Entre los textos que conforman el libro 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina hay uno que destaca por su potencia narrativa y su valor patrimonial: el relato novelado dedicado al pintor Alfredo Ramón, una figura clave del arte madrileño del siglo XX cuya trayectoria vital y creativa se inicia en Carabanchel y se proyecta hasta Estados Unidos, donde desarrolló gran parte de su carrera como retratista y pintor figurativo.
El relato reconstruye los años de formación de Alfredo Ramón, su temprana vocación pictórica y, sobre todo, el momento decisivo que marcaría su vida: la realización de los frescos de la Capilla de los Lujanes, en el antiguo Orfanato Nacional de El Pardo, situado en la Quinta de Vista Alegre. Aquella obra, acometida en plena juventud, no solo supuso su consagración como muralista, sino que convirtió a Carabanchel en un lugar fundacional dentro de su universo creativo.
Seguidamente, se abordan otros episodios vitales desde una mirada literaria, cercana y documentada, alejándose del frío inventario biográfico para adentrarse en la dimensión humana del artista: su infancia marcada por la guerra, la pérdida de su padre, la disciplina académica en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y su profundo respeto por el arte como forma de testimonio. Carabanchel aparece así no como un simple escenario, sino como un espacio emocional y simbólico desde el que Alfredo Ramón construyó su compleja identidad.
Este relato está dedicado a Linda Hament, persona esencial en la dilatada trayectoria del pintor. Marchante, compañera y principal defensora de su legado, Hament fue decisiva para la proyección internacional de Alfredo Ramón, especialmente en Estados Unidos, y también para la conservación de su memoria en España. Su compromiso constante ha permitido que muchas de las obras del artista sigan siendo accesibles, estudiadas y valoradas hoy. Asimismo, consiguió que el Ayuntamiento de Madrid le dedicase una placa romboidal en su estudio, en el distrito de Chamartín.
En este contexto, resulta especialmente relevante recordar que en el año 2024 la editorial Artelibro y La Junta Municipal de Carabanchel publicaron un libro monográfico sobre Alfredo Ramón, prologado por Carlos Izquierdo. Dicha obra bibliográfica ha contribuido de manera directa a visibilizar la importancia histórica y artística de sus frescos de en la Capilla de los Lujanes. Este trabajo editorial no solo ha tenido repercusión cultural, sino también consecuencias muy concretas en el ámbito patrimonial.
Gracias a esta labor de difusión y sensibilización, la Comunidad de Madrid ha destinado fondos públicos para la salvaguarda y conservación de los frescos, evitando su deterioro y pérdida definitiva. Además, la administración autonómica ha anunciado recientemente que el espacio será destinado a sala de conciertos de órgano, un uso cultural que respeta el carácter del lugar y que lo convertirá en un enclave singular dentro del panorama musical madrileño. No es un dato menor: Madrid cuenta con muy pocas salas de este tipo, lo que otorga a la Capilla de los Lujanes un valor añadido como espacio artístico y sonoro.
Queda, sin embargo, una asignatura pendiente. Las obras de Alfredo Ramón continúan a la espera de un emplazamiento estable donde descansar, dialogar entre sí y ser contempladas como conjunto. Se trata de un patrimonio madrileño excepcional, no solo por su calidad artística, sino porque Alfredo Ramón fue el primer pintor que supo retratar, con mirada contemporánea y profunda humanidad, aquel Madrid de los años cincuenta y sesenta que hoy todos queremos recordar: el de los barrios, los comercios humildes, las fachadas silenciosas y la vida cotidiana antes de su desaparición. Dar a su obra un espacio definitivo no sería solo un acto de justicia artística, sino un compromiso con la memoria visual de la ciudad y con una forma de entender Madrid que forma parte de su identidad más auténtica.