e inteligencia artificial, hasta comunicaciones cuánticas y fusión nuclear.
El plan prevé el desarrollo de agrupaciones industriales estratégicas en ámbitos como las nuevas energías, los nuevos materiales (como las tierras raras) y lo aeroespacial. Paralelamente, se fomenta el desarrollo proactivo de industrias del futuro, como la tecnología cuántica, la biofabricación, la energía del hidrógeno y la fusión nuclear, las interfaces cerebro-computadora, la inteligencia incorporada y las comunicaciones móviles de sexta generación. "Estos sectores están destinados a un crecimiento explosivo: a lo largo de la próxima década, su valor añadido equivaldrá a la creación de una nueva industria china de alta tecnología, proporcionando una fuente constante de sangre nueva para el desarrollo económico general y de alta calidad", declaró el Comité Central en la clausura del pleno.
El nuevo plan promueve también una profunda vinculación entre investigación, educación y formación de talentos. La modernización del sistema educativo y la mejora de los recursos humanos se convierten en elementos estructurales de la estrategia de innovación: el objetivo es crear un ecosistema de talento científico y técnico capaz de apoyar la investigación de frontera y traducirla en aplicaciones industriales. Este objetivo implica reformas en los mecanismos de evaluación de los investigadores, mayor autonomía para las instituciones académicas e incentivos fiscales para las empresas que inviertan en investigación y desarrollo.
En cuanto a los microchips, el gobierno ya ha reforzado el Fondo Nacional de Circuitos Integrados, aumentado los incentivos fiscales para las empresas del sector y empujado a gigantes como SMIC, Huawei y YMTC a desarrollar capacidades de producción autónomas, aunque costosas. El objetivo declarado para 2026-2030 es construir una cadena de suministro nacional completa, desde el diseño hasta la fabricación y el embalaje, capaz de sostener la demanda nacional y reducir drásticamente la dependencia de las tecnologías occidentales. El éxito en este campo se considera crucial para garantizar la"seguridad digital" y la estabilidad de todo el sistema económico.
También se concede amplio espacio a la biotecnología, vista a la vez como motor de desarrollo económico y como palanca estratégica del poder nacional. Pekín considera el sector biotecnológico uno de los pilares de la autosuficiencia científica, capaz de determinar no solo el bienestar de la población, sino también la competitividad global del país. De hecho, la biotecnología se sitúa en la intersección de la salud, la agricultura, la energía y la seguridad nacional, asumiendo una función transversal y a largo plazo en la estrategia de modernización socialista del partido.
El énfasis en la autonomía tecnológica refleja una estrategia geopolítica precisa. Las sanciones estadounidenses y las restricciones a la exportación de tecnologías avanzadas han empujado a Pekín a reconfigurar sus cadenas de valor, reduciendo su dependencia de los suministros occidentales y potenciando su capacidad de innovación interna. En este marco, la integración de la innovación científica e industrial se considera un multiplicador de la productividad y una herramienta para el desarrollo de lo que el Partido denomina "nuevas fuerzas productivas de calidad".
Este es uno de los conceptos centrales del nuevo plan. Una expresión acuñada directamente por Xi Jinping, que resume la voluntad de redefinir el modelo de desarrollo económico del país, pasando de un crecimiento impulsado por la industria tradicional y la inversión masiva en infraestructuras a un crecimiento basado en la innovación, el conocimiento, la digitalización y la sustentabilidad. Las nuevas fuerzas productivas encarnan así el paso de una"cantidad de desarrollo" a una "calidad de desarrollo".
En la visión del Partido, estas fuerzas no se limitan a la esfera tecnológica en sentido estricto, sino que abarcan un conjunto de nuevos sectores estratégicos, como la inteligencia artificial, capaces de redefinir la estructura industrial y aumentar la competitividad general de China a largo plazo. El objetivo es construir un sistema industrial modernizado capaz de integrar innovación, eficiencia y seguridad, reduciendo la vulnerabilidad a la turbulencia internacional y las dependencias tecnológicas externas. La implementación concreta de esta estrategia se traduce en una serie de reformas y prioridades operativas. Además de fortalecer la investigación básica fomentando sinergias entre universidades, centros de investigación y empresas, el plan quinquenal insta a las principales empresas tecnológicas a formar consorcios de innovación, asumiendo un papel de liderazgo en el desarrollo de tecnologías clave y la construcción de cadenas de valor autónomas.
Se trata de un paso fundamental. Hace cinco años, la gran presión sobre las grandes tecnológicas chinas arreciaba después de que la salida a bolsa récord de Ant Group, la rama fintech de Alibaba de Jack Ma, fuera frenada in extremis. Tras una larga campaña de rectificación, el Partido reclama ahora un nuevo protagonismo para sus gigantes tecnológicas, hasta el punto de que el propio Ma ha vuelto a ocupar un papel destacado en Alibaba. Pero, ojo, no se trata de una vuelta al desarrollo parcialmente desregulado de la pasada década. Si acaso, se trata de una "nueva normalidad" en la que las acciones de las grandes tecnológicas se han reorientado en sectores estratégicos.
Paralelamente, la "China digital" constituye una nueva frontera de transformación. El plan prevé la construcción de un mercado nacional de datos integrado, abierto y seguro, capaz de facilitar la interconexión entre la economía real y la economía digital. La inteligencia artificial se sitúa en el centro de la iniciativa “AI Plus” que pretende extender las aplicaciones de la IA a todos los sectores productivos, desde la industria manufacturera hasta los servicios, pasando por la agricultura y la sanidad". El control de los datos, considerado un recurso estratégico al mismo nivel que la energía o los minerales raros, se convierte así en un pilar de la soberanía tecnológica china.
El aspecto medioambiental es otro elemento cualificador. Las nuevas fuerzas productivas se basan en un modelo de crecimiento verde y sostenible, que hace hincapié en la eficiencia energética, las energías renovables y la reducción de emisiones. La innovación tecnológica se ve así como una herramienta para lograr la neutralidad de carbono y construir lo que Xi ha llamado una "China bella", en la que desarrollo y protección del medio ambiente vayan de la mano.
La innovación es también una herramienta de legitimación política. Para Xi, la capacidad del Partido para impulsar el progreso científico es la prueba del éxito del modelo socialista con características chinas frente al capitalismo occidental. Así pues, la modernización tecnológica no es solamente una cuestión de desarrollo económico, sino el fundamento ideológico de la "modernización a la china". A través de la ciencia y la innovación, China pretende no slo construir una economía avanzada y sostenible, sino también reafirmar su papel de potencia autónoma capaz de dictar las reglas de la nueva era tecnológica mundial.






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