www.elmundofinanciero.com

LO QUE ESPERAMOS DE LOS POLÍTICOS

Verdad, lealtad y grandes horizontes
Ampliar

Verdad, lealtad y grandes horizontes

· Por Enrique Miguel Sánchez Motos, Administrador Civil del Estado

By Enrique Sánchez Motos
lunes 22 de agosto de 2016, 09:07h
La verdad, la lealtad y los grandes horizontes, empiezan a ser y serán, aunque ello pueda parecer hoy una utopía, los tres grandes pilares de la política del siglo XXI. El tradicional juego de tronos político está siendo cuestionado por un electorado cada vez más informado y maduro al cual el sentido común le lleva a optar por políticas de Estado y que detesta cada día más la mera lucha por el poder, percibiendo al político como un profesional poco idealista, la “casta”, centrado en intereses personales. Obviamente, tras los distintos bloques de votos hay enfoques contrapuestos pero en las elecciones generales al votante le importan cada vez más las políticas de Estado. Los independentismos, que son una visión de Estado, son una prueba de ello al igual que la mayor preocupación por la deuda pública o por el futuro de las pensiones o por la unidad de España.



En el siglo XXI los electores valorarán cada vez más la actitud y disposición de los políticos a decir la verdad, a señalar con claridad las decisiones que pretenden tomar, a ser capaces de reconocer los errores. ¿Qué hubiese ocurrido si el 1 de agosto de 2013, cuando Rajoy compareció en sesión extraordinaria ante el Congreso para declarar sobre el caso Bárcenas hubiese dicho?: “Señores y señoras Diputados, España se encuentra en una situación crítica, al borde del rescate y con casi cinco millones de parados. Es necesario que trabajemos juntos por encima de las diferencias. Para ello debemos dejar de lado la demagogia. Cada uno sabe lo que hay o ha habido en el pasado en su Partido en temas económicos u otros. Yo no voy a entrar en ello. Ahora yo comparezco aquí como Presidente del Gobierno y del Partido Popular y debo comenzar dando ejemplo. Por ello reconozco que en mi Partido ha habido contabilidad B y ha habido sobresueldos. Dicho esto no tengo más que decir. Dejo a la decisión de los miembros de esta Cámara la responsabilidad de adoptar la decisión que estimen más oportuna. Buenas tardes.

¿Qué habría hecho la mayoría de la Cámara, en la que por cierto tenía mayoría absoluta el Partido Popular? ¿Se habrían embarcado los Diputados, los agentes sociales y los medios en una dinámica de sacar todos los trapos sucios pasados y presentes: GAL, ERE, cursos de formación, 4%, recoger las nueces, no presentar las cuentas ante el Tribunal de Cuentas, etc, etc?

Probablemente el sentido común hubiese llevado a dejar el tema de lado, aun sin reconocerlo públicamente, y a optar por un nuevo comienzo, por un dejar que fuera la Justicia la que continuara la instrucción de los distintos casos y dictara las sentencias que procedieran. Como no ocurrió así, ahora, tres años más tarde, el tema dará en el próximo otoño grandes quebraderos de cabeza al Presidente Rajoy y a todo el PP, que han optado por mantener que no es verdad lo que parece obvio. Como consecuencia volverán a mostrarse una y otra vez los SMS, documentos y declaraciones de los imputados y el “y tú más” se pondrá en marcha, perjudicando al clima político, a la economía y al empleo. Y encima todo ello por un tema penalmente menor ya que la financiación ilegal de los partidos no ha sido tipificada como delito hasta el 1 de julio de 2015 y los sobresueldos, que no hayan sido declarados a Hacienda, no son delito salvo que la cuantía de la cuota no ingresada supere la cifra de 120.000 euros.

Nuestra democracia habría encontrado en 2013 una oportunidad de punto y aparte si lo que entonces y hoy parecía obvio hubiese sido reconocido ya que pretender que los hechos corruptos o delictivos sólo se encuentran en el PP es no querer ver la realidad.

Ha habido siempre una discusión filosófica sobre lo que es la verdad y sobre si se tiene capacidad para percibir sin error e incluso para saber si existimos o no. Jesus le dijo a Pilatos “He venido para dar testimonio de la verdad”. Pero también es cierto que Pilatos le respondió “Y ¿qué es la verdad?” Sin embargo, el sentido común del ciudadano nos dice que existen verdades innegables tales como la sensación de hambre y el pasar de los días y tantos otros hechos y sensaciones. Y con ese mismo sentido común espera que los políticos den ejemplo, en particular en los grandes temas, y digan la verdad sobre el tipo de sociedad que pretenden construir y sobre todo reconozcan los errores de las actuaciones en que hayan incurrido ellos o su partido. Los ciudadanos tenemos más confianza en alguien capaz de reconocer los hechos que en quien de manera rutinaria pretende negarlos o mirar para otro lado. También gran capacidad para perdonar siempre que haya confesión y arrepentimiento sincero.

Otro gran pilar de los políticos del siglo XXI será la lealtad. Siempre se ha dicho, y en gran medida ha sido cierto, que el que se mueve no sale en la foto y eso ha dado lugar a que la lealtad se interprete como la sumisión a los deseos de quien ostenta el poder. Lamentablemente ese tipo de lealtad es una fuente potencial de corrupción ya que puede venir acompañada de instrucciones tales como “valora así esta expropiación” “adjudícaselo a tal empresa” “nombra a éste que es amigo” “financia este acto del partido” etc. La lealtad del político del siglo XXI debe ser ante todo la lealtad al compromiso contraído de actuar en el marco legal y dentro de los grandes principios del partido, lo cual incluye obviamente el derecho a cuestionarlos y a proponer su modificación, si fuera necesario. Más vale un discrepante leal y comprometido que un militante sumiso que sigue al viento que sopla.

Los medios de comunicación, las redes sociales, multiplican la información y todo ello favorece y favorecerá cada día más la aparición y desaparición de partidos. Piénsese en casos recientes como la aparición de Podemos. O en la desaparición de UPyD, partido que de forma natural debería haberse coaligado o fusionado con Ciudadanos y ser leal a su naturaleza centrista. Sin embargo la cúpula del partido cerró filas ante Rosa Diez, no escuchó el clamor de los militantes y España perdió el buen bagaje de UPyD en logros y estructura.

Hacen falta políticos que sean realmente leales al papel social del Partido hasta el punto de, si necesario, proponer su modificación. Aquellos que no dicen lo que piensan en los grandes temas sino que aguardan a ver que dicen los de arriba, los que son más sumisos al jefe que leales a los ideales del Partido, los que eluden o frenan el ejercicio de la libertad de expresión, no son los políticos leales y comprometidos que la sociedad espera y necesita. La prudencia y el respeto a la jerarquía no son contradictorios con la lealtad a la misión y grandes objetivos que el partido se haya dado. No obstante este tipo de lealtad es, hoy por hoy, bastante difícil de encontrar porque muchas veces se opta por el interés personal.

El tercer pilar de los políticos del siglo XXI será el tener grandes horizontes. Hay que dejar de tener miedo a proponer objetivos aparentemente utópicos. Muchos de los logros de la sociedad actual son fruto de la utopía. Así, la creación o promoción de sistemas de seguridad social, sean públicos o privados, la educación gratuita en diversos niveles, independientemente de que sea pública o mixta, y con cheque escolar o no, las grandes infraestructuras vertebradoras de los territorios, los trasvases de agua, etc. Entre esos grandes horizontes se incluyen las grandes políticas de Estado tales como la afirmación real de la igualdad de los ciudadanos en todos los territorios, la solidaridad nacional e internacional, etc. pero también temas tan concretos como dotar de letra a nuestro himno español y poder cantarlo como hacen el resto de países en las competiciones internacionales y en otros actos señalados. En nuestra España de las Autonomías, resaltar el proyecto de sentirnos ciudadanos del mundo desde nuestra identidad nacional española es uno de los ejemplos de grandes horizontes que deberán proponer los políticos del siglo XXI.

También los grandes horizontes existen a nivel local. Hay muchos temas en los que los políticos prefieren no meterse por considerarlos imposibles de abordar. Se desea hacer de los pueblos y ciudades lugares de convivencia en los que exista seguridad y que por su ambiente y estética sean atractivos para vivir, para la empresa y para el turismo. Sin embargo ¿quién se atreve a proponer medidas para que se suprima el vandalismo de los grafiti y pintadas sin permiso en las paredes privadas o públicas, los campamentos de personas en calles y parques públicos, etc? Todo ello acompañado de medidas sociales adecuadas pero sin renunciar al gran objetivo de crear un clima de convivencia ciudadana.

En suma, los políticos del siglo XXI deben mostrar ejemplaridad personal y un fuerte compromiso con la sociedad. Verdad, lealtad y grandes horizontes son requisitos indispensables.



¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)
Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+
2 comentarios