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PEKÍN MARCA EL RUMBO

China contra todos
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China contra todos

· Por Santiago Castillo, periodista y director de www.asianortheast.com

martes 28 de julio de 2020, 16:17h
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Cuando todavía el coronavirus anda sin control y rebrotando, condicionando la vida de las personas y la economía mundial, China anda con sus retos políticos que van desde la guerra comercial con EEUU pasando por los litigios en los mares de China Meridional y Oriental, la crisis de Hong Kong, Taiwán, la región de Xinjian, India, África, sus relaciones con la Unión Europea, la guerra tecnológica o la propia guerra del espionaje, además de la polémica sobre el origen de la pandemia, hacen que Pekín esté librando una batalla contra todos que incluye a gran parte de la comunidad internacional.

La República Popular China no está dispuesta a recibir lecciones ni consejos de nadie cuando se trata de asuntos exclusivamente internos. China con su modelo económico lo inunda todo, además tiene el poder de control sobre la deuda de medio mundo, en especial de EEUU, y no se ha cansado de repetir el éxito de cómo ha vencido al coronavirus pese al férreo control que ha ejercido dentro del país sin dar opciones a críticas hacia el gobierno en su metodología por derrotar la pandemia incluso silenciando cualquier voz discrepante.

Los inversores no pasan por alto que China es el mayor tenedor soberano de deuda pública estadounidense y de muchos más países, lo que le da un gran poder para seguir actuando de forma unilateral en sus enfrentamientos con países que le cuestionan asuntos como los de Hong Kong con la nueva “ley de Seguridad” así como los continuados deseos de hacerse con Taiwán, entre otros, pero la realidad es que la República Popular China es la mayor fábrica del mundo, pues llega a facturar casi 80.000 dólares al segundo, y cuando se resfría su economía el resto del mundo sufre sus consecuencias con enormes altibajos en los mercados bursátiles.

Nos guste o no, China está ahí para quedarse. El Fondo Monetario Internacional señalaba en sus últimas previsiones que en 2024 la economía china representará el 24,1 por ciento del PIB mundial y la de EEUU, el 13,9 por ciento.

Es obvio que el futuro que viene no será igual. El coronavirus lo está cambiando todo y afecta a este mundo global de una forma directa, dado que ya no es sólo una crisis sanitaria, lo es también económica que está obligando a cambiar las reglas de juego para afrontar las crisis globales, donde también el cambio climático y la pandemia no conocen fronteras con graves consecuencias mientras la pérdida de la biodiversidad se hace patente a nivel mundial por el dañino virus. El futuro es incierto, el presente es estresante, pero veremos qué ocurre cuando aparezca la auténtica vacuna, el único medio para “calmarnos”.

Pero tanto los litigios en el mar de China Meridional y en el mar de China Oriental han supuesto también inestabilidad y oposición de países que reclaman su soberanía en las aguas de esas islas, y la comunidad internacional ha pedido a China que no lleve a lleve a cabo la construcción de islas artificiales en la zona para militarizarlas a continuación.

De hecho, EEUU ha enviado dos buques militares al mar de China Meridional, cuyas aguas son objeto de disputa entre China y sus países vecinos, en medio de las tensiones regionales, mientras Pekín ha reclamado que no permitirá inmiscuirse en sus asuntos internos a cualquier país y ha alertado del creciente riesgo a un “incidente naval” con Estados Unidos en la región de Asia-Pacífico. Por ahora, el USS Nimitz y el USS Ronald Reagan continuarán con sus ejercicios conjuntos en el mar de China Meridional.

Y una de las últimas tensiones políticas ha sido el cierre del consulado chino en Houston (Texas, EEUU) en una nueva decisión de Donald Trump, que sigue acusando a China de interceptar las investigaciones sobre la vacuna de la COVID-19. Washington argumenta que diplomáticos de Pekín espían a laboratorios que trabajan en la vacuna, mientras la autoridades chinas no sólo lo niegan sino que consideran este cierre como una de las acciones más agresivas que Estados Unidos ha tomado desde que estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1979.

China contra todos (II): las relaciones con África

Madrid. África también se ha convertido en otro problema para China. Tras casi dos décadas de créditos baratos y muy diversificados, el “gigante asiático” ha superado ya al Banco Mundial (BM) como el mayor “prestamista” individual para África. Pekín y el Banco de Desarrollo de China prestaron más de 152.000 millones de dólares a los países africanos entre 2000 y 2018, según un informe del instituto CARI (Iniciativa de Investigación China-África, por sus siglas en inglés) y, según el BM, China representa el 17 por ciento de la deuda africana.

La siempre estable relación de África con China se ha visto dañada por la pandemia de coronavirus, una tensión no habitual en un continente donde la influencia china es cada vez mayor en detrimento de la tradicional hegemonía de Estados Unidos y Europa. Pero la crisis sanitaria ha obligado al continente africano a pensar en cómo destinar recursos a la protección de la salud de sus ciudadanos y a la vez minimizar el impacto económico de confinamientos para contener la expansión de la COVID-19.

Según el BM, las economías de África subsahariana se contraerán este año un 5,1 por ciento, una caída que pone a la región a las puertas de su primera recesión en un cuarto de siglo. “En África, buscamos la ayuda de los países desarrollados, incluida China”, señaló Abiy Ahmed, Premio Nobel de la Paz de 2019 y primer ministro de Etiopía. No obstante, el presidente chino, Xi Jinping, dijo en el marco del FOCAC (Foro de Cooperación China-África), que China cancelará la deuda de países africanos relevantes en forma de préstamos gubernamentales sin intereses que vencen a fines de 2020, aunque no precisó qué países.

También ha aumentado la preocupación de cómo crece la exportación africana de madera a China. Distintos informes revelan que África exporta el 75 por ciento de su madera al “gigante asiático” y señalan que empezó por Madagascar, Estado insular con una rica biodiversidad y hogar de toda la población mundial de lemures, pero cuando agotó las reservas, siguió la tala por Gambia, Benín, Costa de Marfil, Ghana y Nigeria.

Haïdar El Ali, uno de los ecologistas más influyentes de África occidental, exministro de Medio Ambiente de Senegal y actual director de la Agencia de la Reforestación de su país, ya pidió a China que prohibiera la importación de madera de los países sahelianos (el norte de Senegal, el sur de Mauritania, Malí, el norte de Burkina Faso, el extremo sur de Argelia, Níger, norte de Nigeria, franja central de Chad y de Sudán, Eritrea y parte norte de Etiopía), dado que, ha destacado El Ali, “no tenemos bosques, tenemos el desierto en el norte que se nos viene encima”, en una declaraciones que efectúo a la agencia EFE.

Por ahora, la esperanza está en que el continente africano, además de recibir más de 80 millones de mascarillas chinas, así como 30 millones de test de detención y unos 10.000 ventiladores para combatir la pandemia, sea, como se ha comprometido el presidente chino cuando esté la vacuna contra la enfermedad, “el primero en beneficiarse”.

La tensión con el continente africano vino también en abril cuando empezaron a difundirse en redes sociales vídeos de ciudadanos africanos maltratados en China, que luchaba para controlar el brote de coronavirus, pero las imágenes habían sido tomadas en realidad en la “Pequeña África”, la ciudad sureña de Guangzhou, donde viven miles de inmigrantes africanos que las autoridades identificaron como fuente de numerosos casos importados.

Todo ello provocó que la población china temiera entonces que estuvieran infectados todos los africanos en la ciudad, donde cundió el resentimiento y la desconfianza. Luego se vieron otras imágenes que mostraban a africanos en la calle tras ser desalojados de casas y hoteles por miedo al virus. En suma, para los africanos era todo “racismo en China”, una situación que originó protestas y desconfianza.

Pero China ha ejercido también su influencia en América Latina, con el envío de mascarillas, donaciones de equipos médicos, entre otras partidas para combatir la COVID-19, y en poco tiempo, la potencia asiática ha pasado de ser el origen y centro de la pandemia a resaltar sus éxitos y ofrecer la ayuda a terceros, que contrasta con las quejas del presidente de EEUU, Donald Trump, que considera esta presencia de China en África y países latinoamericanos como una nueva colonización china, pero tanto en Bolivia, como Ecuador, Argentina, Venezuela o Chile el apoyo chino fue bien recibido. Y nadie duda que América Latina sigue siendo una importante prioridad para China, con miles de millones de dólares de préstamos.

China contra todos (y III): EEUU, Hong Kong, India y la UE

El asunto de Hong Kong ha ido demasiado lejos con la nueva la Ley de Seguridad Nacional de la isla y ha originado protestas de gran parte de la comunidad internacional, dentro de una confrontación entre China y EEUU que va desde Europa al Sudeste Asiático, y en medio de todo tipo de intereses comerciales, militares y diplomáticos. Además el presidente Donald Trump ha decidido acabar con el trato económico y comercial especial que su Gobierno daba a Hong Kong, una ley por la que Trump impondrá nuevas sanciones a China por haber “extinguido la libertad” de esa ciudad semiautónoma.

Trump ha decidido poner fin al trato preferencial de Estados Unidos hacia Hong Kong y “ahora les trataremos igual que a la China continental”. “No tendrán privilegios especiales, no tendrán un trato económico especial ni podrán exportarnos tecnologías delicadas. Además, ya saben que hemos puesto aranceles masivos a China”, recordó, insinuando que esas tasas se aplicarán también a los productos procedentes de Hong Kong. La guerra comercial y la inestabilidad están servidas.

Pero también ambas potencias se han visto salpicadas en lo relacionado con la internacional china de Huawei y el desarrollo de las redes 5G, una desconfianza ante la tecnología china que ha supuesto que el Reino Unido haya decidido que en 2021 impondrá a los operadores de telecomunicaciones requisitos para que no puedan adquirir tecnología 5G de Huawei a fin de garantizar la seguridad.

La desconfianza occidental por el uso que Pekín puede hacer de su creciente fortaleza tecnológica ha llevado a varios países a rechazar aplicaciones para móviles de origen chino, tal como ha ocurrido con India, que ha vetado la actividad en su territorio de 60 aplicaciones programadas en el “gigante asiático”, entre ellas TikTok, con 600 millones de usuarios en el país, por temor a que sean utilizadas con fines de espionaje.

Pero es que China e India estuvieron en mayo pasado al borde de una guerra con el enfrentamiento entre tropas indias y chinas en el lago Pangong Tso, situado a 4.270 metros sobre el nivel del mar en la región de Ladakh. Una tensión militar, con militares fallecidos, que llegó a Naku La, en la frontera entre China y el estado nororiental de la India de Sikkim.

China tiene como mejor aliado a Pakistán, rival de la India y a la vez aliado de EEUU, y donde se está llevando a cabo la construcción del Corredor Económico China-Pakistán, un proyecto de infraestructuras con el que Pekín busca obtener una puerta al mar Arábigo mediante una inversión de 60.000 millones de dólares. Intereses múltiples con connotaciones económicas importantes.

La Unión Europea (UE) ha acusado a China de no haber hecho los progresos esperados para limitar las barreras en el acceso a su mercado, algo que afecta fuertemente a Europa en tanto que es el primer inversor extranjero y primer socio comercial del país. La UE ha reprochado la Ley de Seguridad Nacional impuesta en Hong Kong para acallar con penas de cárcel actos de secesionismo, subversión y terrorismo.

De hecho, la UE reforzará el control sobre las exportaciones de tecnologías “específicas y sensibles” a Hong Kong como parte de su respuesta a la nueva Ley de Seguridad china que impone cadena perpetua para casos de “secesión” o “subversión contra el poder estatal” en Hong Kong.

La propia evolución de Hong Kong es motivo de preocupación para la UE, que entiende que la propuesta de Ley de Seguridad Nacional de Pekín pone en peligro la autonomía de ese territorio. La antigua potencia colonial, el Reino Unido, rechaza lo que considera restricciones de libertades, hasta el punto de que Londres ha anunciado que concederá permisos de residencia y nacionalidad británica a los habitantes de la excolonia que cumplan los requisitos para ello. China ha replicado que tomará represalias contra los británicos.

De esta forma, la nueva guerra fría entre EEUU y China se ve favorecida por las nuevas tensiones de los países. Por una parte, Washington se está volviendo cada vez más agresiva contra Pekín y tratando de que otras naciones rechacen a la multinacional china de Huawei, además de apoyar de forma directa a todos los que tienes litigios con el “gigante asiático” en el mar de China Meridional. Eso sí, la nueva guerra fría entre China y EEUU no se parece en nada a lo que sí fue una auténtica guerra fría entre la antigua URSS y Estados Unidos y es obvio que China no es ninguna amenaza ideológica para Washington.

Una actitud estadounidense muy vehemente que irá en aumento dado el año electoral para la reelección de Donald Trump en la Presidencia de EEUU. De hecho, Trump ha convertido a China en un importante asunto de campaña de cara a las elecciones de noviembre, aunque para otros expertos en caso de ganar el demócrata Joe Biden la relación bilateral sufrirá grandes cambios. Pero la enorme presión que hace la Estados Unidos de Trump a China por su represión en Hong Kong o sobre el encarcelamiento masivo de musulmanes uigures, habría que ver qué haría Biden en la Casa Blanca, teniendo en cuenta que los asuntos económicos entre los dos países necesitan que vuelvan a la normalidad para liquidar la guerra comercial que inició Donald Trump.

Las tensiones entre los dos países suben a diario, pues cuando no es Xinjiang son otros asuntos como la acusación de EEUU de actos de espionaje y de robos de información continuos por parte de China que representan la mayor amenaza a largo plazo para el futuro de Estados Unidos, según la Oficina Federal de Investigaciones estadounidense (FBI), pero Trump va a remover en su año electoral todo para lograr adeptos a su reelección. Pero en el fondo de todo subyace lo que mantienen los dos países en la guerra comercial de hace más de dos años, así como la guerra tecnológica o sobre el origen del coronavirus, y la lucha por mantener la hegemonía mundial que mantienen ambas potencias económicas.

En cuanto a Taiwán, EEUU también ha tenido roces con China, dado que Washington se opone a la vieja aspiración de la República Popular China de la reunificación con la isla, la cual sigue protegida por Estados Unidos, y en más de una ocasión Pekín ha manifestado sus amenazas de una intervención militar si Taipéi no acepta unirse como región autónoma, lo que por ahora las autoridades taiwanesas se niegan a aceptar el ultimátum chino. La victoria electoral de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha reforzados su posición independentista rechazando el modelo hongkonés, “Un país, dos sistemas”.

También hay roces con Australia, cuyo Gobierno fue uno de los primeros que exigió la puesta en marcha de una investigación internacional sobre la gestión del coronavirus de la ciudad china de Wuhan, lo que molestó a Pekín y amenazó con represalias y sin olvidar que China es el principal socio comercial de Australia y fuente de un tercio de los turistas y estudiantes extranjeros que recibe.

Canadá también denunció Ley de Seguridad Nacional en Hong Kong, que unido al problema para liberar a la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, en libertad bajo fianza, acusada por Washington de fraude bancario para evadir las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos contra Irán, a cambio de la puesta en puesta en libertad de dos canadienses detenidos en China, forman otros de los distintos retos que el gigante asiático mantiene con parte de la comunidad internacional. Pero Hong Kong y su Ley de Seguridad han hecho mella a China ante la oposición de gran parte de la comunidad mundial.

En suma, pese a que la economía china parece estar superando el batacazo de la pandemia de la COVID-19 tras registrar en el segundo trimestre del año un crecimiento superior al esperado por los analistas, con un avance del 3,2 por ciento, el hecho es que las turbulencias entre los dos países se agravarán a lo largo del presente año y más si no hay una globalización homogénea y diálogos más efectivos para afrontar una enorme crisis financiera y ayudar a los países más frágiles. El coronavirus lo ha cambiado todo y la política tiene que ser global para enfrentarse al mayor desafío económico desde la Segunda Guerra Mundial.

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