Egusquiza ha señalado que el debate sobre la tasa turística se está planteando “desde una lógica fiscal” y no desde una estrategia integral de destino. “La tasa turística no es negativa en sí misma, pero aplicarla en un contexto donde el modelo turístico aún no está maduro es confundir el síntoma con la enfermedad”, ha afirmado.
Según el experto, Bilbao continúa dependiendo en exceso del impulso generado por el Museo Guggenheim Bilbao, un proyecto que califica de “transformador y decisivo” para la ciudad, pero cuyo efecto no ha sido acompañado de una evolución estructural en la oferta turística. “Han pasado más de veinte años y Bilbao no ha construido una segunda capa de atractivo sostenible, ni una identidad hospitalaria reconocible a nivel internacional”, ha subrayado.
En este sentido, Egusquiza ha apuntado a la falta de un hotel de referencia internacional como uno de los principales déficits del destino. “Bilbao sigue sin un ‘place to stay’ que actúe como emblema y motor de atracción para un turismo de alto poder adquisitivo. No es una cuestión anecdótica, sino un síntoma de una planificación que se ha quedado a medio camino”, ha indicado.
El especialista ha advertido de que la tasa turística solo resulta eficaz en destinos consolidados, con una alta presión turística y una oferta madura. “En ciudades donde existe saturación real y una demanda plenamente consolidada, puede ser una herramienta útil de gestión. Pero en el caso vasco parece llegar antes de tiempo, sin que exista un retorno claro para el visitante”, ha explicado.
Egusquiza también ha puesto el foco en la experiencia cotidiana del viajero, señalando incoherencias como el cierre del comercio los sábados por la tarde en verano. “Son detalles que pesan mucho en la percepción del visitante internacional y que evidencian que todavía no se ha asumido el turismo como una industria estratégica”, ha afirmado.
A su juicio, el debate fiscal está ocultando una cuestión de fondo: el modelo de turismo que se quiere impulsar. “La pregunta clave es si se apuesta por cantidad o por valor. Si la respuesta es valor, la prioridad debería ser atraer inversión hotelera de alto nivel, mejorar la formación en hospitalidad, coordinar servicios y construir un relato cultural contemporáneo”, ha defendido.
Egusquiza ha concluido que la tasa turística podría tener sentido en el futuro, pero no como punto de partida. “El turismo responsable y sostenible no se impone desde un decreto ni se recauda por noche. Se diseña, se cuida y se merece. Solo cuando el destino funciona de verdad, se cobra”, ha concluido.