Inmobiliaria

What a Wonderful World. ¡The Great Rock Deal!

Angel Manuel Gómez | Domingo 08 de febrero de 2026

Lo ideal para disfrutar de un domingo en calma es añadirle un poco de humor desde primera hora de la mañana, propongo a todos los que tenéis a bien seguir estas líneas que disfrutéis cada domingo de estas pequeñas sátiras inspiradas en la ficción de un mundo alternativo y maravilloso.



¡The Great Rock Deal! Trump cambia los glaciares por los chiringuitos: el plan para "hacer Gibraltar grande otra vez"

La verdad es que nos lo veíamos venir. Tras meses intentando convencer a los daneses de que Groenlandia era, en realidad, un solar con mucho potencial para poner un campo de golf con vistas a la aurora boreal, Donald Trump ha decidido dar un giro de volante digno de un piloto de Formula 1 en plena Costa del Sol. El nuevo objetivo no tiene hielo, pero tiene monos, soberanía compartida y un Duty Free envidiable Estamos hablando como no puede ser de otra manera del Peñón de Gibraltar.

Y es que, según fuentes cercanas a su peluquero de confianza, el expresidente habría exclamado: "¿Para qué quiero un bloque de hielo si puedo tener el tapón del Mediterráneo?". La idea es sencilla, brillante y, por supuesto, aterradora para los diplomáticos de la ONU: comprar el Estrecho de Gibraltar y convertirlo en la urbanización privada más exclusiva y vigilada del planeta.

Adiós a las lanchas, hola a las "Trump-Turret-Towers"

El plan, denominado internamente como "The Great Gate", promete solucionar de un plumazo dos de los mayores quebraderos de cabeza de la región: la inmigración irregular y el narcotráfico. ¿Cómo? Con el estilo sutil que le caracteriza.

- Muros flotantes y sensores con luces de neón:Se rumorea que el proyecto incluye una barrera de boyas doradas que harían que cualquier patera se sintiera como si estuviera entrando en la alfombra roja de los Oscar, pero con una invitación de deportación inmediata.
- La patrulla de los "Big Mac":En lugar de las patrulleras de la Guardia Civil, el Estrecho estaría vigilado por destructores con máquinas de helado que (esta vez sí) funcionan, listos para interceptar cualquier fardo de hachís y sustituirlo por folletos de inversión inmobiliaria en Mar-a-Lago.

Cifras que marean y no por el oleaje

Para que nos hagamos una idea de la magnitud de la "limpieza" que propone el magnate, echemos un ojo a lo que hay en juego. En 2025, España ya logró reducir las llegadas marítimas en un 46,4%, bajando de los 61.372 valientes de 2024 a unos 32.925. Pero Trump dice que eso son "números de perdedores". Él aspira al 0 absoluto, o como él lo llama, "perfección costera".

En cuanto al "chocolate" que cruza el agua, se estima que el narcotráfico mueve unos 300 millones de euros en el Campo de Gibraltar, empleando indirectamente a miles de personas en barrios con un 40% de paro. La solución de Trump: cambiar las narcolanchas por yates de recreo y convertir a los antiguos "puntos" de vigilancia en concierges de resorts de cinco estrellas.

"Será un muro de agua, el más grande, el más profundo. Nadie cruza sin un visado premium. El hachís se acaba, empezaremos a traficar con filetes de ternera con mi nombre grabado", habría comentado en un mitin imaginario cerca de La Línea.

Consecuencias: ¿Monos con gorra roja?

La fauna local no se libraría de este "rebranding" geopolítico. Los famosos macacos de Gibraltar, conocidos por robar bocadillos a los turistas, serían entrenados por el servicio secreto. Imagínatelo: monos con pinganillo y gorras de "Make the Rock Great Again" vigilando que nadie pase un gramo de nada que no sea merchandising oficial.

Además, los aproximadamente 15.000 trabajadores transfronterizos que cruzan la verja cada día tendrían que pasar por un escáner de retina que, además, te mide el grado de patriotismo hacia el nuevo "Estado Libre Asociado de Trump-Galtar".

¿Qué nos espera en el horizonte?

Si este delirio mediterráneo llegara a puerto, el Estrecho dejaría de ser un punto caliente de la geopolítica para ser el mayor peaje del mundo. La verdad es que, entre risas y espanto, uno no puede evitar imaginar a Trump inaugurando un casino en la cima del Peñón, mientras los submarinos nucleares hacen cola porque no han pagado la tasa de atraque.

Al final, quizá lo de Groenlandia no era tan mala idea. Al menos allí los pingüinos no votan, y el hielo no se queja si le pones una torre de 50 pisos encima.