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ESPAÑOLISMO MAYORITARIO

España tiene un problema con la Generalitat

España tiene un problema con la Generalitat

· Por Enrique Miguel Sánchez Motos, Administrador Civil del Estado

By Enrique Sánchez Motos
sábado 04 de febrero de 2017, 07:53h
La Generalitat quiere, y en gran medida está logrando, que parezca que existe un problema entre España y Cataluña. Sin embargo, España no tiene un problema con los ciudadanos catalanes, esto es con los ciudadanos que habitan en Cataluña, sino con la Generalitat. No obstante es innegable que la situación ha ido cambiando mucho a lo largo de nuestro periodo democrático. En marzo de 1979, se celebraron las primeras elecciones generales en España tras la aprobación de nuestra Constitución. Los resultados en Cataluña dieron al nacionalismo 483.000 votos frente a los 875.000 del PSOE-PSC, 571.000 de la UCD y 513.000 del PSUC-PCE. En la últimas generales del 26-J la situación ha sido muy diferente: el independentismo (ERC + CDC) ha obtenido 1.110.000 votos, el PSOE-PSC 558.000, el centro (PP +Cs) 841.000 y En Común-Podemos, 848.000.

Estos datos muestran que el españolismo era claramente mayoritario en Cataluña en 1979 pues en aquella época hasta la izquierda comunista lo era. Sin embargo en la actualidad el voto independentista es más fuerte que el voto españolista pues si incluimos como tal a PP, Cs y a una parte importante del PSC, también habría presumiblemente que computar como favorable al independentismo a una gran parte de los 848.000 votos de En Común- Podemos.

En Cataluña se ha producido una evolución del voto hacia el independentismo ante la pasividad y falta de visión de los grandes partidos españolistas, PSOE y PP. El generoso enfoque del Estado de las Autonomías de 1978 fue concebido como un marco de convivencia que haría inviable el independentismo. El reparto de competencias que ofreció la Constitución y la posibilidad de trasferencias adicionales a las Autonomías en materias clave fueron muy superiores a las concedidas por los Estatutos aprobados en la República de 1931. Por otra parte, las dos legislaturas de 1982 y 1986 con mayoría absoluta y la de 1989 con 175 diputados, dieron confianza a Felipe González de que podría frenar al independentismo. Tanto así que la legislatura de 1993, en la que sólo obtuvo 159 escaños, optó por buscar apoyo en los nacionalistas catalanes y vascos y no en los comunistas.

A continuación, llegó el turno al PP de Aznar que en 1996 obtuvo 156 escaños y que no tuvo otra alternativa que buscar el apoyo de los nacionalistas, teniendo incluso que entregar a Alejo Vidal Quadras que era considerado por CiU como la bestia negra del españolismo y tragar con la ley de Política Lingüística catalana de 1998.

Las elecciones del 2000 dieron una nueva legislatura a Aznar, esta vez con mayoría absoluta, pero no se adoptaron a acciones para reconducir la deriva separatista que había tomado nuestro marco autonómico.

Zapatero llegó inesperadamente al poder en 2004 tras los atentados del 11-M y agravó más la situación al ir más lejos. Facilitó, primero, la elaboración de un nuevo Estatuto que no era demandado por los ciudadanos catalanes y permitió, después, su aprobación en 2006 por las Cortes. Este nuevo Estatuto de Cataluña incluyó concesiones que posteriormente tuvieron que ser recortadas por la acción del Tribunal Constitucional.

Los nefastos efectos de las dos legislaturas de Zapatero en la política y la economía española dieron lugar a que en 2011 Rajoy obtuviera mayoría absoluta que tampoco supo utilizar para frenar las tendencias separatistas. Cierto es que la economía era su prioridad ineludible pero le faltó visión de conjunto para abordar otros temas como el creciente desacato de la Generalitat catalana.

La situación a que se ha llegado no admite ya más paliativos tanto que el propio PSOE, que mantiene la E en sus siglas, tuvo que enfrentarse a las quimeras que proponía Pedro Sánchez, dando lugar a que este dimitiera y pudiese recuperarse una cierta normalidad después de que España hubiera tenido que estar prácticamente todo 2016 con un Gobierno en funciones.

¿Abrirá esta actitud del PSOE la puerta a un nuevo tipo de relación entre derecha e izquierda que deje atrás la Guerra Civil que terminó hace ya casi 80 años? Ojalá sea así pues ello sería un camino muy adecuado para reconducir los separatismos garantizando la solidaridad constitucional y a la vez el marco de libertades.

Por su parte, parece que el PP empieza ahora a tomar conciencia de que concesiones adicionales a la Generalitat no sirven para nada pero ¿y los demás partidos? Números háganse todos los que sean necesarios y trabájese con datos objetivos y con claro respeto al Estado de Derecho a la productividad y también a la solidaridad. La negociación es un gran camino pero ha llegado el momento de exigir unos gestos mínimos antes de continuar la negociación que no va a llevar a ningún final feliz. La primera exigencia sería que la Generalitat y el Parlament deroguen de inmediato la norma que multa a los comerciantes que rotulan sus establecimientos sólo en castellano pero no multa a los que rotulan sólo en catalán. ¿Cabe pensar que en Escocia o Gales se diese una situación parecida? ¿O en Córcega? ¿O en Sicilia? Lo que hace falta es que el Gobierno y los partidos Constitucionalistas españoles no tengan miedo a establecer esa exigencia. Es de puro sentido común. ¿Quién será el primer partido que lo promueva? ¿El PP, PSOE, Cs, Podemos?

Hay que desandar el camino mal andado en aras de la convivencia. No se puede dejar abandonados a los españolistas catalanes y encima seguir financiando los gastos de la Generalitat en embajadas catalanas y en subvenciones para promocionar el independentismo, el rechazo a lo español y la expansión del independentismo a Valencia, Baleares y territorios limítrofes de Aragón y Francia.

La difícil situación económica que se manifiesta en el desempleo, la deuda pública, el paro juvenil puede magnificarse si España no se enfrenta ya mismo al conflicto que la Generalitat ha venido incubando. Decía Víctor Hugo “No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado” pero también conviene recordar la frase del General MacArthur: “la historia de todas las derrotas en una guerra se resume en dos palabras: demasiado tarde”.

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