Cuatro de cada cinco fondos de inversión en renta fija no han llegado en 2025 al nivel de la inflación, es decir, han tenido pérdidas en términos reales en un año en el que la renta fija ha incrementado sus precios debido a la bajada de los tipos de interés. Las comisiones que los inversores no ven y que cargan directamente las gestoras de los bancos a los patrimonios de los fondos, junto con una gestión básicamente conservadora, que se limita a comprar bonos y dejarlos hasta el vencimiento, han hecho que los fondos de renta fija españoles sean de lo peor del mercado.
Y, sin embargo, los inversores, aconsejados por sus bancos, siguen metiendo dinero en este instrumento, sin ser conscientes de que, si compraran directamente los bonos, tendrían claramente una rentabilidad superior. Los bancos para evitarlo lo que hacen es cobrar fuertes comisiones de compra y de custodia. Hace dos o tres años cuando las letras del Tesoro se pusieron al 3% fui a mi banco a comprar unas letras y me dijeron que no me merecía la pena, ya que la suma de la comisión de compra y de custodia era del 1,4% y sólo me quedaría un 1,60% de rentabilidad; sin embargo, si les compraba uno de sus fondos garantizados, tendría un 2% de rentabilidad, con la inflación al 3%, es decir, me aconsejaban perder un 1% que, obviamente, y como mínimo, se llevaría el banco al construir la estructura garantizada.
En esa misma época, trate de contratar un depósito a plazo en una entidad financiera de primera línea, y simplemente me dijeron que no comercializaban este producto; que tenía que comprar sí o sí sus fondos de inversión. Un compañero de trabajo hizo lo propio en otra entidad financiera, con una inversión potencial de 200.000 euros, y el banco le dijo lo mismo y, al ser una cantidad importante, lo que le ofrecieron fue un depósito estructurado, es decir con riesgo ligado a la evolución de la bolsa, para “obtener” una rentabilidad superior a la inflación.
La decisión lógica, como hemos dicho, sería invertir directamente en bonos y obligaciones corporativos, pero, hete ahí, que el oligopolio financiero español, y el europeo en general, para favorecer la venta bancaria de fondos de inversión lo que hizo fue promover el Reglamento 809/2004 de 29 de abril de 2004 de la Comisión Europea, cuyo objetivo final era facilitar que la compra de bonos que, en principio, es una inversión conservadora, no sea posible para la inmensa mayoría de los inversores, ya que en muchas entidades emisoras se pone un mínimo de 100.000€ como nominal unitario de los bonos emitidos (no se pueden comprar bonos entre varios inversores, salvo que tengan previamente una cuenta conjunta de valores), para evitar que estas entidades tengan que hacer un voluminoso folleto explicativo y, lógicamente, si tienen la colocación de la emisión asegurada, prefieren hacer títulos de elevado volumen y ahorrarse el tener que hacer dicho folleto en versión extendida. El resultado es que sólo los fondos de inversión o pensiones, o los muy ricos, pueden comprar estos bonos corporativos y conseguir entre un 0.5% y un 1% adicional sobre los bonos del Estado. Aun así, el 80% de los fondos españoles no llega ni al nivel de la inflación. Muy triste.
Lo anterior es sólo una de las causas del denominado efecto crowding-out de expulsión de los inversores particulares del mercado de renta fija corporativa, ya que, además, los fondos de inversión o pensiones, o las SICAVs, no sufren retenciones en los pagos de cupones cuando adquieren bonos, pero los particulares sí, y cuando estas entidades tributan lo hacen al 1%, permitiendo a las grandes fortunas no pagar impuestos hasta que eventualmente vendieran las participaciones. Parece bastante claro lo que ocurre con la industria de la inversión colectiva, diseñada para favorecer a los oligopolios bancarios en materia de beneficios y a las grandes fortunas en materia fiscal.
Un paso más en esa dirección la dio el PSOE en el año 2007 cuando el entonces ministro “socialista” Pedro Solbes, creo la denominada base del ahorro según la cual los rentistas, que vivan de cobrar cupones de los bonos, tributarán más o menos al 23%, mientras que los trabajadores, en cuanto llegan a un ingreso bruto anual de 60.000€ tienen que tributar al 45%, es decir, se paga el doble de impuestos por trabajar que por estar en una butaca “cortando” cupones, y nadie ha tocado esta legislación desde entonces, no vaya a ser que “alguien” se enfade.
La verdad es que resulta triste ver cómo en las facultades españolas de Economía y Finanzas se siguen explicando las hipótesis de los mercados eficientes, y algunos profesores que no han salido de la Universidad tratan de convencer a sus alumnos de que los mercados de bonos son realmente eficientes. Nada que ver con la realidad.
Mientras tanto, la inmensa mayoría de los pequeños inversores en renta fija seguirán acudiendo a las oficinas bancarias a hacer lo que les dicen los gestores de los bancos adquiriendo participaciones en fondos de inversión que permiten a los bancos engrosar sus elevados beneficios, mientras que ellos, en términos reales, pierden dinero todos los años por efecto de la inflación. La tan manida falta de cultura financiera de los españoles, unida a la interesada legislación financiera y fiscal, surge de nuevo en toda su amplitud.