Lo más probable en más de una época de la existencia y durante un tiempo es que en la puñetera representación en la que te encuentras inmerso, ni siquiera seas, aunque te niegues a aceptarlo, un actor secundario, quedándote en simple figurante silencioso y sin capacidad de movimiento haciendo bulto al fondo de unescenario donde se representa una obra en la que nadie te ha dado puntual cuenta en verdad de qué va, dado lo poco que interesa que lo sepas.
Y de resultas de ello sin posibilidad alguna de descargo o alegación en tu favor, quedas obligado a someterte en tu colocación a la imposición de un malencarado director de reparto, al que le trae sin cuidado para lo que pudieras estar especialmente preparado.En virtud de tu triste apariencia exterior y dos simples inmediatos personales datos solo les vales para ser uno más en la fila de los porteadores de las películas de “Tarzán”, y tu máxima esperanza alcanza a no ser precisamente el que se despeña de cabeza por el barranco, y se la pega chocando con el suelo, detrás del inútil fardo que sin chichonera cargaba en la cabeza.
A mayores nos marcan falsamente los tópicos, y lo peor es lo mucho que llegamos a esforzarnos, dejándonos en ello el resuello, para hacerlos ciertos y acercarlos lo máximo posible a nuestra, por diversa y múltiple,potencial e indeterminada realidad. Olvidando por completo, dado lo variopinta que puede llegar a ser, nuestra inextricable personalidad.
Un psicólogo alterminar la carrera y abrir clínica,para facilitarse la tarea y ser original en diagnosticar, se compró un libro de recetas de cocina. Con puntual rigurosidad se dedicó durante muchos años a asociar un plato de comida a cada uno de sus pacientes en la ficha que de cada uno de ellos puntillosamente hacía, hasta que revisando las carpetas se dio cuenta un día que podía sin mayor problema dejar de seguir haciendo tanardua tarea, dado lo poco para lo que al final servía, pues a partir del décimo tercero de ellos en todos los historiales había puesto “plato combinado”.
Volviendo a lo alejados de la realidad que por simplones y reduccionistas habitualmente están los tópicos,antes de ser ajusticiado al amanecer, como deseo para emplear la última noche de su vida de un francés con pedigrí, siquiere no defraudar, se espera que pidaque quiere pasarla toda ella deleitándose con su querida; en cambio para cumplir con las expectativas a un italiano de pata negra se le supone que solicitará en primer lugar estar unashoras haciendo un generoso gasto de energía con su amante para cuando falten las tres últimas, antes de abandonar este mundo y poder irse con la barriga llena, emplearlas en disfrutar de una opípara comida de pasta casera con su mujer e hijos.
Porlamismaregla,ymásdesdequetodosestamosenlaUniónEuropea,enunordenado y cumplidor marido alemán, que antepone el bien general al suyo propio, a nadie extraña, e incluso esesperable, que una vez viudo en el entierro de su infiel esposa, olvidando su papel de cornudo se acerque y abrace al entristecido y llorón amante griego de la finada y muy serio, para paliar el profundo dolor del sureño, le ofrezca en virtud de la ley de segunda oportunidad otra alternativa más, anunciándole que antes de dos meses tomara de nuevo como mujer otra guapa joven.
Aunque se espera que siempre funcione aquello de “el que la hace la paga”, a veces no queda otra y se tiene que abonar la cuenta de los platos rotos sin haber hecho nada, y en tal ocasión de poco te vale hacerte el oblicuo; y de estas al ser ineludible, tras pringar, más vale aprender a no volver a dejarte ver en donde con anterioridad no te han llamado ni invitado, que será en aquellos lugares donde se desarrollen cualquiera de los oficios o profesiones en los que no se milita activamente y se carece de experiencia.
Nuestra gran complejidad, esa que dimana de nuestra poliédrica personalidad, es la que propicia que en todos nosotros realmente resida el libre albedrío, ese que solo se puede ejecutar desde el inconformismo, una rebeldía imprescindible para avanzar y que se puede estirar tanto cuanto se quiera para, sin abandonar el estilo y la educación, ser original o cuanto menos distinto del que sería un habitual comportamiento, y por tanto siempre esperado, en la inmensa mayoría de los demás en cualquier ocasión y lugar sin excepción.
No se debe dejar, para que sin resistencia nos invadan, la puerta abierta a los tópicos, y con mayor motivo debemos intentar diferenciarnos y alejarnos de los estereotipos, incluso al vernos obligados a llevar a término tareas más bien incómodas para el común de los mortales, no para los psicópatas, como puede ser la de tener que menoscabar los resultados alcanzados por quien está bajo nuestra responsabilidad, pues a poco que se tenga alguna empatía no dejará de ser siempre visto como un semejante, y por tanto también como un ser vulnerable. Y ya se sabe que no respetar la vulnerabilidad es propio de cobardes.
Aesterespectosiempre recordaré al jefe que, para recriminar los fallos a sus empleados, buscando separarse de representaciones mentales simplificadasy para no caer en los hipócritas tópicos al uso, no sin contundencia utilizaba la siguiente en cierto modo dulcificada fórmula: “Fulano, y lo digo muy en serio porque lo pienso, eres un genio único y sin igual que brilla con luz propia, no obstante recuérdame para el siguiente trabajo un poco complicado o delicado del que tengamos encargo y aunque en esta empresa seas la única opción viable, que por completo prescinda de ti.”