Análisis y Opinión

Despedida

· Todo tiene cara y cruz, y así cuando te echan de un lugar dependiendo de quien sea quien quiere deshacerse de ti, esto sin más ya puede decir mucho en tu favor. Yo lo llamo “la despedida que enaltece”

Julio Bonmati | Domingo 12 de octubre de 2025
También es cierto que a la inversa suele de vez en cuando funcionar igualmente el silogismo, y por tanto la patada en el culo por sí misma puede ser muy expresiva y no requerir mayor explicación. Vamos que con ella otros acertadamente pueden interpretar que no vales ni para tomar por donde te la han dado. Siempre he considerado que frecuentemente cuando no quieren que te vayas, salvo si el único vínculo es el cariño y el sincero afecto, con una alta probabilidad suele ser por pragmatismo, es decir por lo del tonto útil, básicamente por aquello de más vale malo conocido que bueno por conocer. Esto último es muy aplicable a un altísimo porcentaje de las personas que ostentan algún cargo, en especial el de presidente de algo.

Despedirme y despedirte ¡Qué gran diferencia! Oír de otro “te acompaño y me despido” en sí mismo para ambos crea ya un vacío, al enunciarlo se anticipa la ausencia, en ese momento el inminente acontecer de la inevitable separación une. En cambio escuchar “te acompaño y te despido”, con independencia de edulcorarlo con el añadido de otra expresión, en cualquier caso al menos para uno de los dos parece siempre implicar en mayor o en menor medida una añorada liberación.

Despedirse es un acto social propio de los hombres, de los animales no se sabe que en estas lides de momento nos imiten. Cuantas veces no se ha oído aquello de ¡Fulano se te va a hurtadillas el gato por el hueco de la ventana! Y acompañarse como respuesta ¡Me da igual, él sabrá, déjalo, si el bicho quiere ya volverá! Aquí cada uno por sí mismo que juzgue quien es más animal.

De hecho, no hay ninguna cultura que tal costumbre de una u otra forma no la cultive y practique, aunque no toda despedida requiere hacerse con un adiós o expresión equivalente según el idioma utilizado. Los quechuas presumen mucho de ser la única cultura que no tiene una palabra en su idioma equivalente a nuestro “adiós” o al “goodby” del inglés, ellos en su lugar usan la breve palabra “tupananchiskama” que significa “hasta que la vida nos vuelva a encontrar”; claro, que para no ver aquí una definitiva despedida para siempre, a mayores si uno de los dos está en fase terminal, hace falta ser muy “quechua”.

También la despedida tiene su arte, para hacerlo bien y con donaire se requiere elegancia y estilo, no vale utilizar cualquier fórmula, ni vale la misma en todo momento y lugar ¡Qué importante es saber despedirse!

Está la despedida puntual y contradictoria de los “Jimmy el rápido” que al abrir la puerta para irse ya anuncia su inmediato regreso y reencuentro, por no conceder para ello lapso alguno de tiempo, valga como ejemplo los manidos, “vuelvo ahora” o “ahora vuelvo”. Tanto monta, monta tanto.

Tenemos la irónica e indefinida “nos vemos luego” cuando ni siquiera sabes si te vas a volver a ver, pues la extensión temporal que puede llegar a tener ese “luego” en alguna zona del planeta famosa por su indolencia da para alcanzar la jubilación de cualquiera de ambos.

Es muy satisfactoria la despedida liberatoria dicha mediante la expresión de un sarcástico e insincero deseo “qué te vaya bonito”, acompañada en el pensamiento con un malsonante “pedazo de cabrón”.

Relaja y proporciona descanso la hecha con desdén, “ahí te quedas, ánimo”, que perfectamente también admite aliñarla mentalmente aunque en este caso con un, en cierto modo por producir cierta pena, considerado “pringadillo”.

Destaca la silenciosa, comúnmente conocida como “a la francesa” y que su origen tiene causa en un gesto de buena educación, cultivado en la Francia del siglo XVIII donde la alta sociedad se retiraba de los eventos sin despedirse para no interrumpir las charlas y conversaciones de los anfitriones o del resto de los invitados.

Esta última, con su silente forma, más de una vez actualmente si se llevara a término sería muy de agradecer. Cuántos en una reunión dicen, “bueno, yo ya me voy” y ciertamente siendo muy bueno y de agradecer que por fin sean exacta y precisamente ellos los primeros que se deciden de una vez a hacerlo, luego tardan una eternidad en llevarlo a término y entre el dicho y el hecho te colocan un inaguantable trecho en forma de insoportable despedida, y ya, por aquello de que todo es susceptible de empeorar, se ganan el título de “majadero cum laude” si hacen con su anuncio que los demás estando cómodamente sentados se tengan por educación que poner de pie, como desatinado colofón al retraso en el deseado final del desplacer de su compañía.

De todas las despedidas quizá la más llamativa y curiosa es la no expresada de forma literal, la camuflada, disfrazada o disimulada, aunque se presta a sospecha, es por ejemplo la del no fumador que con voz alta y clara anuncia “me voy a comprar tabaco” y ya no se vuelve a saber nunca más de esa persona, sencillamente desaparece. Alguien pensará que es cruel, pero yo creo que no lo es del todo mientras no cree una vana esperanza en el destinatario como sería, por parte de un vegano, por ejemplo, “me voy a comprar jamón ¿Quieres que te traiga algo?”

No siempre te despides de otra persona, a veces lo haces de un lugar, en este caso para que al hacerlo te invada la tristeza o el desasosiego, respecto de ese sitio del que te alejas, se requiere que te invada una de estas tres sensaciones de abandono y falta: dejarte algo por hacer; dejar a su suerte alguien a quien quieres; o dejar allí una ilusionante esperanza.

Dado que por muchas razones no es ni será nunca posible que tales circunstancias cohabiten, que por ello pocos alguna vez van a sentir la emoción que provoca oírla y que igual tampoco está mal del todo que te la pierdas, creo que la despedida más conmovedora que se puede recibir porque alguien motu proprio generosamente te la quiere ofrecer, es la que con voz serena y sin lágrimas te dice: “Tengo que irme querido amigo, nunca volveremos a vernos y por eso quiero que sepas que en la total y desastrosa vida que hasta ahora no he podido librarme de tener, tú has sido la única anomalía”. Si hay alguien que ya la ha recibido que sepa que en su vida por lo menos por una vez ha alcanzado un pleno triunfo ¡Enhorabuena!

Y no, no se me ha olvidado el presuntuoso “hasta luego, Lucas”, simplemente como despedida, por implicar un firme compromiso, prefiero utilizar un sincero, sencillo y concreto “hasta el próximo domingo”.