Cultura: el Jardín de Atenea

Semen: ingenio, risas y buenas actuaciones

· Por J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial

Redacción | Lunes 12 de enero de 2026

Hace unos días acudí al Teatro Pavón, uno de los espacios escénicos con más personalidad de Madrid, para ver la obra Semen. Lo hice, además, con un aliciente previo nada desdeñable: la lectura del magnífico libro que Antonio Castro Jiménez, Cronista Oficial de la Villa y autor de Teatros desaparecidos de Madrid (Artelibro, 2022), publicó con motivo del centenario de este espacio. Titulado Teatro Pavón. El embajador de Embajadores (1925-2025) y patrocinado por la SGAE, el volumen ofrece una rigurosa y amena retrospectiva histórica de este teatro, recientemente reformado de manera integral y hoy plenamente integrado en la vida cultural del barrio de Embajadores.



Entrar en el Pavón siempre tiene algo de ritual. Su arquitectura, su historia y su atmósfera predisponen al espectador a dejarse llevar. Y Semen no defrauda en absoluto. La primera gran virtud de la obra es que entretiene y hace reír de principio a fin. No se trata de una risa fácil ni impostada, sino de una comicidad bien construida, sostenida sobre una trama ágil que encuentra su principal apoyo en las interpretaciones de los cuatro actores protagonistas: Daniel Huarte, Bart Santana, Jaime Duque y Pedro Moreno Orta.

Entre todos ellos sobresale especialmente Pedro Moreno Orta, que encarna a un joven aparentemente despreocupado, con un futuro incierto y una forma muy particular de enfrentarse a la vida. Su personaje, a priori el peor candidato para asumir una pretendida paternidad, acaba siendo el que aporta las salidas más ingeniosas y sorprendentes. Moreno Orta maneja con soltura los tiempos cómicos y dota a su papel de una humanidad que va más allá del estereotipo, logrando que el público conecte con él desde el primer momento.

La dirección, a cargo de Gabriel Olivares y Ana Graciani, sabe sacar todo el partido posible a las interpretaciones y plantea una puesta en escena funcional, eficaz y al servicio del texto y de los actores. Olivares cuenta con una trayectoria sólida y reconocible en el ámbito de la comedia contemporánea. Recuerdo especialmente cuánto me reí con Burundanga, a la que asistí hace años acompañado de mis padres durante una de sus visitas a Madrid. En Semen vuelve a demostrar su habilidad para combinar ritmo, claridad escénica y complicidad con el espectador.

El libreto, aunque eminentemente cómico, no se queda en la superficie. Bajo la sucesión de situaciones disparatadas y diálogos brillantes, la obra interpela al espectador sobre la paternidad, la responsabilidad y las decisiones vitales que marcan un antes y un después en la vida adulta. ¿Qué significa realmente ser padre? ¿Es una cuestión biológica, emocional o moral? ¿Hasta qué punto estamos preparados para asumir determinadas consecuencias de nuestros actos? Estas preguntas aparecen sin solemnidad, integradas con naturalidad en el desarrollo de la acción.

Uno de los grandes aciertos de Semen es precisamente ese equilibrio entre reflexión y diversión. El público ríe, pero también reconoce dilemas contemporáneos que forman parte del debate social actual. La obra no pretende dar lecciones ni respuestas cerradas, sino abrir espacios para la identificación y el pensamiento, algo que siempre se agradece en la comedia bien entendida.

En definitiva, Semen es una propuesta sólida, bien interpretada y dirigida con oficio, que confirma el buen momento del teatro comercial inteligente en Madrid. Verla en el Teatro Pavón, con todo el peso simbólico e histórico que arrastra este escenario centenario, añade además un valor emocional indudable. Una obra recomendable para quienes buscan pasar un buen rato, reír sin complejos y, de paso, salir del teatro con alguna pregunta rondando en la cabeza.