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LA VERDAD PPOR DELANTE

Nos tememos lo peor
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Nos tememos lo peor

· Por Enrique Calvet

lunes 22 de junio de 2020, 08:19h
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Algunos, admitámoslo, aún compartiendo en el fondo la convicción de Houellebecq de que nada de lo esencial cambiaría por, ni tras, la pandemia, albergábamos en secreto la esperanza de que este tsunami sanitario/social, debido a la situación diferencialmente disparatada y extravagante (en la UE) de la política española, serviría de catarsis para que la ciudadanía se parara a pensar, reaccionara y recobrara algo de sentido común y de valores democráticos.

Con la verdad por delante, nos tenemos lo peor. Y no nos referimos a los hechos objetivos que han empeorado, como, por ejemplo, que salimos menos libres y más desiguales, o que en Alsasua ya no se estudiará en español, o que salimos más fragmentados y menos solidarios que nunca, o, el colmo de los colmos, que salimos con un proceso constituyente clandestino, entre muchos otros horrores democráticos. Eso, que es comprobable, podía ser hasta esperable visto los dislates y la situación destructiva de los Partidos de Gobierno que ya hemos citado. Pero no es lo peor. Lo peor sería, o será, que saliésemos de esta crisis durísima más idiotas, frívolos y sumisos que nunca. Y ésa es más la teoría de Bernard Henri-Levy que la de Houellebecq. Por supuesto, apelamos a la ley de los grandes números hablando en general y respetamos las excepciones que deseamos abundantes.

De esto último no hay evidencias factuales como de lo anterior, sólo indicios que nos parecen alarmantes: encuestas (y no sólo la del CIS, sino todas), comportamientos sociales, por un lado, que radiografiarían el nivel de capacidad crítica, de preocupación y de reacción de la ciudadanía. Por otro lado, degradación de los medios, audiovisuales o no, subnivel de los discursos parlamentarios, campañas sociales teledirigidas, …todo ello de rebote delataría la situación de la mayoría anímica e intelectual de la sociedad a la que hay que vender sus productos o su pedagogía. Si contábamos con que el paréntesis vital doloroso nos hubiera servido de revulsivo para aprender muchas cosas, desenmascarar otras y separar el grano de la paja para nuestro futuro, parece que las señales que llegan van en sentido contrario. Lo que se corroboraría con la absoluta falta de reacción ante lo intolerable.

De aquesto no hay certeza, pero la habrá inevitablemente. Lo sabremos cuando haya un cambio de Gobierno o cuando haya elecciones generales. Y lo sabremos de dos maneras muy observables: primero por cuando se dé una y otra cosa, o las dos, que será medición de cuánto tiempo estamos dispuestos a aguantar una situación a-democrática; y segundo por cómo quede conformado el Gobierno o el Parlamento. Así que recordemos por última vez que nos jugamos nuestro futuro y el de nuestros descendientes como ciudadanos libres, iguales, unidos, solidarios y demócratas en lo que hayamos aprendido y madurado durante el trágico tsunami sanitario.

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