Acacia Inversión ha presentado hoy su informe anual macroeconómico y de mercados, en el que anticipa un escenario global marcado por la fragmentación económica, el desfase de políticas monetarias entre regiones, un estímulo fiscal selectivo y un sesgo inflacionario al alza. En este contexto, la gestora multifamily office independiente considera que la gestión activa, la diversificación real y el análisis fundamental serán claves para capturar oportunidades fuera del consenso.
El año 2025 estuvo dominado por una elevada volatilidad, impulsada principalmente por la política comercial de Estados Unidos y las tensiones geopolíticas. A pesar de este entorno, los mercados mostraron una notable resiliencia. La renta variable global cerró en máximos históricos, liderada por el sector tecnológico y la expansión de la inteligencia artificial.
Destacó especialmente el fuerte repunte de los metales preciosos, con subidas superiores al 70% en el oro y al 150% en la plata, en paralelo a una depreciación cercana al 10% del dólar estadounidense, reflejando un cambio en las preferencias de los inversores hacia activos refugio y reales.
Actualmente el mercado se debate entre las dudas que generan las elevadas valoraciones de las compañías tecnológicas, el riesgo de concentración de los índices estadounidenses, la incertidumbre que genera la relación entre Estados Unidos y China y la independencia de la Reserva Federal a la hora de implementar su política monetaria. En resumen, las dinámicas macroeconómicas actuales nos hacen creer que el 2026 estará marcado por un desfase en los ciclos de política monetaria, estímulo fiscal expansivo, un sesgo inflacionario alcista, un dólar estadounidense aún más débil y mejor rendimiento de los activos en el sector de materias primas y en los mercados fuera de Estados Unidos.
Desfase monetario y estímulo fiscal como motores de 2026
Mientras Europa podría mantener tipos estables, Estados Unidos seguiría con un proceso gradual de bajadas, condicionado por la persistencia de la inflación. Japón, por el contrario, se encuentra en un punto de inflexión hacia la normalización monetaria.
El estímulo fiscal jugará un papel central, con un fuerte impulso en Europa (liderado por Alemania), Japón, Estados Unidos y China, especialmente en sectores estratégicos como infraestructuras, defensa y transición energética.
Inflación, dólar y materias primas
Durante 2025, las materias primas vivieron un año de elevada volatilidad. Los metales industriales se vieron especialmente afectados por la incertidumbre derivada de la política arancelaria estadounidense, mientras que el petróleo registró fuertes caídas, cercanas al 20%, ante el riesgo de sobreoferta global impulsado por los países de la OPEP+.
De cara a 2026, la perspectiva sobre las materias primas es constructiva, con la excepción del petróleo. La aceleración del crecimiento económico global, apoyada en el estímulo fiscal, la implementación de la inteligencia artificial y unos tipos de interés más bajos, favorecerá la demanda de metales industriales y metales preciosos. A ello se suma el impulso estructural derivado de la transición energética y la inversión en energías renovables.
En este contexto, el oro y la plata podrían prolongar el rally iniciado en 2025, beneficiándose de un dólar estructuralmente más débil, de la persistencia de la inflación y de un entorno de mayor incertidumbre macroeconómica y geopolítica, consolidándose como activos refugio.
Asimismo, el escenario macro apunta a un crecimiento global sólido en 2026, con un sesgo inflacionario al alza. El traslado a precios de la política arancelaria estadounidense y el fortalecimiento de los precios de los commodities podrían aumentar la volatilidad de la inflación y presionar al alza los tipos de interés a largo plazo, incluso en un entorno de políticas monetarias más laxas.
En el mercado de divisas, se espera que el dólar estadounidense continúe debilitándose, mientras que el yen japonés, actualmente infravalorado, podría apreciarse a medida que el Banco de Japón avance en la normalización de su política monetaria.
Inteligencia artificial
En Acacia Inversión mantenemos un enfoque cauteloso respecto a la inteligencia artificial (IA). Aunque su adopción se ha extendido a la mayoría de los sectores productivos y su potencial para mejorar la productividad global es indudable, las compañías que lideran su desarrollo cotizan con valoraciones exigentes, lo que incrementa los riesgos para el inversor.
Observamos varios factores que podrían presionar la sostenibilidad del actual auge de la IA, como señales de posible sobredemanda de chips, una desaceleración en la generación de caja de las principales compañías, el encarecimiento de la financiación y una mayor disciplina en el gasto de capital. A ello se suman el aumento de los costes energéticos y la creciente disponibilidad de soluciones abiertas, que podrían comprimir los márgenes del sector.
Si bien reconocemos que los resultados empresariales siguen siendo sólidos y que el consenso de mercado no identifica, por el momento, una burbuja comparable a la de las puntocom, nuestro enfoque es prudente. Preferimos evitar una exposición pasiva a las compañías líderes de IA, dada la elevada concentración de riesgos.
Por ello, priorizamos la inversión en la infraestructura que sustentará su desarrollo a largo plazo, como los metales industriales, los metales raros y la energía, donde identificamos un mejor equilibrio entre rentabilidad y riesgo.
Visión estratégica para los inversores
En términos de posicionamiento, Acacia Inversión apuesta por:
Un año para la gestión activa
2026 no será un año para replicar el consenso, sino para identificar desequilibrios, valorar correctamente los cambios estructurales y construir carteras resilientes. En un entorno menos sincronizado y más volátil, la gestora reafirma su compromiso con una gestión activa y flexible para transformar la complejidad del ciclo en oportunidades de inversión.