La pregunta es obligada: ¿para qué convocar elecciones anticipadas si el resultado es volver a la casilla de salida? La respuesta tiene nombre y apellidos: María Guardiola. La presidente decidió adelantar los comicios convencida de que el desgaste del sanchismo le regalaría una mayoría cómoda. Error. Grave error. Convocó para blanquear al PSOE, criminalizar a VOX y escenificar un cordón sanitario que no solo no suma, sino que resta.
El PP ha pagado su soberbia. Y la soberbia, en política, siempre tiene factura.
El PSOE cae, pero no se hunde gracias al PP
El PSOE ha firmado una de sus peores noches en Extremadura. Derrota histórica. Castigo claro a años de clientelismo, corrupción y servidumbre al sanchismo. Y, sin embargo, el socialismo no ha sido barrido. ¿Por qué? Porque el PP decidió rescatarlo con una campaña sin pulso, sin relato y sin coraje.
El candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, imputado, sostenido por el aparato y por su proximidad al entorno del hermano del presidente, fue defendido con uñas y dientes por los medios afines al Gobierno, que intentaron —sin éxito— lavarle la cara. No lo lograron. Pero tampoco el PP supo rematar políticamente a un adversario débil. Prefirió mirar a otro lado y seguir disparando contra VOX.
VOX, el único que crece: coherencia frente a cálculo
Mientras PP y PSOE se entretenían en sus juegos de salón, VOX crecía. Sin complejos. Sin pedir permiso. Se convierte en el gran vencedor de la noche, no solo por resultados, sino por mensaje. VOX no pierde votos, no se esconde y no traiciona a su electorado. Frente a la ambigüedad ideológica del PP, VOX ofrece claridad. Frente al tacticismo, principios.
El PP ha cometido el error de indultar y criminalizar a VOX al mismo tiempo: indultarlo cuando lo necesita y demonizarlo cuando cree que le sobra. Esa estrategia no engaña a nadie. Mucho menos a los votantes de Extremadura, que castigan la hipocresía.
La campaña errática del PP: el “modelo Feijóo” también fracasa
La campaña de María Guardiola ha sido un calco del modelo Génova: huida del debate, vacío ideológico y obsesión por VOX. El paralelismo con Alberto Núñez Feijóo es evidente. No presentarse al último debate no es estrategia; es miedo. Y el miedo se paga.
Además, los planteamientos ideológicos del PP —cada vez más líquidos, cada vez más progres— son difícilmente aceptables para VOX, que no está para apuntalar gobiernos acomplejados ni políticas tibias. El resultado: un PP estancado, incapaz de capitalizar el desgaste del socialismo.
Podemos: la secta irrelevante
Mención aparte merece Podemos. La llamada “izquierda transformadora” no recoge absolutamente nada del hundimiento socialista. Desaparece del mapa. La secta morada confirma que su tiempo pasó, que fue una moda subvencionada y que hoy no representa a nadie fuera de su burbuja militante.
El derrumbe de los medios tradicionales
Estas elecciones han dejado otra evidencia incómoda: los medios tradicionales ya no mandan. Los de izquierdas, blanqueando al sanchismo y defendiendo a Gallardo, han fracasado. Los de la supuesta derecha mediática, atacando a VOX y magnificando sucesos irrisorios, tampoco han influido.
Han intentado convertir en escándalo las relaciones de VOX con una organización juvenil que no depende del partido, ocultando además que ha sido el propio VOX quien denunció posibles irregularidades financieras. Ni unos ni otros han movido un solo voto. La prensa tradicional pierde capacidad de influencia porque ha perdido credibilidad. La gente ya no se deja tutelar.
Soberbia castigada, coherencia premiada
Extremadura deja un mensaje claro: la soberbia del PP ha tenido la recompensa que merecía. Un fracaso estrepitoso maquillado de victoria. El PSOE cae, pero sobrevive gracias a la incompetencia estratégica de su rival. Podemos se diluye. Y solo VOX triunfa, porque dice lo que piensa, defiende lo que promete y no se arrodilla ante nadie.
Convocar elecciones para volver al mismo sitio no es liderazgo; es irresponsabilidad. Y Extremadura ha hablado. Aunque algunos no quieran escuchar.