Análisis y Opinión

¿Está remando el PP europeo a favor de obra de Sánchez?

CARTA DEL PRESIDENTE

· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

Alfonso Merlos | Domingo 15 de febrero de 2026

Mueve poderosamente a la reflexión el hecho de que cuantos mayores son los desastres del gobierno Sánchez y los descalabros socialistas en general, más estancado se halle demoscópicamente el Partido Popular. Se vio en Extremadura y se ha repetido en Aragón. No sólo no rasca apoyos de los que el PSOE pierde sino que esos votos emigran en gran medida directamente a VOX, que además rebaña los del propio PP: un palo para Feijóo y para las siglas, allí donde comparecen en las urnas. ¿Por qué? ¿Es una cuestión de mala suerte o mal estilo en la oposición, de algunos y pequeños ajustes? Miremos a Europa y a la opinión pública española y es bien seguro que encontremos parte sustancial de la respuesta.



Hace veinte años, muy lejos, lejísimos quedaba cuanto se decidía entre los pasillos de Bruselas y los despachos de Estrasburgo, que apenas encontraba encaje en las páginas de los medios de comunicación tradicionales, en alguna esquina de la sección ‘internacional’. Hoy, la revolución de las nuevas tecnologías y las redes sociales, el ‘fast food’ en ‘streaming’ cuela cada instante lo que los representantes españoles en Bruselas y Estrasburgo deciden y, no sólo eso, cala en cada ciudadano (sea de Vigo o León, de Elche o Mojácar, de Alcázar de San Juan o Mérida) cómo le afecta en su día a día.

Así, en las últimas horas hemos comprobado, una vez más, cómo ‘socialistas y populares’ iban rigurosamente alineados cuando el Parlamento Europeo aprobaba el informe sobre las prioridades de la Unión Europea en el que se subraya la necesidad de facilitar el acceso al aborto o la igual necesidad de que se reconozca como ‘mujeres’ a los hombres ‘trans’. En estos términos apoyaban la votación PP, PSOE y Podemos (todos a una), mientras VOX y su grupo -Patriotas por Europa- votaban en contra.

En efecto, una de las razones por las que hay ciudadanos que dejan de votar a un partido político es porque se sienten estafados, tomados por idiotas, por lelos, por sujetos acríticos que no se enteran de qué va la película; como sujetos de los que hay partidos que piensan que, como ocurre con los equipos de fútbol, pase lo que pase, nunca se cambiará de equipo. Y evidentemente no es así.

Hay ciudadanos, masivamente, crecientemente, que están teniendo en cuenta el alineamiento prácticamente total de PP y PSOE en Europa; que son sabedores y sufridores de lo que esas pavorosas políticas globalistas bipartidistas están generando; ciudadanos que no están dispuestos a ser tratados como borregos, engañados. Esto es lo que hay y esto es lo que se viene.

Es una evidencia y allá el ciego que no quiera verla. Para analizar el estancamiento (que no obedece a una casualidad sino a una causalidad) del PP no basta con mirar a lo que hacen presidentes autonómicos o alcaldes o concejales en sitios como Vigo o León o Elche o Mojácar o Alcázar de San Juan o Mérida. Hay que atender los desatinos y las fechorías y las tropelías que se están validando por las huestes de Feijóo en Bruselas y Estrasburgo, en comandita con los socialistas y la izquierda en general, y ante las que centenares de miles de votantes de la derecha (con especial incidencia los más jóvenes) no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino. ¿Qué precio está Génova dispuesto a pagar, próximamente en las citas de Andalucía o Castilla y León, por mantenerse erre que erre, contra el propio ADN de sus votantes, negando lo evidente?