Al mismo tiempo, el mercado laboral empieza a mostrar señales de enfriamiento. La tasa de desempleo se sitúa en el 4,6% y podría aumentar ligeramente, lo que contribuiría a una desaceleración de los servicios no relacionados con la vivienda. En cuanto al componente más persistente de la inflación subyacente, la vivienda, vemos margen para una mayor moderación en 2026. En conjunto, los tres grandes componentes de la inflación apuntan a una dinámica más contenida. En este contexto, una inflación PCE subyacente en torno al 2% anual no parece un escenario irrealista y sería coherente con el objetivo de la Reserva Federal. Incluso niveles ligeramente superiores, en el rango del 2,2%–2,3%, serían previsiblemente bien acogidos por el banco central.
Respecto al mercado laboral, aunque algunos analistas de Wall Street atribuyen la reciente fortaleza salarial a factores estacionales y anticipan una mejora adicional del empleo, nuestra visión es más prudente. Históricamente, es poco habitual que una fuerte desaceleración del empleo vaya seguida de una reactivación sostenida. Aunque existen precedentes, como a mediados de los años noventa, consideramos más probable un escenario de crecimiento moderado del empleo y un ligero repunte del desempleo. En un entorno de inflación a la baja, este escenario abriría la puerta a un ciclo de recortes de tipos por parte de la Fed. No obstante, una creación de empleo inferior a 100.000 puestos mensuales no sería una señal tranquilizadora. Aunque algunos argumentan que la contracción de la población activa reduce el umbral necesario para estabilizar el desempleo, no compartimos esta visión. Un crecimiento salarial débil tiende a erosionar la dinámica de ingresos y, con el tiempo, la capacidad de gasto de los consumidores. Por ello, mantenemos una lectura prudente del panorama laboral.