El Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) ha analizado la situación de la economía ante el conflicto con Irán, contemplando el efecto que podría causar en ella en diferentes escenarios, al tiempo que propone una serie de medidas para fortalecer a la economía española tanto ante esta crisis como de manera estructural. Visión de la situación. Ormuz. El conflicto con Irán está afectando al estrecho de Ormuz y, con ello, al tránsito comercial, tanto de petróleo como de otras mercancías esenciales para la economía internacional. De esa manera, el cierre del estrecho de Ormuz, no es un evento regional, es un shock sistémico de gran impacto sobre el comercio mundial, la energía y, en consecuencia, sobre el crecimiento.
Ormuz no es un paso cualquiera. Por él transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Es, por tanto, una arteria crítica del sistema económico global. Su bloqueo implica, de forma casi automática, una contracción de la oferta efectiva de crudo en los mercados internacionales. Y cuando la oferta de un bien esencial se restringe bruscamente, el resultado es conocido: un aumento significativo de precios.
El primer canal de transmisión es, por tanto, energético. Un encarecimiento abrupto del petróleo se traslada a toda la estructura de costes de la economía. El transporte —marítimo, terrestre y aéreo— se encarece, elevando los costes logísticos de prácticamente cualquier bien. La industria intensiva en energía ve deteriorados sus márgenes. Finalmente, el consumidor soporta el impacto vía inflación, especialmente en un contexto en el que sigue habiendo abundante liquidez en los mercados por parte de los bancos centrales. Así, se reduce el poder adquisitivo de los hogares y se contrae el consumo. Es, en esencia, un deterioro de renta real.
Comercio
El segundo canal es el comercio internacional. El aumento de los costes de transporte y la incertidumbre geopolítica generan una contracción del volumen comercial. Las cadenas de suministro, ya tensionadas en los últimos años, vuelven a fragmentarse. Las empresas reaccionan retrasando inversiones, acumulando inventarios o buscando rutas alternativas más costosas e ineficientes.
Aquí emerge un efecto relevante: la desglobalización forzada. No como una decisión estratégica, sino como una reacción defensiva ante el riesgo. Esto implica menor especialización, menor eficiencia y, en última instancia, menor crecimiento potencial.
Finanzas
El tercer canal es financiero. Los mercados reaccionan con aversión al riesgo. Suben las primas, cae la inversión y se refugia el capital en activos considerados seguros. Para economías altamente endeudadas —como la española— esto no es menor: encarece la financiación y reduce el margen de maniobra fiscal.
En el caso de España, además, el impacto es doblemente delicado. Como economía importadora neta de energía, el encarecimiento del crudo y la apreciación del dólar -divisa en la que se realiza el mayor número de transacciones de petróleo- deteriora la balanza por cuenta corriente y presiona a los precios. Y como economía de servicios, dependiente del consumo y del turismo, sufre especialmente la pérdida de renta real de los hogares europeos, que reducirán sus compras -las exportaciones españolas- y viajarán menos a España, con el impacto negativo en la rama de actividad turística, tan importante para la economía española. Este efecto podría verse parcialmente mitigado por la recepción de viajeros que cambien destinos en Oriente Próximo por España, si bien la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos de nuestros principales mercados emisores de turistas no deja de tener un impacto negativo.
Conviene subrayar un punto que suele olvidarse: estos shocks no son simétricos. No afectan a todos por igual ni se corrigen automáticamente. Los países más flexibles, con mercados laborales menos rígidos y menor carga regulatoria, tienden a adaptarse mejor. Aquellos que son más rígidos estructuralmente—como es el caso de España— pueden ver intensificado el impacto.
Estimación del impacto: escenarios
De esta manera, partimos de un escenario base de crecimiento a partir del cuadro macroeconómico del Gobierno, con un crecimiento del PIB estimado para 2026 del 2,24% y del empleo del 2,1%, con un deflactor del PIB del 2,1%.
Así, desde ese escenario base, contemplamos los siguientes escenarios que pueden darse, según dure el conflicto y la intensidad con la que se vean afectadas las distintas variables
En este contexto de guerra corta, sin un empeoramiento profundo de las variables, el crecimiento económico se reduciría al 2,06%, casi dos décimas menos, y el nivel de empleo crecería un 1,93% frente al 2,1% del escenario base. Aquí, el crecimiento intertrimestral del segundo trimestre (IITR) se quedaría plano, sin crecimiento, de apenas una centésima, como se puede comprobar, para crecimientos intertrimestrales e interanuales, en el anexo al final del documento.
En este escenario en el que la guerra se alarga, con una importante subida del barril de petróleo y una inflación persistente por encima del 4%, el crecimiento de la economía se vería reducido al 1,49%, siete décimas menos que en el escenario base, mientras que el empleo crecería un 1,4% frente al 2,1% del escenario base. El IITR entraría en crecimiento intertrimestral negativo, de dos décimas.
Ante un enquistamiento de la guerra, con precios del petróleo que alcanzaran de manera persistente los 150 dólares y una inflación por encima del 5%, las necesarias medidas de endurecimiento financiero podrían mermar de manera más acusada el crecimiento económico. Así, el PIB crecería un 0,53%, cerca de dos puntos menos que en el escenario base, con un crecimiento del empleo del 0,5% frente al 2,1%. En el IIITR, se entraría en recesión, al caer un 1,4% intertrimestral en el IITR y un 0,4% intertrimestral en el IIITR.
Por tanto, hablamos de un impacto que puede ir de una merma en el crecimiento de 2 décimas a casi 2 puntos y un impacto negativo en el empleo que se mueve entre casi 2 décimas y algo más de punto y medio.
Medidas a aplicar
En este contexto, la respuesta de política económica es crucial. Y, sin embargo, existe una tentación recurrente: intervenir precios, subvencionar consumos o aumentar el gasto público para “compensar” el shock. Estas medidas, aunque políticamente atractivas, suelen agravar el problema al distorsionar señales de mercado y generar déficit adicional. En este sentido, el Observatorio Económico de la UFV considera conveniente evitar respuestas que impliquen una mayor intervención de la economía, un incremento del gasto público o un aumento de la deuda pública, al entender que podrían acentuar desequilibrios estructurales de la economía española.
La alternativa —menos vistosa, pero más eficaz— pasa por reforzar la oferta: facilitar la inversión, reducir trabas regulatorias y permitir que los precios transmitan la escasez relativa. Solo así se incentiva la reasignación eficiente de recursos. De esa forma, se plantea aplicar un conjunto de medidas urgentes e importantes, que van desde la rebaja de impuestos hasta la realización de reformas estructurales:
Todo ello, como preámbulo de las grandes reformas que necesita la economía española para crecer de manera sostenible y productiva en el tiempo.
En definitiva, el cierre del estrecho de Ormuz va más allá de la cuestión energética, ya que es un impacto global que afecta a precios, comercio, inversión y crecimiento en el que, la diferencia entre una crisis transitoria y una prolongada dependerá de cada tipo de economía y de la política económica aplicada.
Según el análisis de la UFV, si se opta por incrementar el gasto público, podrían deteriorarse las perspectivas de la economía en el medio y largo plazo. Por el contrario, si se opta por aplicar rebajas de impuestos y medidas de reforma en la economía, la actividad económica y el empleo podrían mostrar una mayor capacidad de sostenimiento