La crisis de la vivienda ya no es solo un problema económico, se ha convertido en un problema de salud mental. La escalada imparable de los precios, la falta de oferta y la dificultad extrema para ahorrar la entrada están generando un profundo desgaste emocional en miles de familias que quieren comprar una vivienda, pero no pueden hacerlo. Estrés, ansiedad, frustración y sensación de fracaso personal forman ya parte del día a día de quienes intentan sin éxito acceder a una hipoteca viable. Desde Trioteca, compañía líder en contratación digital gratuita de hipotecas en España, constatan un aumento significativo de las consultas motivadas no solo por la búsqueda de mejores condiciones financieras, sino por la angustia emocional asociada a la imposibilidad de acceder a una vivienda digna.
“Cada vez nos llama más gente completamente agotada, emocionalmente rota. No es solo una cuestión de números: es la ansiedad de no poder formar un proyecto de vida, de no poder independizarse, de no poder dar estabilidad a una familia. La vivienda se ha convertido en una fuente constante de angustia”, explica Ricard Garriga, CEO y cofundador de Trioteca.
La ansiedad de querer comprar y no poder
Comprar una vivienda es hoy, para muchos hogares, una carrera de obstáculos casi imposible, con alquileres que se llevan más del 40% del sueldo, precios de compra disparados, ahorro insuficiente para la entrada y endurecimiento de los criterios bancarios. Un cóctel perfecto para generar estrés crónico y sensación de bloqueo vital.
“Nos encontramos con parejas que lo tienen todo preparado: trabajo estable, ingresos suficientes, ganas de comprar… pero no logran reunir la entrada. Eso genera una enorme frustración y un desgaste psicológico tremendo. La gente siente que, por mucho que se esfuerce, el objetivo se aleja cada vez más”, señala Garriga.
En este contexto, Trioteca detecta un incremento sostenido de personas que buscan desesperadamente una hipoteca viable para escapar de alquileres asfixiantes o para no seguir posponiendo indefinidamente su proyecto de vida. “Hay un sufrimiento silencioso que no se está contando. Personas que viven con la angustia permanente de no saber si podrán seguir pagando su alquiler, si tendrán que mudarse otra vez o si llegarán tarde para comprar. Esto tiene un impacto directo en la salud mental”, añade el cofundador de la Asociación Española de Brókeres Hipotecarios (AEBH).
Cuando la vivienda deja de ser un bien y se convierte en un factor de riesgo
Diversos estudios académicos y organismos internacionales llevan tiempo alertando de la relación directa entre precariedad habitacional y problemas de salud mental. El estrés derivado de la inseguridad residencial, la sobreocupación, la imposibilidad de mantener una temperatura adecuada o el sobreesfuerzo económico están estrechamente ligados al aumento de cuadros de ansiedad, depresión y consumo de psicofármacos.
En ese aspecto, Garriga advierte que el problema no es solo la dificultad para comprar, sino la sensación de falta total de control que viven miles de familias. “Nuestro equipo recibe llamadas prácticamente a diario de personas perdidas que necesitan una guía sobre qué hacer para poder tener una vivienda con seguridad y unas condiciones que no sean asfixiantes”, subraya.
Uno de los principales focos de ansiedad detectados por Trioteca es la dificultad para reunir la entrada necesaria para comprar una vivienda. Aunque muchas familias podrían asumir una cuota hipotecaria razonable, el ahorro previo sigue siendo el mayor muro de contención. “La entrada es hoy el gran generador de angustia. Nos encontramos con perfiles solventes que no pueden comprar simplemente porque no han podido ahorrar lo suficiente. Esto genera una enorme sensación de injusticia y agotamiento emocional”, explica Garriga, quien menciona que esta situación provoca que muchas personas se queden atrapadas en el alquiler, sin capacidad real de avanzar, lo que multiplica el desgaste psicológico.
No limitarse a ayudas y regulaciones
Ante esta realidad, el CEO de Trioteca considera que la solución “no puede limitarse a más ayudas puntuales para minorías o a más regulación reactiva”. A su juicio, es necesario repensar el acceso a la vivienda desde la raíz, incorporando modelos de propiedad progresiva que permitan a las familias adquirir inicialmente un porcentaje del inmueble mientras una entidad mantiene el resto, con derecho a recomprarlo en el futuro a precio de mercado. “Esto reduciría drásticamente la barrera de entrada, hoy el mayor generador de ansiedad, y convertiría el acceso a la vivienda en un proceso escalonado, más humano y menos traumático”, apunta.
Además, Garriga defiende abordar con valentía “el verdadero muro invisible: la fiscalidad inicial”. Reducir o eliminar el ITP para primera vivienda en perfiles solventes pero sin ahorro suficiente, sostiene, tendría un impacto inmediato en la salud financiera y emocional de miles de familias. “No hablamos de regalar nada, hablamos de desbloquear talento y estabilidad vital. Si el problema es estructural, la respuesta también debe ser estructural. La vivienda no puede seguir siendo una fábrica de ansiedad; debe volver a ser un proyecto de vida posible”, concluye.