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EN EL TEATRO REINA VICTORIA (MADRID)

Trigo sucio: ¿poca broma?

Trigo sucio: ¿poca broma?
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· Por Mariano Velasco

“Si todas las mujeres del mundo que han sido acosadas o agredidas sexualmente escribieran Yo También [Me Too]…. podríamos dar una idea de la magnitud del problema”. Fue la actriz Alyssa Milano quien publicó el emblemático tuit que dio origen al movimiento #MeToo en todo el mundo tras el estallido del caso Harvey Weinstein, el productor de cine condenado por abuso sexual que hizo temblar los cimientos de la industria de Hollywood y removió conciencias sociales. David Mamet, quien forma parte de esta industria y que tiene a sus espaldas una larga carrera tanto cinematográfica como teatral, aposto por hacer de esta terrible historia una comedia, que es lo que es este Trigo Sucio que ahora se representa en el Teatro Reina Victoria de Madrid.

La actriz Eva Isanta.
La actriz Eva Isanta.

Y para refrescar el caso y sus consecuencias, no está de más recordar alguna otra frase más, tremenda, pronunciada por Jessica Mann, una de las actrices que fueron víctimas de este ser tan depravado: “Una violación no es solo un momento de penetración... Es para siempre”.

La obra fue estrenada en Londres dirigida por el propio Mamet, y tuvo a John Malkovich como protagonista. En esta versión española de Bernabé Rico dirigida por Juan Carlos Rubio, el papel principal recae sobre un brillante Nancho Novo, muy bien acompañado por Eva Isanta, Candela Serrat y Fernando Ramallo.

¿Una comedia? Según el propio Mamet, “una comedia no es más que una tragedia rotada 90 grados”. Y puede que tenga razón, pero también está claro que con este giro teatral tan rotundo que se nos propone es fácil que el espectador se quede descolocado y no sepa si reír o indignarse, efecto a todas luces intencionado el que quiere buscar y logra encontrar esta versión de Trigo sucio.

Y de esta apuesta es de la que surgen los mayores aciertos y también las mayores dudas que genera la obra en el espectador, al ponernos delante - gracias al excelente trabajo de Nancho Novo - a un tipo casi hasta simpático, el típico vividor graciosillo al que fácilmente le reiríamos las gracias si no entramos a conocerlo en profundidad, pero que en el fondo sabemos que es un ser despreciable al que solo le interesan el sexo, el dinero y el poder. Poca broma.

Cierto es que en algún que otro momento la obra se recrea demasiado en sus propias contradicciones, como al plantear un sorprendente e inesperado giro final un tanto desconcertante, y algún que otro impreciso momento de desdoblamiento de planos escénicos que no acaban de quedar del todo claros.

Con todo, lo que al final nos queda de Trigo sucio es que esa misma contradicción que el espectador experimenta en sus propias carnes durante la representación es fácilmente trasladable a la vida real. Y al propio caso que nos ocupa. Porque la complicidad y, en consecuencia, el silencio ante situaciones de este tipo de quienes las conocen, no las denuncia y no mueven un dedo por impedirlas, el aceptar determinados comportamientos que vemos y que en el fondo sabemos que son del todo inaceptables, es lo que hace que otros “casos Weinstein” sean demasiado habituales.

Si lo que pretendía Trigo sucio, con sus imperfecciones, sus riesgos y sus dudas, era remover conciencias y colocarnos ante una situación incómoda, a buen seguro que lo consigue. Y bravo por ello. Porque al final lo que verdaderamente importa es poner sobre la mesa esta cruda realidad, sea en forma de tragedia, de comedia o, simplemente, con un tuit en el que [email protected] gritemos #MeToo.

Trigo Sucio

Teatro Reina Victoria

Autor: David Mamet
Dirección: Juan Carlos Rubio
Versión: Bernabé Rico

Reparto: Nancho Novo, Eva Isanta, Candela Serrat, Fernando Ramallo

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