Anna Downarowicz, PhD Credit Risk Expert de SIAG Consulting.
REVISAR LOS ESTÁNDARES DE LIQUIDEZ DEL ACUERDO DE BASILEA III
Por Anna Downarowicz, PhD Credit Risk Expert de SIAG Consulting
Martes 21 de octubre de 2014
Sorprende que el Comité de Basilea cuyo principal mandato es velar por la estabilidad del sistema financiero, por un lado establezca los requerimientos comunes de liquidez para evitar las crisis futuras y, casi de inmediato, los modifique incluyendo entre los HQLA los instrumentos que han demostrado históricamente de carecer de liquidez en momentos de tensión en los mercados.
El Comité de Basilea acaba de revisar la definición de los estándares de liquidez del Acuerdo Basilea III que fueron establecidos, junto con los más estrictos requerimientos de capital, con el fin de asegurar una mejor liquidez de los bancos, evitar las crisis de liquidez como la que experimentaron los mercados en los últimos años y garantizar la estabilidad del sistema financiero.
En Basilea III, entre otras medidas, el regulador requería a los bancos mantener un adecuado ratio de cobertura de liquidez (LCR) y disponer de un nivel suficiente de activos de superior calidad crediticia y altamente líquidos para poder hacer frente a periodos de estrés a corto plazo (30 días) e inesperados problemas de financiación, retiradas de depósitos o líneas de crédito. En la versión original de la regulación, entre los Activos Líquidos de Alta Calidad (HQLA, por sus siglas en inglés) en el cálculo de LCR se incluía principalmente el efectivo y la deuda soberana. Ya incluir la deuda de Estado entre los HQLA podía ser discutible, recordando recientes dificultades de liquidez de la deuda griega o de otros países periféricos, pero el último cambio en la definición del LCR que incluye los instrumentos de titulización garantizados por las hipotecas residenciales (RMBS), es aún más polémico.
Lo que más sorprende de esta propuesta es que el propio Comité de Basilea define los HQLA como aquellos que pueden ser convertidos en efectivo de manera fácil e inmediata en mercados privados. Y sin embargo, ahora, incluye entre los mismos a los activos estructurados garantizados por hipotecas “mortgage-backed securities” (MBS), los mismos, cuya liquidez durante la crisis financiera se vio seriamente afectada. El propio Banco Central Europeo sitúa este tipo de instrumentos en la categoría más baja de liquidez de todos los activos elegibles como colateral válido en las operaciones de la política monetaria. Sorprende, por ello, que el Comité de Basilea cuyo principal mandato es velar por la estabilidad del sistema financiero, por un lado establezca los requerimientos comunes de liquidez para evitar las crisis futuras y, casi de inmediato, los modifique incluyendo entre los HQLA los instrumentos que han demostrado históricamente de carecer de liquidez en momentos de tensión en los mercados.
Mientras, es sensata la decisión de posponer la fecha de entrada en vigor de los nuevos requerimientos hasta el año 2019 para dejar a los bancos cuatro años más para su plena implantación, junto con la flexibilidad en la aplicación de LCR en los países con sistemas bancarios en estrés, la inclusión de instrumentos estructurados entre los HQLA para garantizar el nivel de liquidez adecuado, es altamente discutible. Precisamente, la introducción de requerimientos de liquidez apropiados era la principal mejora de Basilea III en comparación con Basilea II.
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