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¿PUEDE HABER FIN A LA CORRUPCIÓN?

Política, corrupción y siglo XXI

Política, corrupción y siglo XXI

· Por Enrique Miguel Sánchez Motos, Administrador Civil del Estado

By Enrique Sánchez Motos
viernes 28 de julio de 2017, 18:51h

España es una de las democracias más jóvenes de Europa. En 1975, tras la muerte del dictador Franco, España en un proceso rápido, limpio y amplio de miras se transformó en una democracia. Catorce años más tarde, en 1989, les tocó el turno a los países comunistas de la Europa del Este. La Constitución española asumió uno de los mayores reconocimientos de derechos para los individuos y los territorios. Fue y es una constitución abierta, demasiado abierta se dice hoy, que dejó muchos cabos sueltos que dan lugar a tensiones muy fuertes que dañan la identidad nacional. Los diferentes Gobiernos sufrieron el desgaste de la acción terrorista de ETA, cosa que probablemente no se aceptaría hoy en día, cuyos numerosos actos sangrientos fueron el detonante del golpe de Estado, en el cual afortunadamente no se vertió sangre alguna.

En ese contexto, una nueva España se abrió al siglo XXI, a un tiempo nuevo en el cual se han producido cambios tecnológicos impensables que abren la puerta a un futuro esperanzador: la transparencia de la información (véase Google o Wikipedia), las posibilidades de análisis y aprendizaje (qué no habría hecho Aristóteles hoy con acceso a las redes), la globalización, la aldea global, los cambios que la tecnología ha introducido en el funcionamiento de las antaño casi misteriosas instituciones internacionales que coadyuvan a la paz (ONU, UNESCO, OCDE, FAO, OEA, etc).

Todos esos factores positivos del siglo XXI permitían y permiten hacer realidad la primera parte de la conocida frase de Hegel “lo real es racional” ya que lo primero es conocer la realidad a través de la información de lo que hay y cómo funciona para a continuación poder racionalizar la realidad existente y entender sus porqués.

Ese conocimiento de lo real nos saca de la oscuridad y permite plantearse la búsqueda de respuesta a la segunda parte de la frase de Hegel “lo racional es real”. Es decir, qué es lo que anhelamos, lo que nos llevaría a intentar dar respuesta al eslogan “Otro mundo es posible” es decir, a un ideal realizable, a un mundo en el cual el espíritu fundador de las Naciones Unidas, haga posible un mundo de convivencia, centrado en normas generales que den continuidad y desarrollo a esa gran Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que constituye un paso sólido hacia una Humanidad diferente.

En suma, el siglo XXI abre la puerta a una nueva era que, a diferencia del dogmatismo, la intolerancia y las guerras de religión y de las pseudo-religiones (nazismo y comunismo) de los dos mil años anteriores, se base en la luz de la transparencia y del reconocimiento de los hechos, es decir de la verdad del pasado y presente, como punto de partida para el cambio futuro y para el diseño de un nuevo modelo mundial de libertad y convivencia.

Esa verdad tendrá muchas realidades oscuras y crueles y ante ellas habrá que plantearse si nos queremos centrar en la venganza y el castigo o en construir y mirar hacia el futuro. Ambas cosas, la justicia y el desarrollo futuro, no son incompatibles pero debemos decidir a cuál de ellas pretendemos otorgar más peso, más importancia. La inteligencia de la realidad nos muestra que muchas veces el desarrollo de los hechos más trágicos no tiene un solo culpable sino que es el resultado de un complejo número de circunstancias, intereses, omisiones y acciones.

Cada país tiene sus realidades y en la mayoría de países hay muchas zonas oscuras en la vida política. En el momento actual, en España, una de ellas, con mucha presencia mediática, es la corrupción, a la cual podríamos definir como toda acción u omisión humana que desvía o colabora a desviar fondos públicos hacia fines diferentes de los previstos, o que hace o permite, un uso del poder público orientado a obtener beneficios económicos o políticos, mediante decisiones que no se someten a la ley y al Derecho.

Ante ella cabe preguntarse si el actuar de los partidos políticos es el adecuado a los requerimientos del siglo XXI o si se mantiene en Maquiavelo y Fouché. ¿Buscan los partidos establecer normas claras para evitar la corrupción en el futuro? Esas normas son complejas y requieren un importante trabajo jurídico y técnico para clarificar el actuar correcto sin a la vez establecer tal número de controles que impida la eficiencia de la gestión. Clarificar donde termina la discrecionalidad y donde empieza la arbitrariedad es muy complejo. ¿Quieren los partidos dar prioridad a la búsqueda de soluciones acordadas válidas para el Estado, las Autonomías y los Gobiernos Municipales?

La realidad, miremos en Google, es que hay numerosos casos que afectan a todos o casi todos los partidos y que dejan claro que el motor de la corrupción ha sido la búsqueda, por vías ilegales, de financiación para los gastos de funcionamiento de los partidos y de las campañas electorales. Numerosos e importantes casos han aflorado y se han tramitado o están tramitando ante los tribunales: Caso Brugal (2006); caso Gürtel (2007); Caso Jaume Matas; Caso Bolín; Caso de los EREs; Caso ITV (2012); Caso Millet (2009); Caso Nóos (2010); Caso Bárcenas (2013); Caso del 3%; Tarjetas Black de Caja Madrid(2014); Caso Púnica (2014); Caso Cursos de Formación en Andalucía (2014), etc. etc.

Ante ese fenómeno plural en el que ningún partido reconoce sus propias culpas por acción u omisión, la ciudadanía se siente irritada con la clase política. Es evidente que tomando para cada partido un caso (Gürtel, ERE, Millet, 3%) se puede poner en un brete a cualquiera de sus dirigentes pasados y actuales haciéndoles preguntas como las siguientes: ¿Tenía Ud. información sobre el caso X que afecta a su partido? ¿Ha solicitado Ud. que le hagan un informe sobre el tema? ¿Estaría Ud. dispuesto a solicitar ese informe interno mañana?

No sigamos en el “sostenella y no enmendalla”. Todo problema es una oportunidad y los partidos de hoy tienen la posibilidad de demostrar tanto para la propia España como para los demás países del mundo que son capaces de construir el futuro y eliminar la epidemia de la corrupción. Sin embargo, si los partidos se centran en esperar sacar tajada política en las próximas elecciones puede que se lleven un chasco ya que la corrupción no tuvo ese impacto, véanse los resultados electorales del 20D 2015 y del 26J 2016. Posiblemente pesen mucho más en los ciudadanos las medidas que se tomen en temas realmente más graves, como el independentismo, el empleo o la garantía de las pensiones. Los ciudadanos, cuando un país tiene un determinado nivel de formación y de transparencia informativa, suelen dar un gran ejemplo de mucho sentido común a la clase política. Pensemos en una nueva política para el siglo XXI.

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