(Agencia de Información Dunyo).- Entre los eventos clave figuraron una reunión ampliada del Consejo de Seguridad presidida por el presidente Shavkat Mirziyoyev, una visita a las instalaciones productivas de la industria de defensa y el mensaje del Jefe de Estado dirigido al personal militar y a sus compatriotas.
En este contexto, un corresponsal de la Agencia de Información Dunyo solicitó a Akramjon Nematov, Primer Subdirector del Instituto de Estudios Estratégicos y Regionales dependiente del Presidente de Uzbekistán, que comentara los principales resultados de estos eventos y las tareas planteadas por el líder del país:
— No es exagerado afirmar que hoy el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Uzbekistán ha sentado las bases de una nueva etapa en la modernización del ejército nacional: su transformación de alta tecnología. Me atrevería incluso a decir que las felicitaciones de este año de Shavkat Miromonovich no fueron simplemente un homenaje a la tradición, sino una suerte de manifiesto del “Ejército de nueva imagen”, en el que la inteligencia y la tecnología deben sustituir definitivamente los enfoques obsoletos de la guerra. En la visión del Presidente, la seguridad no es una tarea militar aislada, sino una base multidimensional para el desarrollo sostenible del Estado en la era digital.
Al analizar los mensajes clave del Jefe de Estado, puede observarse una lógica clara y coherente en la transformación de todos los elementos del sistema de administración pública.
La principal innovación de la etapa actual de reformas radica en el reconocimiento de la profunda transformación de la propia naturaleza de la guerra moderna, en la que la superioridad tecnológica, y no el número de efectivos, resulta decisiva. Por ello, el Presidente de Uzbekistán ha planteado la tarea de una actualización doctrinal a gran escala: se ha iniciado la elaboración de una nueva versión de la Doctrina de Defensa y del Concepto de Seguridad Nacional. Ello responde a la necesidad de adaptar los documentos estratégicos a las condiciones de las amenazas híbridas, manteniendo al mismo tiempo el estatus de no alineación de Uzbekistán y su apuesta por la diplomacia multilateral. Este enfoque envía una señal clara al país sobre la previsibilidad y la soberanía del rumbo de la República.
El elemento central de la estrategia actualizada es la transición a un “modo de funcionamiento proactivo”, en el que el sistema de seguridad no solo debe reaccionar ante las amenazas emergentes, sino también ser capaz de prever los riesgos con antelación y neutralizarlos en una fase temprana.
Esta intelectualización de la seguridad exige de manera natural una revisión de la composición técnica de las Fuerzas Armadas. En este sentido, el Jefe de Estado inició un profundo proceso de reequipamiento del ejército, dando prioridad a la introducción de la inteligencia artificial, los sistemas robóticos y los modernos sistemas de ciberseguridad. Se subrayó que, en los conflictos modernos, la victoria no se alcanza por el número de bayonetas, sino por la superioridad tecnológica y la velocidad del procesamiento de la información. En este contexto, la transformación digital del ejército se convierte en una prioridad indiscutible. En otras palabras, en la guerra contemporánea la inteligencia es más importante que la masa, y la victoria se determina por la calidad de la tecnología y de la gestión.
Al mismo tiempo, la alta tecnología exige un nivel de competencias fundamentalmente nuevo. Por ello, se ha iniciado una auténtica transformación del personal: el ejército se posiciona no como una institución cerrada, sino como una plataforma educativa y tecnológica moderna. Se convierte en una escuela de vida y de crecimiento profesional, así como en un motor del desarrollo económico. Cada año, 5.000 reclutas recibirán formación en el marco de los programas “Un millón de programadores” y “Cinco millones de líderes en IA”. Esta decisión estratégica permite resolver simultáneamente dos objetivos: aumentar la resiliencia cibernética del ejército y crear una reserva de especialistas altamente demandados para la economía nacional.
Además, el programa prevé la capacitación de los soldados en profesiones civiles, con la expedición de certificados estatales al finalizar el servicio. Para el personal militar que abra un negocio tras la desmovilización, el Estado reembolsará el 6 % del tipo de interés de los préstamos. También se introducen incentivos educativos: la posibilidad de presentar exámenes de ingreso a la universidad directamente en las unidades militares, préstamos estudiantiles sin intereses para quienes accedan a la universidad tras el servicio y el reembolso de los gastos para la obtención de certificados internacionales de idiomas. Este enfoque refleja la tendencia actual hacia el desarrollo de “fuerzas inteligentes”, en las que los defensores del país son, al mismo tiempo, especialistas cualificados demandados en el sector civil.
De este modo, el ejército se integra orgánicamente en el sistema de la sociedad civil, proporcionando a los jóvenes herramientas reales para el éxito personal y profesional.
Para que este modelo funcione de manera eficaz, es esencial una sólida base social. Por ello, el fortalecimiento sin precedentes de la protección social del personal militar se ha convertido en una continuación lógica de las reformas. Las decisiones de duplicar las bonificaciones por antigüedad para los oficiales y de pagar a los veteranos pensiones equivalentes al 100 % de su salario constituyen, a mi juicio, una inversión estratégica en el prestigio del servicio militar. Además, se prevé un aumento del 10 % en la remuneración de soldados rasos y sargentos contratados, así como un incremento del 20 % en los salarios del personal civil del sector de defensa este año y un aumento adicional del 50 % el próximo año.
El Presidente demuestra claramente que el Estado asume plena responsabilidad por el bienestar de quienes defienden la Patria, elevando así el prestigio del servicio militar y fortaleciendo el principio de unidad entre el pueblo y el ejército.
El elemento final de esta estrategia integral es el logro de una profunda autosuficiencia tecnológica. La modernización del complejo militar-industrial nacional, la creación de parques tecnológicos militares nacionales y el desarrollo de la producción de sistemas no tripulados están orientados a minimizar la dependencia externa. La visita a la Planta de Aviación de Chirchik y a los parques tecnológicos de defensa demuestra claramente que Uzbekistán apuesta por la localización, la economía de servicios y el desarrollo de su propia base industrial. La creación de un centro regional para el mantenimiento de equipos Airbus no es solo una cuestión de prestigio, sino también un paso práctico hacia la independencia tecnológica y la integración en las cadenas globales de producción.
Todo ello refuerza la soberanía del Estado, permitiendo proteger eficazmente los intereses nacionales apoyándose en su propio potencial innovador y en sus competencias. Al mismo tiempo, el sector militar se convierte en un motor del desarrollo innovador: las tecnologías desarrolladas con fines de defensa inevitablemente encuentran aplicación en los sectores civiles.
En conclusión, cabe subrayar que las iniciativas anunciadas marcan una ruptura definitiva con los modelos obsoletos. En esencia, estamos presenciando el surgimiento de un nuevo modelo de Estado, en el que la soberanía de alta tecnología, el capital intelectual y la justicia social se integran en una estrategia única.
Se está creando un ejército altamente móvil y tecnológicamente avanzado, capaz de contrarrestar eficazmente las amenazas híbridas en el cambiante carácter de la guerra. El ejército no actúa solo como un escudo del Estado, sino también como un motor de la educación, la economía y la movilidad social: un enfoque moderno, pragmático y profundamente nacional del desarrollo y la seguridad en la nueva realidad global.