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PASIÓN POR EL COLECCIONISMO

A la manera de...

Jorge Llopis
Jorge Llopis

· Por Jorge Llopis Planas, perito Asesor de Arte e Historiador de Arte

martes 08 de octubre de 2019, 08:47h
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Poseer, diferenciarnos, disfrutar con ello y hasta enloquecer. El coleccionismo es todo eso y más. Probablemente esta afición es uno de los más evidentes distintivos socio culturales de la sociedad moderna desde el siglo XVIII.

Desde que el hombre se asienta y dejó de corretear por ahí buscando el sustento, hace ya casi 20.000 años, poseer objetos ha sido un elemento diferenciador. Cuando el ser humano aceptó una trascendencia espiritual que se reflejaba en objetos y amuletos que invocaban a seres superiores y se dedicó a intentar imaginarlos y representarlos, ahí podemos empezar ha hablar de arte.

Los objetos utilitarios (digamos herramientas y enseres del día a día) eran necesarios. Los objetos que identificaban poder o posición en el grupo o comunidad eran meramente decorativos pero igualmente muy necesarios por el simbolismo y distinción que otorgaban al que lo poseía…Ni siquiera los grupos trashumantes que debían viajar ligeros de equipaje ignoraron los objetos que establecían una diferencia en el grupo.

Parece un cuento pero así hemos sido, somos y seremos muy a pesar de aquellos que están en contra de ello ideológicamente por un motivo político o religioso, ya que creen que parte de nuestra desgracia proviene de eso. Pero eso es otra cuestión.

A medida que el ser humano y los grupos sociales evolucionaron, la posesión de los objetos suntuarios también lo hicieron determinando

el status a la manera de los más poderosos o si se prefiere imitando sus gustos.

El coleccionismo ha sido un fenómeno universal y hay quien evolucionó en ello propiciando su mejora (belleza), disfrute y conservación (coleccionismo) y quien se obsesionaba únicamente en acaparar como atributo de su supremacía. A medida que el ser humano y los grupos sociales evolucionaron, la posesión de los objetos suntuarios (arte y objetos decorativos) también lo hicieron determinando la posición social (status) a la manera de los más poderosos o si se prefiere imitando sus gustos. Como resumen reduccionista aquí lo dejamos.

El gran cambio se da cuando las clases medias, ya educadas y siempre atentas también se apuntan a la afición de rodearse de objetos hermosos en una especie de democratización del arte, como diría una de las grandes figuras del pensamiento moderno: Mafalda de Quino. Eso sucederá a mediados del siglo XVIII en la Ilustración, que de democrática tiene poco y mucho de clasista, ya que aunque propone el cambio de la monarquía por la república y la aristocracia por la burguesía, y por tanto todo sigue siendo igual en esa extraña relación del arte y el poder, pero de manera más grosera a partir del principio del que Paga, manda.

De nuevo vuelven a cambiarse las tornas cuando la bonanza económica y social consolida este concepto de sociedad burguesa y ese bienestar desemboca en lo que conocemos desde finales del siglo XIX en la llamada Sociedad de Consumo, en la que ya poseer más y más caro nos distingue a unos de otros. Así surge el movimiento de Arts and Craft en Inglaterra para popularizar y satisfacer los gustos de esa clase pujante, derivando a otros movimientos posteriores como el Art Nouveau, Liberty, Jugenstil, Sezession, Floreale, Modern Style o Modernismo, según los países y para que veamos como esa tendencia fue global.

El arte ha sido la afición coleccionista de referencia evolucionando en técnicas para todos los públicos a partir de la estampa (grabados) y fotografía, pero también la orfebrería y joyería, el mobiliario y la decoración y a la que se han añadido aquellos objetos que nos han sido gratos o tienen un significado sentimental o simplemente nos gustan por el motivo que sea y que deseamos ver, poseer y disfrutar. Hay por tanto colecciones valiosas por su precio y colecciones que únicamente tienen un valor sentimental. No soy nadie para juzgar cual es mejor, pobre de mi…

El Vintage de hoy no es más que el chamarilero, brocanter o almoneda de hace unos años, pero suena más “Chic” y sofisticado

He visto colecciones, probablemente demasiadas de todo tipo y condición y que han provocado en mi una extraña mezcla de admiración por el tesón, ternura por el esmero y mimo, curiosidad por el objeto coleccionado e incluso temor cuando se ha llegado a auténticas obsesiones (hoy llamado frikismo y no se porqué…) por el volumen de la colección o por el coste personal que ha supuesto, desde divorcios hasta la ruina.

Aquí nos encontramos también con una diferencia en el mercado. Por un lado lo llamamos antigüedades, por otro se llama Vintage, eufemismo que empleamos en nuestro absurdo y bien pensante políticamente correcto. El Vintage de hoy no es más que el chamarilero, brocanter o almoneda de hace unos años, pero suena más “Chic” y sofisticado ¿No?. Gracias al Vintage estamos iniciando una Cultura de la Recuperación de lo innecesario y que no lo olvidemos, ya tiramos a la basura o que deshicimos de ello en su momento, y que no me extrañaría en absoluto que si en un futuro siguen existiendo los estudios de Historia del Arte este inicio del siglo XIX se conocerá como la Era del Vintage o Vintagismo y sino al tiempo…

El Vintagismo es en esencia un coleccionismo generacional y sentimental…Los nacidos en los 60’s reconocemos unos objetos como propios y familiares, los de los 70’s otros diferentes. Ambas generaciones, ya han logrado supuestamente un status y una solidez económica, por tanto y parafraseando a mi añorado Joaquín Prat ¡A coleccionar!.

Nuestra sociedad está dando un extraño valor al sentimentalismo por lo diario sabiamente explotado que en muchos casos degenera en un consumismo mitómano

Por otro lado, el Vintagismo no es sinónimo de barato, para nada. Lo Vintage apela a los sentimientos, y las emociones se pagan, a veces de forma ridículamente cara contrariamente a lo que parece o debiera, ya que se tratan de objetos industrializados y recientes, y no artesanos o escasos como las antigüedades.

Nuestra sociedad está dando un extraño valor al sentimentalismo por lo diario sabiamente explotado que en muchos casos degenera en un consumismo mitómano. Objetos a veces sin valor ninguno: Muebles viejos (que no antiguos) ropa usada que en otro momento hubiese acabado en cualquier hospicio, electrodomésticos rotos sin posibilidad de reparación, vajillas incompletas, miscelánea vinculada a una marca (es decir merchadasing puro y duro), juguetes que envidiábamos y otros cachivaches que tienen más que ver con un conflicto emocional mal resuelto asociado a vete tu a saber que obsesiones freudianas que no al valor o calidad de los mismos.

Los medios se han encargado de ello. Los múltiples programas de subastas, cazatesoros, casas de empeño, etc., etc. intentan exportar a nuestros países la cultura norteamericana de un coleccionismo basado en su cultura Pop y tradicional economía consumista ¡Quien nos iba a decir que en Tafalla estuviese una de las mayores colecciones del mundo de vestuario (y ropa interior) de Rafaela Carrá!...

Por tanto, en mayor o menor medida, ya sea caro o valioso, común o singular, de manera selectiva o enfermiza, no nos engañemos: coleccionar, coleccionamos todos.

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