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NUEVO EMPERADOR

Vientos de cambio en Japón

Vientos de cambio en Japón
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· Por Sara López Martos, Licenciada en Economía por la Universidad de Barcelona (UB) y Bridgewater College, Virginia (EEUU), Master en Protocolo, Organización de Eventos y Gestión de Congresos y asesora Experta en Organización de Eventos Institucionales, Congresos y Presentaciones Corporativas

domingo 12 de mayo de 2019, 09:45h
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El miércoles 30 de abril tuvo lugar un hecho sin precedentes en Japón: la abdicación del Emperador Akihito dando el relevo a su hijo el príncipe Naruhito de 59 años convirtiéndose así en el 126 º emperador de Japón y en el último emperador de una dinastía que se remonta al siglo VII aC. Se trata de la primera abdicación de Japón desde 1817. La tradición del Sol Naciente establece que con cada nuevo emperador se inicia una nueva etapa. De este modo la abdicación ha supuesto el fin de la era Heisei y a partir del 1 de mayo empieza la era Reiwa (Bella Armonía). Todo el proceso hasta llegar a la abdicación ha supuesto un antes y un después en la historia de Japón que me gustaría tratar a continuación.

El 8 de agosto de 2016 el Emperador Akihito pronunció un discurso de 11 minutos en la televisión pública japonesa en el que manifestaba su deseo de abdicar del trono. Es importante tener en cuenta que la Constitución de Japón establece que la sucesión al trono debe ajustarse a la Ley de la Casa Imperial de 1946 la cual no reconoce la abdicación. El Emperador Akihito ya mostró su deseo de abdicar en el 2015 pero el primer ministro Abe no le dio permiso para que manifestara dicho deseo en la conferencia de prensa que se celebró con motivo de su aniversario en diciembre de 2015. Frustrado su deseo, el Emperador Akihito ordenó en julio de 2016 a la casa imperial que informara a la cadena pública nipona de su deseo de abdicar. De este modo el Emperador consiguió allanar el camino para el discurso que pronunciaría en agosto de ese mismo año donde compartió con el pueblo japonés sus inquietudes respecto a su futuro como Emperador.

En su discurso de agosto el Emperador Akihito planteaba a su pueblo una cuestión clave “¿Qué hacer cuando un emperador es demasiado viejo para servir a su pueblo?” El Emperador lo tenía claro. La Regencia era una opción pero al final él se convertiría en una carga para su pueblo. Así mismo, si continuaba en el trono su muerte provocaría un duelo que duraría meses. Es cierto que el Emperador en ningún momento pronunció la palabra abdicación en su discurso pero sin duda la contemplaba como la opción más viable para así no convertirse en una carga para Japón. El discurso ocasionó la reacción deseada por el Emperador ya que contó con el respaldo de una amplia mayoría de la población. Resultado que no sorprende si tenemos en cuenta el elevado nivel de aprobación de que ha gozado siempre el emperador y la emperatriz.

Dicha decisión ha supuesto un hecho sin precedentes por varias razones. En primer lugar, porque la ley de la Casa Imperial no contempla la figura de la abdicación tal y como he expresado unas líneas más arriba. En segundo lugar, el hecho de aparecer en la televisión manifestando su deseo de abdicar ha sido considerado por muchos como un acto político y si volvemos a tomar como marco de referencia la Constitución nos encontramos con que ésta no permite los actos políticos al Emperador. A raíz del discurso se produjo un debate que finalizó con la presentación de un proyecto de ley de abdicación por parte del primer ministro Shinzo Abe. El proyecto de ley, que se convirtió en ley en junio de 2017, establecía que el emperador Akihito abdicaría el 30 de abril de 2019 cediendo el trono a su hijo Naruhito.

Son muchos los que opinan que el emperador Akihito contribuyó a humanizar la figura del emperador con actos como sus visitas por todo Japón y en especial durante el periodo por el que el país pasaba por una crisis. En 2011 tras el tsunami y el desastre nuclear de Fukushima el emperador hizo una aparición en la televisión para ofrecer su consuelo y esperanza al pueblo nipón. En esta ocasión el emperador acompañado de la emperatriz Michiko, visitaron la zona afectada y no tuvieron ningún problema en arrodillarse para hablar con los afectados rompiendo así el protocolo. El emperador ha visitado numerosos países difíciles de visitar debido al elevado sentimiento antiimperialista como China, Filipinas o incluso Holanda, mostrando su “remordimiento” por lo sucedido durante la guerra. Así mismo, el Emperador ha dejado entrever su disconformidad aunque nunca de forma directa, con determinadas políticas del gobierno de Abe como cuando se acordó la ley del secreto de Estado en la que se limitaba el derecho de los japoneses a saber.

Se espera que la modernización de Japón continúe con el nuevo emperador ya que tiene un perfil más adaptado a los tiempos actuales. Formado en la Universidad de Oxford, habla varios idiomas y ha mostrado una especial sensibilidad frente a cuestiones medioambientales. Así mismo, Naruhito tiene una visión más próxima a las familias reales de Europa. Del mismo modo, ha mostrado públicamente su apoyo a su esposa en los momentos más difíciles para ella y no ha tenido ningún problema en mostrar públicamente cómo se encargaba de su hija. Igualmente, su esposa la princesa Masako también políglota y con un gran bagaje cultural gracias a su formación diplomática, puede convertirse en su principal aliada en la modernización del país siempre y cuando consiga adaptarse a la nueva situación.

A modo de conclusión me gustaría destacar que la sociedad japonesa se enfrenta a numerosos retos. Es importante tener en cuenta que la ley de abdicación muy a pesar del emperador Akihito, sólo es aplicable a su caso con lo que sigue vigente el debate sobre la ley sálica imperante en Japón por la que se prohíbe que pueda subir al trono una mujer. Cuando Naruhito se convierta en emperador su hermano Akishino ocupará el siguiente puesto en la sucesión y su hijo, Hishahito de 13 años, será el siguiente. Luego ya no hay más posibilidad de sucesión de un varón. Dichas situación ha suscitado el debate sobre si las mujeres pueden acceder o no al trono. Este debate, junto al discurso del emperador en agosto de 2016, así como la posterior ley de abdicación aprobada por la Dieta muestra una nueva situación en el Japón actual en la que es posible que el papel del emperador sufra algunas modificaciones. La dirección que tome la figura del emperador durante la nueva era Reiwa está todavía por ver. El tiempo nos dirá si al final Japón experimenta una nueva modernización. Lo que sí está claro es que han llegado vientos de cambio para el trono del crisantemo.

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