Natalia Gironella, doctora en Ciencias de la Información y máster en Comportamiento no verbal, y Sofía de la Maza, doctora en Ciencias Económicas y máster en Inteligencia Emocional y Comunicación no verbal, exponen en su nuevo libro Anatomía de la Comunicación (Plataforma editorial) las claves para entender el patrón genético de comunicación de cada uno y los recursos para la identificación y adaptación a los diferentes patrones de las personas con las que se interactúa.
Para ello, en el libro llevan a cabo un recorrido histórico sobre la evolución del cerebro durante las diferentes etapas, desde la Prehistoria hasta la actualidad. El cerebro ha ido evolucionando durante millones de años, adaptándose a los cambios en su ambiente que iba experimentando. A partir de esto, las autoras han llegado a varias conclusiones que despejan las incógnitas de por qué la comunicación es unas veces efectiva, y otras no, y las han plasmado en situaciones cotidianas, haciéndolas así más sencillas de identificar.
Es importante conocer el estilo comunicativo que mejor se adapta a cada uno y saber identificar el de los demás, para así entenderlos y mejorar las relaciones con otras personas en todos los ámbitos de la manera más efectiva posible. Es imprescindible ser consciente del impacto que tiene la forma de uno mismo de acercarse a los demás, porque esto permitirá ajustar su propio estilo a las necesidades de cada situación y de cada persona. Es aquí donde entra en juego la "empatía táctica", que consiste en comprender las emociones y el estado de ánimo que producen estas en el otro en un contexto determinado y, sobre todo, escuchar lo que está detrás.
El autoconocimiento es una competencia básica de la inteligencia emocional. Hay infinidad de estudios, como recoge Daniel Goleman en sus libros, que demuestran que "el cociente intelectual sólo predice en torno al 20% de nuestro éxito; en el 80% restante se encuentra la inteligencia emocional."
"Los genes predisponen nuestro comportamiento, pero no lo determinan." Como señala José Antonio Marina (filósofo y escritor español), la conducta es el resultado de la interacción continua entre un temperamento recibido en los genes, un carácter aprendido por la modulación del ambiente, y una personalidad elegida. El temperamento se mantiene más o menos estable a lo largo de la vida, y la personalidad representa el proyecto de vida de uno mismo, la forma de enfrentarse a las situaciones, y el conjunto de valores que guían su comportamiento.
Hay diferentes motivadores de la conducta, como son el nivel de introversión-extraversión, la velocidad de reacción emocional o el tramo de cerebro preferente en el comportamiento.
Los aspectos clave que permiten identificar el temperamento de las personas para llegar a entenderlas se encuentran en la comunicación no verbal; en sus gestos, en su forma de actuar en diferentes circunstancias y ante las normas, en la forma de trabajar, de comer, de conducir, conocer qué cosas le motivan, a qué le gusta dedicarse… La mayoría de personas no tiene control sobre ello. Sin embargo, “Nuestro cerebro tiene la capacidad de modificarse con nuestra forma de actuar; si sabemos qué queremos cambiar, podemos hacerlo”, concluyen las autoras.