Cada tercer lunes de enero, el calendario popular señala el Blue Monday, el supuesto “día más triste del año”. Mientras medio mundo asume ese título sin más, en Madrid existe un lugar que se niega a aceptar la etiqueta y decide darle la vuelta. Es el Museo de la Felicidad, un espacio interactivo que propone convertir esa fecha en una oportunidad para hablar de bienestar, sentido del humor y formas reales de sentirse mejor. Lejos de ser una simple anécdota de un día, el Museo de la Felicidad se presenta como un laboratorio vivo de alegría. A través de experiencias sensoriales, juegos, pequeñas pruebas y momentos de reflexión, invita a cada visitante a descubrir algo esencial. La felicidad no es solo cuestión de suerte. También se puede entrenar.
Un recorrido para experimentar la felicidad
Con más de 600 metros cuadrados de recorrido, el Museo de la Felicidad rompe con la idea tradicional de museo. No se trata de contemplar en silencio, sino de probar, tocar, reír y participar. Cada sala plantea una experiencia distinta que conecta con una pieza de la ciencia del bienestar.
Algunos de los espacios que cobran especial protagonismo durante el Blue Monday son:
En esta jornada, el museo refuerza su programación con talleres y dinámicas especiales orientadas a que cualquier persona salga con un estado de ánimo más ligero que cuando entró. No se trata de negar la tristeza, sino de ofrecer herramientas prácticas y accesibles para convivir mejor con ella.
Pablo Claver, el emprendedor que decidió tomarse la felicidad en serio
Al frente del Museo de la Felicidad está Pablo Claver, emprendedor, psicólogo y divulgador que decidió reorientar su carrera para centrarse en una pregunta sencilla y, a la vez, compleja. Qué hace que una persona se levante con ganas de empezar el día.
Tras años de experiencia en el mundo empresarial, Claver apostó por crear un espacio que uniera rigor científico, juego y educación emocional. El resultado es un museo pensado para públicos muy distintos, pero con un hilo común. Mostrar que la felicidad puede entrenarse con gestos pequeños y cotidianos.
“Muchas personas creen que la felicidad es una meta lejana o un momento perfecto que llegará algún día” explica Pablo Claver. “Aquí proponemos algo diferente. Que cada visitante se lleve, al menos, una idea sencilla que pueda aplicar en su día a día. Y si además sale con una sonrisa, mejor todavía”.
El proyecto cuenta con el reconocimiento de entidades de referencia en el ámbito del bienestar como el Instituto Internacional de la Felicidad de Dinamarca, la Fundación Mundial de la Felicidad y la Academia de la Felicidad de Tal Ben Shahar. Además, mantiene una alianza especial con el Museo de la Felicidad de Copenhague.
Un plan de ocio diferente en Madrid
El Museo de la Felicidad se ha consolidado como uno de los planes más originales de la ciudad para quienes buscan algo más que una salida convencional. Es una propuesta pensada para:
El mejor antídoto al Blue Monday
El llamado Blue Monday nació como una fórmula publicitaria que señalaba el tercer lunes de enero como el día más triste del año. Frente a ese mensaje, el Museo de la Felicidad propone un cambio de guion. En lugar de asumir que ese día “toca estar mal”, invita a utilizarlo como recordatorio de que el bienestar también se puede cuidar.
Para quienes buscan un plan distinto en pleno invierno, el museo ofrece un refugio luminoso en el centro de Madrid. Un espacio donde la felicidad no se presenta como una obligación, sino como un camino posible, hecho de experiencias, pequeños descubrimientos y momentos compartidos.