Desde Artelibro, editorial profundamente comprometida con la memoria cultural de Madrid, queremos rendir tributo a Matute con la publicación de Los universos de Ana María Matute, un libro que verá la luz en otoño y que abordará con rigor y emoción los múltiples mundos de la escritora: la infancia, la guerra, la censura, la depresión, la fábula, el bosque... y también —como no podía ser de otra forma— el Madrid que formó parte esencial de su biografía emocional. Un Madrid que fue ciudad de paso, ciudad de dolor y ciudad de gloria.
Ana María Matute nació en Barcelona, pero durante su infancia se trasladaba cada seis meses con su familia entre la capital catalana y Madrid. Ese ir y venir constante entre dos ciudades le generó un desarraigo profundo: “En Madrid éramos los catalanes, y en Barcelona, los madrileños”, solía recordar con mezcla de ironía y nostalgia. En el número 25 —hoy 45— de la calle José Abascal, en el distrito de Chamberí, vivió durante años. En esa casa nació la “ciudad de los armarios”, ese universo secreto y mágico al que alude en Paraíso inhabitado, donde los abrigos viejos cobraban vida, donde la imaginación infantil podía refugiarse del mundo de los adultos. Aquel cuarto oscuro fue su primer laboratorio de creación. Por eso, desde aquí, propongo que el Ayuntamiento de Madrid impulse la colocación de una placa conmemorativa en ese inmueble. Sería un acto de justicia poética para quien tanto hizo por la literatura española.
También en Madrid nació su hijo, Juan Pablo, el gran amor de su vida. Pero la ciudad no fue entonces un lugar amable. En plena posguerra, sin derechos civiles por el hecho de ser mujer, Matute tuvo que sostener económicamente su hogar escribiendo cuentos bajo presión, mientras su marido —el también escritor Ramón Eugenio de Goicoechea— dilapidaba sus recursos. Fue aquí donde decidió separarse, en un gesto de enorme valentía para la época, a pesar del escándalo social que eso suponía. Salió de Madrid rota, pero entera. Con la dignidad intacta y la literatura como tabla de salvación.
El reencuentro con la capital tuvo lugar muchos años después. Fue un regreso triunfal. En 1998, Ana María Matute ingresó en la Real Academia Española como miembro del sillón “K”, convirtiéndose en la tercera mujer en formar parte de esta institución tras Carmen Conde y Elena Quiroga. La culminación llegó en 2010, cuando recibió el Premio Cervantes, el galardón más prestigioso de las letras hispánicas. La ceremonia tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.
Unos años después, el 28 de enero de 2013, Ana María Matute volvió a dejar huella en la ciudad al asistir emocionada a la inauguración de la Biblioteca Pública Ana María Matute, en el distrito de Carabanchel. Allí, rodeada de niños y de libros, pronunció una frase elocuente: “De no haber sido escritora, habría sido bibliotecaria. Me importan más los libros que muchas personas”. Hoy, esa biblioteca no solo lleva su nombre: es un centro cultural vivo, dinámico, motor de transformación urbana y social en un distrito que aspira a convertirse en nuevo referente cultural de Madrid, gracias al proyecto Distrito 11, impulsado por el concejal Carlos Izquierdo, al estilo de barrios europeos como Montmartre en París, el Chiado de Lisboa o el londinense Soho.
Madrid no fue la ciudad natal de Ana María Matute, pero sí fue una ciudad crucial en su existencia. Fue el escenario de su infancia errante, de su maternidad, de sus batallas personales y profesionales, de sus triunfos públicos. Aquí vivió, sufrió, escribió, fue reconocida y aplaudida. Aquí se celebró su palabra. Y aquí, en sus calles y sus bibliotecas, su recuerdo será eterno.