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LAS GRANDES DECISIONES GLOBALES SE TOMAN HOY EN MOSCÚ O PEKÍN

José E. Mosquera
José E. Mosquera

Las nuevas rutas de la seda: presente y futuro del mundo

· Por José E. Mosquera (@j15mosquera)

By José E. Mosquera
sábado 23 de enero de 2021, 09:29h
Hace un año la editorial Crítica de Barcelona (España), publicó Las nuevas Rutas de la Seda: Presente y futuro del mundo del historiador británico Peter Frankopan, un libro con un enfoque novedoso y riguroso en el cual el autor plasma un análisis histórico sobre el presente y el futuro del mundo, y especialmente sobre el ascenso imperial de China. Frankopan con rigor y acervo histórico de un experimentado académico, sustenta que lo que está experimentando actualmente el mundo con el ascenso de las potencias asiáticas: China, India y Rusia es una reversión a las hegemonías que tenían antes del ascenso de las potencias europeas como resultado del surgimiento de la revolución industrial y la expansión del colonialismo.

Señala en el libro que actualmente en el mundo las decisiones trascendentales no se toman en París, Londres, Berlín o Roma, como sucedía hace un siglo, sino en Pekín y Moscú, en Teherán y Riad, en Nueva Delhi e Islamabad, en Kabul y en las zonas de Afganistán controladas por las talibanes, en Ankara, Damasco y Jerusalén.

Es un libro que ayuda al lector a comprender las complejidades de la política imperial de China que busca el control de la hegemonía mundial, pero con una política que no está basada en imponer su modelo de Estado sobre los principios del socialismo chino al resto del mundo. Es una política imperial de dominación sustentada en la economía de mercado capitalista y basada en préstamos, acuerdos de cooperación para controlar el comercio y los principales sectores estratégicos de las economías de los países, pero sin imposiciones políticas y sin involucrarse en los problemas internos de los países.

Una política imperial diferente a la que aplica Estados Unidos y las potencias europeas y, por supuesto, diferente a la que aplicó la antigua Unión Soviética. Por ese cambio en los paradigmas imperiales, China es la única potencia que tiene con las rutas de la seda, el más grande y ambicioso proyecto de dominación del comercio y las economías de los principales países de cinco continentes.

Su expansionismo económico y comercial radica que son el mayor exportador de bienes manufacturados del mundo, más de la mitad son máquinas y de las cuales un 25,6% son de alta tecnología. China fabrica una cuarta parte de los bienes manufacturados del mundo. Frankopan, dice, que en el pasado del mundo fue moldeado por lo que pasaba a lo largo de las rutas de la Seda y en este siglo viviremos lo mismo en un mundo dominado por China. Sustenta su tesis en que China con las rutas de la Seda va a consolidar su ascenso como superpotencia global, integrando mediante préstamos, políticas de cooperación, acuerdos comerciales, redes ferroviarias, rutas marítimas, puertos, zonas industriales y tecnológicas, el comercio y la economía china con el comercio y las economías del resto de países de Asia con Europa.

Igualmente bajo esos mismos parámetros busca dominar el comercio y las economías de los países de África, Oceanía y América Latina. En América Latina y el Caribe la ruta de la seda busca unir redes ferroviarias transoceánicas con las infraestructuras portuarias y sus áreas industriales entre los mercados de la Gran Cuenca del Caribe con los de la Cuenca del Pacífico. Y también tiene planes estratégicos para desarrollar la ruta de la seda por el Ártico con el fin de reducir las travesías del transporte entre los principales puertos europeos y los puertos del norte de China, que actualmente es de 48 días a través de los canales de Suez y Panamá a 20 días a través de la ruta marítima del noroeste del Ártico que une el océano Pacífico y el Atlántico, bordeando las costas rusas.

Son más de 80 países de los cinco continentes que se han unido a las rutas de la seda, países que representan más de 4.000 mil millones de habitantes, el 63% de la población mundial y un 40% del PIB global. En conclusión: las nuevas rutas de la seda de China constituye una parte de su política económica y exterior y la forma como se preparan los chinos para dominar el mundo.

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