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¿EN QUÉ HEMOS TRANSFORMADO LA SEMANA SANTA?

¿Semana Santa o Laica?

¿Semana Santa o Laica?

· Por Luis Sánchez de Movellán

lunes 15 de abril de 2019, 09:40h
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La Semana Mayor es el momento litúrgico más intenso de todo el año. La Semana Santa es una oportunidad para pasar más tiempo con la familia, para bajar la velocidad de crucero de esa desenfrenada carrera a la que nos impulsa el ritmo de vida vertiginoso de nuestros días, darnos tiempo de conocernos y hacer algo para mejorar como personas, olvidarnos un momento de lo que queremos materialmente poseer y pensar en lo que nos hace falta internamente, un momento para reflexionar en lo que podemos dar, en vez de sólo esperar el recibir.


Sin embargo, para muchos católicos, la Semana Santa se ha convertido sólo en una ocasión de diversión, descanso y distracción. Cuando la Semana Santa se acerca, generalmente las imágenes ( y no precisamente religiosas) que nos inundan la mente son escenas de playas soleadas, tumbonas, piscinas, toboganes, jóvenes en bañador, exóticos paisajes, etc. Difícil pensar en poder aprovechar el tiempo para reflexionar sobre lo que hemos hecho mal, como hijos, hermanos, padres y como familia.

La mayoría de las personas –y entre ellas, por cierto, muchos católicos light- le han dado a la Semana Santa un carácter laico -y, con mucha frecuencia, pagano directamente- de diversión desenfrenada, fiestas hasta el amanecer, alcohol a gogó, sexo vertiginoso, relajamiento hedonista...lo que ha hecho de esta temporada una experiencia de estrés y competencia por realizar las mejores reservas hoteleras, encontrar los mejores precios para los más diversos y extravagantes destinos turísticos, y enfrentarse a las abarrotadas carreteras, a las atestadas estaciones de autobuses o trenes o a los colapsados aeropuertos.

Se llama Santa a una Semana, que por la manera como se publicita y se vive, no parece tener mucha relación con el calificativo de santidad. Todo ese ritmo frenético contribuye a que las personas en vez de realmente descansar se alteren más, y se borre de la mente de las personas el verdadero significado de esta época del año.

Puede sonar extraño o casi estrafalario, pero reflexionar es algo a lo que ya no estamos acostumbrados, a nivel personal, familiar, de pareja...Hacer un examen de conciencia quizá ya nos resulte algo difícil; y no sólo presentarlo sino también aprobarlo. El reflexionar no debe quedarse en un ejercicio mental, sino que debe traducirse en acción, que nos permita integrar a nuestro acelerado esquema de vida actual, los momentos de recogimiento y sacrificio que necesitamos para poder valorar nuestra circunstancia. Vivir la Semana Mayor es acompañar a Jesús con nuestra oración, nuestros sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Lo importante de este tiempo no es recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es morir al pecado para resucitar con Cristo el día de Pascua.

La Semana Santa es el momento de realizar con la familia actividades que refuercen valores como la solidaridad, el respeto mutuo, la humildad, la honestidad, y, sobre todo, el amor por la vida. Es el momento de dar un sentido más humano al sano esparcimiento y la recta diversión, y donde lo importante no es el destino turístico, sino el destino al que queremos llevar nuestra vida individual y familiar. Nuestro destino es la Pascua, el paso de la muerte a la vida.

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