Jordi Sevilla, ministro de Administraciones Públicas con Zapatero, del 2004 al 2007, ha lanzado el “Manifiesto por la reactivación política del PSOE y de la democracia en Espana” firmado por Socialdemocracia 21, que se presenta como una “corriente de reflexión y acción política, abierta a militantes socialistas y a ciudadanos progresistas no afiliados, unidos por una convicción común: la necesidad urgente de recuperar una socialdemocracia fuerte, reconocible y coherente para Espana”.
El Manifiesto se ha presentado en enero de 2026, ahora que empieza el octavo año de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, como presidente de Gobierno, que llegó al poder tras el éxito de su moción de censura de 1 de junio de 2018 contra Rajoy, a quien acusó de corrupción y de ser un indecente. Desde entonces ha gobernado, con dos elecciones generales, 2020 y 2023, de por medio, con el PSOE siempre muy lejos de la mayoría absoluta, logrando ser investido con el apoyo de ultraizquierdistas, separatistas y filoetarras, a cambio de concesiones impensables que atentan contra la unidad de España, el estado de Derecho y la igualdad entre los españoles.
Sánchez pasará a la historia por buscar, a cualquier precio, el apoyo de políticos antiespañoles y en particular por sus “antes” y sus “después”, diciendo una cosa durante las elecciones y poco después la contraria. Entre sus “cambios de opinión” más conocidos cabe recordar que en mayo de 2018, en una entrevista en TVE, Sánchez afirmó con rotundidad que “era un delito de rebelión” para luego terminar indultando a los condenados por sedición en 2021, y además eliminar el delito de sedición del Código Penal en 2022. Después durante la campaña electoral de julio de 2023, mantuvo que “la amnistía era inconstitucional" y que no tenía cabida en el ordenamiento jurídico. Tras necesitar los 7 votos de Junts para la investidura, pasó a defenderla como una medida necesaria para la "convivencia".
Asimismo, se olvidó de las víctimas de ETA, aunque fueran de su propio partido. En 2015 había sido tajante en una entrevista diciendo: "Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 5 o 20 veces". En la actualidad, EH Bildu es uno de los socios habituales del Gobierno para sacar adelante leyes y presupuestos.
No olvidemos tampoco que, en septiembre de 2019, dijo que “no podría dormir si aceptara personas de confianza de Pablo Iglesias en su Gobierno” para tres meses después aceptar, no solo que Podemos tuviera varios ministerios, sino que Pablo Iglesias fuera el vicepresidente segundo del Gobierno.
¿Qué cabe esperar de un presidente de Gobierno con ese “talante”? Si en lo más (unidad de España, rechazo del marxismo, repudio del terrorismo) ha sido tan cambiante, ¿cómo esperar que no sea flexible en lo menos? Y efectivamente así ha ocurrido, a tenor de los numerosos casos que se están instruyendo respecto a su entorno (esposa, hermano, Abalos, Santos Cerdán, etc)
Sin embargo, la “prudencia” política ha hecho que sean muy pocas las personalidades significadas de su partido que se le hayan enfrentado públicamente. Destacan entre ellas, primero Joaquín Leguina y Nicolás Redondo, ambos expulsados del partido, y después, en menor grado Tomás Gómez, Felipe González, Alfonso Guerra y García Page. Pero la realidad es que, tras los siete años y medio de Sánchez en el poder, muy poco ha trascendido en cuanto a disidencia real, en el partido socialista, posiblemente porque la “prudencia” política, y el excesivo número de atractivos puestos políticos representativos, así como de gestión en las Administraciones Públicas y en las empresas y chiringuitos públicos, impulsa a mantener un “equidistante” silencio.
Por fin ahora, cuando las expectativas del PSOE parecen cada vez menores, Jordi Sevilla, inicia una corriente de cambios con un Manifiesto que lo que tiene más firme es denominarse “Socialdemocracia 21” en vez de Socialismo 21. En esto Jordi Sevilla parece que se pone del lado de Eduard Bernstein, a quien se considera el padre de la socialdemocracia europea, frente a Marx y Engels. Recuérdese que estos, en 1879, enviaron una carta a la directiva del Partido Socialdemócrata Alemán (en realidad un partido marxista en aquellos tiempos), denunciando a Bernstein y a sus colaboradores por proponer al partido que suavizase sus planteamientos revolucionarios, y que renunciase a la lucha de clases (que degenera en violencia) y a la eliminación de la propiedad privada (que perjudica a la economía y al empleo) para atraer así el voto y el apoyo de la burguesía y de las clases medias.
En España, en ese mismo año de 1879, en que Marx y Engels atacaban a Bernstein, Pablo Iglesias fundaba el PSOE con un ideario plenamente marxista, que por cierto se mantuvo durante 100 años hasta que, en 1979, Felipe González, forzó al PSOE a renunciar al marxismo, que había sido la principal inspiración ideológica del Frente Popular y que incluso había llevado al cruento golpe de Estado de 1934 contra la República.
Bienvenida sea, pues, la denominación de Socialdemocracia 21 en lugar de la de Socialismo 21 pero no olvidemos que todo ello son meras renuncias formales, pues el PSOE, como demostró Zapatero con su Ley de Memoria Histórica, sigue muy apegado al marxismo al igual que Sánchez que lo ha refrendado con su Ley de Memoria Democrática y que es muy “conciliador” con los regímenes Venezuela y Cuba.
Lamentablemente, el Manifiesto de Jordi Sevilla no contiene la menor crítica explícita al régimen de Sanchez por lo que no deja claras cuáles son sus discrepancias con el PSOE actual. Sus propuestas son mera palabrería ambigua, buenista, que cualquiera firmaría: “Diálogo frente a polarización” “Argumentos y propuestas frente a consignas” “Acuerdos frente a bloqueos” “Respeto y lealtad institucional frente a tacticismo coyuntural” “Verdad frente a propaganda”.
Pero nada sobre garantizar el Estado de Derecho y la separación de poderes, ni la unidad de España, ni la posibilidad de estudiar en español en todo el territorio, ni sobre el descontrol migratorio, ni cómo estimular la economía y crear empleo, ni cómo dar sostenibilidad a las pensiones, ni sobre la creciente deuda pública y el disparado coste de los intereses de la misma, etc.
En conclusión, para ese viaje socialdemocratico no han hecho falta alforjas porque el Manifiesto no tiene contenido, no propone nada concreto, no lleva nada y ni siquiera, al menos hasta escribir estas líneas, identifica a los presuntos firmantes o apoyos de ese Manifiesto. Por ese camino, el PSOE no tiene remedio. O le da un vuelco a Sánchez o el partido necesitará refundarse. Hoy está muy lejos de ser un partido fraternal, solidario, unitario, capaz de estimular a las fuerzas productivas y de poner coto al descontrol del gasto público, que es un marco muy propicio para que prospere la corrupción. En suma, Jordi, tu Manifiesto es una oportunidad perdida.