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LA OMS NO DECLARÓ QUE ERA UNA PANDEMIA HASTA EL 11 DE MARZO

La gestión de la pandemia del coronavirus: distintos modelos y resultados

La gestión de la pandemia del coronavirus: distintos modelos y resultados

  • Por Alexandre Muns, profesor de OBS Business School

lunes 18 de mayo de 2020, 14:19h
El mundo ha superado pandemias peores que la causada por el COVID-19. En 1918-1920, la gripe causó 50 millones de muertos en el mundo. Pereció un millón de personas debido a la gripe asiática de 1957-1958, cuyo brote inicial también fue en China. La llamada gripe de Hong Kong de 1968-1969 tuvo su origen en China, cobrándose la vida de un millón de personas. Durante la segunda parte de la crisis financiera de 2007 a 2010, el mundo tuvo que lidiar con el virus H1N1. Entre abril de 2009 y abril de 2010, en EE. UU. el virus H1N1 infectó a 60 millones de personas, provocó la hospitalización de otras 274.304 y fallecieron 12.469.

La respuesta a la pandemia del coronavirus ha sido distinta a las que se ejecutaron en las anteriores debido a distintos motivos. En primer lugar, el COVID-19 es más contagioso, lo pueden transmitir personas que no muestran síntomas y la tasa de mortalidad es más alta respecto a otras gripes. Otra diferencia entre la pandemia actual y las de SARS (2003) y H1N1 (2009-2010) es el gran peso comercial, industrial y turístico de China en la actualidad. Su contribución al PIB mundial ha ascendido del 4 % en 2003 (SARS) al 9,3 % en 2010 (H1N1) y al 19 % en 2019. China es la primera potencia exportadora (13 %) y segunda importadora (11 %) mundial y parte sustancial de las cadenas de producción globales.

La lucha contra el COVID-19 se debería haber librado a nivel internacional, mediante instituciones como el G20, que podría financiar los tratamientos y vacunas más prometedoras.

Pero la actuación de China y la OMS han impedido dicha cooperación multinacional. La OMS ignoró las advertencias de Taiwán el pasado diciembre sobre el nuevo virus. El liderazgo chino inicialmente silenció a los médicos que hicieron sonar la alarma sobre el brote en Wuhan. Beijing rechazó la asistencia de otros países y la OMS aceptó la tesis de China de que el COVID19 no se propagaba entre personas hasta el 20 de enero.

La OMS no declaró que el coronavirus era una pandemia hasta el 11 de marzo, cuando ya habían muerto 4291 personas, 118.000 estaban infectadas y el COVID-19 se había extendido a OBSbusiness.school Partners académicos: 114 países. Cuando el partido comunista de China ordenó la mayor cuarentena de la historia para los 11 millones de habitantes de Wuhan no prohibió que dichas personas viajaran al extranjero, lo que provocó que la enfermedad llegara a Italia, España y EE. UU.

No se puede negar que la cuarentena total de Wuhan y restricciones al movimiento de la mitad de la población de China permitieron que en dos meses y medio Beijing consiguiera reducir a prácticamente cero los nuevos casos. Singapur y Hong Kong tienen poblaciones pequeñas, pero controlaron rápidamente el COVID-19, en parte porque tienen regímenes autoritarios y también porque tenían más experiencia con las anteriores pandemias gripales.

Corea del Sur es una democracia y logró neutralizar la pandemia con un despliegue rápido e impresionante de unidades móviles que permiten a los conductores hacerse la prueba. El estereotipo de que las poblaciones asiáticas son más disciplinadas tiene algo de verdad. Los países occidentales –Reino Unido y Suecia– que inicialmente decidieron no imponer restricciones duras tuvieron que cambiar de estrategia ante el ascenso exponencial de casos.

En Italia y España los ciudadanos acataron los estados de emergencia más duros fuera de China de manera estoica. La alta densidad de población en España e Italia agravó la situación.

Las multas, restricciones severas y el profesionalismo del personal sanitario funcionaron. El programa de reapertura del gobierno español es necesario y sensato. Permite la vuelta al trabajo exigiendo altos niveles de higiene y el uso de máscaras y guantes. Italia también ultima un plan para reemprender la actividad. El gobernador de Lombardía propone reabrir la economía siguiendo el lema de las 4 «D»: distancia de un metro entre personas, dispositivos (uso obligatorio de mascarilla), digitalización (teletrabajo si es posible) y diagnóstico (pruebas serológicas).

El gobierno federal de EE. UU. ha decretado un ambicioso plan de reapertura en tres fases que otorga flexibilidad a los distintos estados. Para entrar en la primera fase se exige un descenso sostenido durante dos semanas de nuevas infecciones. Permite abrir a cines, restaurantes, lugares de culto y estadios. Se accede a la segunda fase si se evitan rebrotes durante la primera, en cuyo caso el estado puede autorizar viajes no esenciales y retomar el curso escolar. En la tercera no se aplicarían restricciones al número de personal en las empresas si se mantiene un nivel alto de higiene y el distanciamiento social de dos metros. El presidente Trump evidentemente es partidario de la reapertura de la economía porque se presenta a la reelección en noviembre. Aunque inicialmente Trump desestimó la gravedad del COVID-19, su OBSbusiness.school Partners académicos: prohibición de entrada en los EE. UU. a personas procedentes de China y de la zona Schengen ha salvado vidas.

Otros países y la UE también han parado la entrada de viajeros. En general, los países que pusieron en práctica las restricciones más rápidamente (China, Italia, España, EE. UU.) son los que han frenado la curva y cuyos nuevos casos de infección disminuyen sustancialmente. La gestión de la pandemia y la reapertura gradual también varía según las competencias de los niveles administrativos de cada país. En EE. UU. los gobernadores tienen la última palabra en materia de educación.

Los analistas coinciden en los elementos necesarios para superar la pandemia. Es imprescindible realizar pruebas a un porcentaje suficiente de la población, mantener la
cuarentena para las personas infectadas y en los grupos de riesgo, condicionar la vuelta a la actividad al empleo de guantes y mascarillas y financiar los tratamientos y vacunas más prometedoras. Los antivirales remdesivir y favirapir, la hidroxicloroquina con azitromicina y el inhibidor de la proteasa lopinavir alivian los síntomas en pacientes e incluso los curan. Un estudio realizado por el profesor Yitzhak ben Israel de la Universidad de Tel Aviv con datos de nueve países llega a la conclusión que el COVID-19 tiene una evolución fija y pierde potencia después de ocho semanas, independientemente de las cuarentenas. Las autoridades debían tomar medidas. Pero ahora deben tener en cuenta que la paralización de la actividad económica está destruyendo decenas de millones de empleos, genera pobreza y muchos problemas de salud física y mental.

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