Economía

El caso del fraude albanés: un estado al borde de la ruina

· Por Jose Luis Sánchez Fernández de Valderrama, Catedrático de la Universidad Complutense, Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras

Viernes 20 de febrero de 2026

Un caso excepcional fue el de las estafas piramidales que se produjeron en Albania que le costó, a principios de los años noventa, situarse en un estado de virtual anarquía que desembocaría en una situación muy similar al de la guerra civil cinco años más tarde y pagar el terrible peaje de 2.000 muertos y casi dos millones de afectados. Una estafa basada en avalistas y en lazos familiares y en el que se vieron involucrados cerca de dos tercios de la población albanesa, algunos de los cuales llegaron a invertir todos sus ahorros.



El origen de los problemas fue que a comienzos de los años 1990 se crearon más de 25 firmas dedicadas al crédito, meros instrumentos de ingeniería financiera, algunas controladas por antiguos hombres del aparato comunista, casos de Sudja y Gjallica, y otras por familias que formaban parte del entramado de la estafa financiera como Xhaferri y Populli Fondos. Empresas como Vefa o Xhaferri acumularon capitales ficticios equivalentes a más del 5% del PIB nacional.

Pese a que algunas de las instituciones, como Vefa, sí mantenían inversiones tangibles más allá del esquema piramidal, la gran mayoría de ellas eran meros instrumentos de ingeniería financiera que ofrecían intereses mensuales a veces superiores al 25% al mes e incluso del 100 por 100 en algunos casos, siendo empresas que no tenían ninguna actividad real.

Los chiringuitos financieros posteriormente en quiebra captaban dinero de los ciudadanos bajo promesas de altísimos intereses mensuales, que podían superar el 30%. Una buena parte de la población del país más pobre de Europa había depositado en ellos sus ahorros que desaparecieron, más de 200.000 millones de pesetas.

Se estima que invirtieron en estas pirámides Alrededor de 2/3 de la población albanesa, en un país de 3 millones de habitantes. En definitiva, el 70 al 80% de las familias perdió todos tus ahorros.

Las recomendaciones que hizo el Fondo Monetario Internacional no fueron tenidas en cuenta por el gobierno albanés, que se convirtió en cómplice por el virtual respaldo a las operaciones realizadas sin consistencia real.

Para entender las razones que provocaron una catástrofe de esta naturaleza hay que situarse en la situación que para las economías planificadas supuso la repentina caída del comunismo. A partir de 1989 las economías de Europa del Este se hundieron de forma calamitosa empujando a millones de personas a la pobreza.

Aunque siempre que se habla de crisis globales se piensa en el crac de 1929, hay que referirse al fenómeno de la desaparición, desde el final de la Segunda Guerra Mundial de las economías dirigidas. Países como Rusia o Ucrania perdieron entre 14% y el 22% de su producto interior bruto en un año.

Albania estuvo sometida a un férreo control de un estalinista militante. Su presidente Enver Hoxsa cerró el país y lo sometió a un proceso férreo de economía autogestionada. Por ello la caída del comunismo no se produjo hasta 1991 donde se pretendió aplicar las líneas maestras de la democracia liberal y de la economía capitalista.

Una de las consecuencias fue crear el marco adecuado para las estafas piramidales. La población carecía de cualquier tipo de cultura financiera y no estaba preparada para comprender que tipos de interés que llegaron a superar el 25% mensual no podían ser sostenibles.

Otro culpable fue el Banco Central albanés que impuso severas restricciones al crédito a las tres principales entidades bancarias del país que acumulaban el 90% de los depósitos de los albaneses, banca que se encontraba sometido a un fuerte proceso de vulnerabilidad.

La consecuencia es que los albaneses entre 1991 y 1996 acudieron a instituciones privadas que ofrecían atractivos tipos de interés, empresas no reguladas y opacas, para obtener los créditos necesarios.

Como es habitual en estos casos el funcionamiento era de una estafa piramidal, se fundamentaba en ofrecer altos intereses de hasta 10% mensual y después proceder a pagarlos con los nuevos depósitos de los inversores llegados en último lugar. Con una inflación en 1996 del 17%, las pirámides tenían que ofrecer más y más intereses para seguir captando capital.

En enero de 1997 dos de los principales fondos se declararon insolventes provocando una oleada de pánico y retiradas masivas de fondos. Miles de ciudadanos salieron a las calles para recuperar sus inversiones. El fenómeno se tornó en insurrección con asalto a edificios gubernamentales y un estado de caos general. Al borde de la guerra civil con más de 2000 muertos que se produjeron en los disturbios.

Miles de ciudadanos de Lushnje, una ciudad treinta kilómetros al sur de Tirana, salieron a las calles demandando recuperar sus inversiones. Sin éxito. La ira tornó rápidamente en insurrección: diversos edificios gubernamentales fueron asaltados y quemados, exigiendo responsabilidades a las autoridades.

Pero ya era tarde. En marzo de 1997, el país estaba sumido en el caso. El Gobierno tuvo que dimitir, pero antes prohibió las pirámides. en la pirámide, aumentando el efecto expansivo de la crisis.

El Estado presidido en aquel momento por Berisha, afectado también por los rumores de que varios miembros del gobierno habían participado en el fraude, perdió el control de la situación, generándose una situación de anarquía y enfrentamientos en las calles con una división del país en dos partes muy similar a una guerra civil.

El sur del país, menos desarrollado y habitado históricamente por “tosks” predominantemente musulmana u ortodoxa, alineado en torno a los grupos opositores relacionados con el Partido Socialista y gobernado informalmente por guerrillas y grupos milicianos. Y el norte, habitado por “ghegs”, de cariz católico y próximo al Partido Democrático de Berisha aún gobernado en gran medida por el ejecutivo.

Se produjo la parálisis total de la economía nacional y el estado generalizado anarquía entre la población del país. La ausencia de orden y la dejación de funciones de las fuerzas armadas provocó que un sinfín de arsenales quedaran desprotegidos. Casi un millón de armas se repartieron entre la población albanesa.

Las cárceles se abrieron. Miles de reos, muchos de ellos relacionados con el crimen organizado, salieron a la calle. Una vez armados, lograron hacerse con el poder de algunas regiones del país. Las líneas maestras de la guerra civil se entremezclaban con la ruina de millones de albaneses.

En definitiva, Albania se convirtió en un país sin ley, situación que sólo pudo ser resuelta por la intervención de tropas italianas en colaboración con otros países en lo que se dominó la "Operación Alba”. Comienzo a la transición hacia un sistema capitalista que no lograría en todo caso resolver el problema de extrema pobreza de Albania.

En un escenario de auténtica locura, los propietarios vendían sus casas para invertir y los granjeros se deshacían de sus explotaciones. De poco servían las llamadas de alerta del Banco de Albania que hasta entonces se había mostrado totalmente inoperante sobre la solvencia de estas compañías.

Tras diversas operaciones militares unilaterales por parte de Alemania y Estados Unidos, con objeto de extraer a sus ciudadanos del interior albanés, Naciones Unidas tomó la resolución de actuar en abril de 1997 enviando una fuerza Multinacional denominada operación Alba.

Aportada por Italia, preocupada por la creciente diáspora albanesa a consecuencia de la crisis. Más de 7.000 tropas italianas con la colaboración de otros efectivos internacionales entraron en Tirana Restaurando la seguridad en ciudades clave como Durres y Vlore.

La misión de la ONU tomó rápidamente el control de la capital, y ayudó a las autoridades de la capital a imponer la ley en el resto del país. A sugerencia del Fondo Monetario Internacional, el gobierno se negó a restituir las inversiones perdidas de los albaneses. Las tropas internacionales procedieron a requisar todo el armamento saqueado mientras una comisión técnica ordenaba las cuentas del país.

Albania tuvo que reestructurar su sector financiero mediante liquidaciones controladas reformas regulatorias y privatizaciones impulsadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que nombró administradores extranjeros independientes de firmas contables internacionales.

Se prometió a los depositantes la devolución de sus inversiones. Para ello se congelaron activos y se rastrearon fondos en el exterior, pero la realidad es que casi todos los perjudicados. No recuperaron sus fondos.