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18 ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

En recuerdo de Gonzalo Fernández de la Mora

El diplomático y filósofo Gonzalo Fernández de la Mora (1924-2002)
El diplomático y filósofo Gonzalo Fernández de la Mora (1924-2002)

· Fernández de la Mora fue un intelectual crítico y riguroso, pero también un político español que buscó la eficacia y la teorización de un Estado mejor

By José Luis Barceló Mezquita
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sábado 29 de febrero de 2020, 08:32h
El pasado 10 de febrero se cumplieron dieciocho años del fallecimento de Gonzalo Fernández de la Mora (Barcelona, 30 de abril de 1924 – Madrid, 10 de febrero de 2002), que muchos autores consideran uno de los mejores intelectuales españoles del siglo XX. Fernández de la Mora fue diplomático y político, pero donde mayormente resaltó su actividad fue en la construcción teórica y filosófica, considerándose uno de los mayores filósofos españoles de la segunda mitad del siglo XX, con obras tan admirables como Del Estado ideal al Estado de razón (1972), La partitocracia (1976), El Estado de obras (1976), La Constitución contemporánea (1980), La envidia igualitaria (1984), Los teóricos izquierdistas de la democracia orgánica (1985) o Los errores del cambio (1986), todas ellas fundamentales para entender la idea de España y el reciente conservadurismo español.

Si hay algo verdaderamente sorprendente en la obra de Fernández de la Mora es la coherencia de toda su trayectoria intelectual, desde el principio hasta el final. Y también su independencia. Cuando consideró que la política nacional no podía ya aportar nada a la patria, se apartó de la actividad política y se dedicó tranquilamente a la construcción ideológica, sustento de toda iniciativa constructiva. Siempre le honraría su firmeza en la defensa de la obra de Francisco Franco, algo que siempre hacía de manera razonada y con sólidos argumentos.

Gonzalo Fernández de la Mora nació en Barcelona el 30 de abril de 1924, comenzando sus estudios de bachillerato en el madrileño Colegio del Pilar, donde también estudió mi padre, primo hermano de Gonzalo. La Guerra Civil le sorprendió en Galicia donde estaba de vacaciones, y allí terminó el bachillerato con los jesuitas del Colegio de Santiago Apóstol. Su padre era coronel del cuerpo jurídico militar y gentilhombre de Alfonso XIII, y su madre, gallega, pertenecía a una familia de honda raigambre monárquica y católica. Entre sus antepasados de la rama asturiana, contó con políticos como Alejandro Mon (jefe del Gobierno y ministro de Hacienda de Isabel II, adscrito al Partido Moderado) y Alejandro Pidal y Mon, líder de la Unión Católica y, entre otros cargos, ministro de Fomento con Cánovas del Castillo.

Estos antecedentes familiares hicieron que Gonzalo sintiera siempre la necesidad de ser persona política, no solo un simple funcionario del Estado, por lo que pronto comenzó a tener inquietures intelectuales que explicaran las cosas que estaban ocurriendo en España y a su alrededor. Gonzalo siempre fue un gran observador, un hombre inquieto intelectualmente, y un gran constructor del mundo de las ideas.

Terminada la guerra y ya establecido de nuevo en Madrid, en 1940 comenzó los estudios de Derecho y de Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. En septiembre de 1943 se licenció en Derecho, con premio extraordinario. Se licenció también en Filosofía pura. Y en 1946 ingresó en la Escuela Diplomática, institución de la que al cabo de unos años terminaría como Director. También sería académico numerario y bibliotecario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y miembro de diversas academias extranjeras: Ginebra, Nueva York, Argentina, Venezuela, Chile, etc. Desde su primera juventud estableció contacto con diferentes personajes del entorno monárquico como José María Pemán, José Ignacio Escobar, Joaquín Calvo Sotelo, Juan José López Ibor, José de Yanguas Messía o Torcuato Luca de Tena. A unos escasos 20 años había publicado ya su primer libro: Paradoja, que fue elogiado por Azorín.

Como diplomático ocupó los destinos de Cónsul de España en Fráncfort (1949), Encargado de Negocios en Bonn (1949–1951) y consejero cultural de la Embajada española en Atenas (1961–1962). Entre 1970 y 1974 fue Ministro de Obras Públicas y en enero de 1974 fue nombrado director de la Escuela Diplomática. La intensa dedicación a su profesión diplomática y política, no le hizo descuidar su vocación más honda y permanente, la intelectual, desarrollada desde una amplia cultura humanística que le hizo interesarse por los problemas filosóficos, sociológicos, históricos y literarios siempre cultivando un estilo elegante, ilustrado y riguroso.

Siendo una de las figuras prominentes del último periodo de Francisco Franco, no tuvo un papel relevante en la Transición, por voluntad propia, ya que poco a poco se fue apartando de la vida política e incliuso llegó a votar en contra de la Constitución de 1978, tan solo de este periodo posterior a 1978 cabe destacar la cofundación, junto a Federico Silva Muñoz del partido Derecha Democrática Española.

La intensidad de su esfuerzo consitió entonces en legar una importante producción intelectual en escritos y artículos, muchos de los cuales se plasmaron en la creación de la revista de pensamiento "Razón Española", que aún hoy continúa editándose, y que es una especie de rompeolas independiente de la intelectualidad e ideario conservador español, no ligada a ningún partido político, y fundada en 1983.

Algunas de sus ideas reflejan la brillantez y limpieza de su ideario, sólidamente construido y que ha sido profusamente abordado por numerosos estudiosos como el filósofo Luis Sanchez de Movellán de la Riva o el historiador Pedro González Cuevas, especialmente en sus libros "Conservadurismo heterodoxo. Tres vías ante las derechas españolas: Maurice Barrès, José Ortega y Gasset y Gonzalo Fernández de la Mora" (Madrid, Biblioteca Nueva, 2009), y "La razón conservadora. Gonzalo Fernández de la Mora, una biografía político-intelectual" (Madrid, Biblioteca Nueva, 2015). Para Fernández de la Mora el objetivo del Estado y del gobierno debe ser el de conseguir un orden equitativo y próspero, y no buscar la plasmación de diferentes acciones ideológicas.

Gonzalo Fernández de la Mora fue un gran anticipador de la política española, y acertó de pleno en algunas de sus predicciones que dejó por escrito en sus libros y artículos. Por ejemplo, su oposición a la Constitución de 1978, al menos en un aspecto que hoy podemos comprobar los problemas que ha generado, de índole gravísima. La Constitución del 78 en su Título VIII hace prácticamente imposible mantener la unidad de España a medio plazo, como vaticinó Fernández de la Mora, ya que establece un hecho sin precedentes en el mundo: un Estado que no reserva ninguna facultad exclusiva para el propio Estado, sino que todas, sin excepción, pueden transferirse a los gobiernos regionales. La Constitución del 78 tiene el dudoso honor de haber creado múltiples naciones en el interior de España sin que haya posibilidad de reforma ni vuelta atrás. La propia Norma General del Estado genera su autodestrucción sin que haya herramientas de corrección. A juicio de Fernández de la Mora. este perverso mecanismo sólo puede detenerse el día en que la Administración Central no tuviera ya nada que ofrecer a cambio de los votos para la investidura del Presidente del Gobierno, momento muy parecido al que hemos llegado, salvo la autorización para la secesión, autorización que naturalmente el gobierno partitocrático concedería a cambio de una última legislatura en el poder. Dicho de otra manera, la legalización de los Reinos de Taifas.

Hace dieciocho años que falleció Fernández de la Mora, algo que parece mentira cuando llemos sus escritos: por desgracia, están aún de plena actualidad para entender la triste realidad política que nos circunda.

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