Cultura: el Jardín de Atenea

Jorge Luis Borges en Madrid

· Por J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial

Lunes 21 de julio de 2025
En la Puerta del Sol de Madrid, en el número 11, vivió el escritor argentino Jorge Luis Borges, en la entonces llamada “Pensión Americana”. Como reza la placa romboidal que lo recuerda, allí escribió sus primeros poemas ultraístas a principios de los años veinte del siglo pasado. Borges fue uno de los escritores más reverenciados del mundo de las letras. En su obra, planteó la multiplicidad del tiempo y del espacio, así como la presencia de un lector activo y protagonista del texto. Escribió cuentos, ensayos y poemas que han pasado a formar parte esencial de la literatura moderna, pues son textos que permiten una constante reflexión y que jamás pasarán de moda.

Madrid quedará en el recuerdo por haber sido el primer foro de pensamiento del joven nacido en el barrio de Palermo de Buenos Aires, que ya por entonces apuntaba maneras. El mágico enclave central de la capital de España fue el espacio en el que Jorge Luis Borges descubrió —y permitió a otros descubrir— su inigualable talante entusiasta por las innovaciones literarias que lo llevarían al éxito en Argentina unos años después.

Así lo recordó el escritor Rafael Cansinos-Assens, por entonces su maestro y mentor: “Borges era un adolescente cuando compareció ante nuestro círculo del Colonial de Madrid, transformado entonces en laboratorio de las nuevas formas estéticas de los ismos literarios (creacionismo, dadaísmo, que se fusionaron en ese ultraísmo mucho más abierto), que sumergían en las angustias de la elección a los jóvenes poetas, atraídos a su clan por las sirenas del ya viejo arte. Borges optó por lo nuevo, adoptó el ultraísmo y, al regresar a su Argentina, llevó la nueva actitud estética, la definió y la comunicó a otros jóvenes poetas. Gradualmente, en el curso de los años, él creó esta obra que todos admiramos, enorme y delicada”.

Estoy seguro de que gran parte de la obra de Borges tiene mucho que ver con Madrid, que, como a muchos otros escritores, lo maravilló por completo en su juventud y marcó su magnífica y fulgurante carrera literaria, que tuvo su punto culminante con la obtención del Premio Cervantes en abril de 1980. En el paraninfo de la Universidad de Alcalá afirmó: “Yo ahora me siento más que justificado; me llega este premio, que lleva el nombre, el máximo nombre de Miguel de Cervantes, y recuerdo la primera vez que leí el Quijote, allá por los años 1908 o 1907”.

Esta breve introducción me sirve para contar algo que ocurrió hace poco y que, en mi opinión, merece hacerse público. Recibí noticias de un convenio entre Perú y la ciudad de Madrid para colocar un monumento al escritor Garcilaso de la Vega en el Parque del Retiro, lo cual se materializó en octubre de 2021 en un acto entrañable.

Me interesé por esa iniciativa y creí oportuno sondear la posibilidad de replicarla, con el fin de que el escritor Jorge Luis Borges tuviera una presencia más destacada en algún espacio público de la capital de España. Me fijé como objetivo el año 2024, cuando se cumplían 125 años del nacimiento de Borges.

Debo decir que las autoridades del Ayuntamiento de Madrid se mostraron receptivas con la idea —un paso trascendental—; incluso les pareció muy buena. Hay vestigios en la ciudad que honran a argentinos universales como José de San Martín, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón y Eva Perón, entre otros. Y Madrid, además, mantiene una especial sensibilidad hacia todos los países de Hispanoamérica.

Sin embargo, me topé con un obstáculo inesperado: la falta total de interés por parte del embajador de Argentina en España, Ricardo Alfonsín, hijo del expresidente Raúl Alfonsín. Más tarde me explicaron que su nombramiento fue fruto de un extraño pacto entre el peronismo y el radicalismo, aunque, según me dijeron, desde su propio espacio político muchos lo consideraban —siendo suaves— un traidor.

El proyecto, evidentemente, no salió adelante. Al peronismo le gusta poco Borges y, en este caso, el nivel de compromiso intelectual era muy justito. Me pareció una pena, pero en la vida también hay que saber aceptar los fracasos y aprender de ellos.

Al margen de estos hechos que hoy comparto, sigo pensando —más convencido que nunca— que Borges merece ocupar un lugar de honor en la ciudad de Madrid. Es uno de los argentinos más universales, un puente entre las dos orillas del Atlántico, un faro literario que iluminó el siglo XX con su imaginación desbordante, su erudición sin límites y su profundo amor por la lengua española. Ojalá pronto pueda repararse esa ausencia y Borges reciba en Madrid el homenaje que, sin duda, le corresponde. En 2026 se cumplirán cuarenta años de su fallecimiento: quizá sea esa la ocasión propicia para saldar esta deuda simbólica con uno de los grandes escritores de la historia contemporánea.