Análisis y Opinión

El caso Palantir reabre el debate sobre los límites del ESG en la inversión en tecnología

ANÁLISIS PORTOCOLOM AV

Por Ana Guzmán Quintana, directora de inversiones y de impacto de Portocolom AV

Redacción | Miércoles 08 de abril de 2026

En Portocolom aplicamos un modelo de análisis bajo la premisa de que ninguna inversión es moralmente neutra. En este marco, monitorizamos de forma continua controversias relevantes, no solo a través de proveedores externos, sino mediante un análisis propio que incorpora señales cualitativas, contexto geopolítico y evolución de los modelos de negocio. Nuestro modelo integra rentabilidad, riesgo e impacto no como compartimentos estancos, sino como dimensiones interrelacionadas. La sostenibilidad, en este sentido, no es una capa decorativa ni un ejercicio de boxticking, sino una forma de entender el riesgo en sentido amplio.



El caso de Palantir Technologies se encuadra exactamente en ese terreno incómodo en el que los marcos tradicionales empiezan a mostrar sus límites.

El 13 de febrero de 2026 activamos una alerta interna relacionada con la compañía. No fue el resultado de un deterioro en ratings ESG ni de un cambio en clasificaciones sectoriales. La señal vino de una lectura acumulada de información cualitativa, contexto geopolítico y evolución del discurso público y estratégico de la empresa.

Entre los elementos que precipitaron el análisis destacaban tres hechos difíciles de ignorar: el uso de su tecnología en programas de identificación y localización de migrantes en Estados Unidos por ICE; las colaboraciones con el Ministerio de Defensa de Israel en un momento de máxima sensibilidad geopolítica; y las declaraciones públicas de su CEO, en las que se defiende de forma explícita y con mucha ilusión el uso de la tecnología en contextos de conflicto.

Nada de esto convierte automáticamente a Palantir en una “empresa de defensa” en sentido estricto. De hecho, la compañía no se clasifica como tal ni reporta ingresos en ese segmento. El elemento central es otro: su actividad presenta rasgos claros de tecnología de uso dual, con aplicaciones directas en ámbitos de defensa e inteligencia.

Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, Mensuram Bonam, estas cuestiones no se analizan de forma aislada ni están llamadas a producir una conclusión binaria. Se observan en conjunto, en la medida en que apuntan a riesgos potenciales en tres dimensiones críticas: la dignidad humana, por su impacto sobre derechos fundamentales como la privacidad o el trato a colectivos vulnerables; la paz y la seguridad, por el desarrollo de tecnologías diseñadas para operar en contextos de conflicto; y la gobernanza, en tanto que el discurso y la cultura corporativa ofrecen señales claras sobre la intencionalidad de la empresa.

Aquí conviene subrayar que no basta con analizar qué hace una compañía. Es imprescindible preguntarse para qué se utiliza lo que hace, y en qué contexto. Este es uno de los principales puntos ciegos de muchos marcos ESG tradicionales.

Gracias a nuestra herramienta interna de lookthrough, identificamos una exposición indirecta a Palantir en carteras asesoradas y gestionadas, a través de un fondo de tecnología con un peso reducido - en torno al 0,13%.

La conclusión podría haber sido relativamente sencilla: la exposición era reducida y por ende el impacto marginal. Sin embargo, este razonamiento deja fuera una cuestión relevante. La ética y el riesgo reputacional no se miden únicamente en puntos básicos de una cartera. En determinados casos, incluso una exposición limitada puede resultar cualitativamente significativa si pone de manifiesto una falta de coherencia entre el marco de inversión definido y las decisiones que finalmente se adoptan.

Con el objetivo de contrastar nuestra lectura, iniciamos un proceso de diálogo con el gestor del fondo en cuestión. En la reunión mantenida el 4 de marzo, el gestor defendió una tesis de inversión centrada en crecimiento y rentabilidad, argumentando que Palantir no debe considerarse una empresa de defensa, que las controversias no tienen impacto material y que la responsabilidad última recae en los gobiernos que utilizan la tecnología.

El intercambio fue útil precisamente porque dejó clara una diferencia de filosofía fundamental. Mientras que el gestor adopta una lectura predominantemente financiera, en Portocolom consideramos que la responsabilidad del inversor va más allá. Quien aporta capital participa, indirectamente, en la expansión de determinadas soluciones y modelos de negocio. Desde Mensuram Bonam, este punto es innegociable: analizar una compañía implica también analizar las consecuencias previsibles del uso de aquello que financia.

Durante el mes de marzo, diversas investigaciones independientes y publicaciones especializadas reforzaron nuestra lectura inicial, señalando la presencia de Palantir en carteras europeas pese a los riesgos identificados en materia de derechos humanos y uso de la tecnología. Esto confirmó que no se trataba de un caso aislado ni de una sensibilidad excesivamente estricta por nuestra parte

A la luz del análisis, decidimos proceder al reembolso del fondo en el que existía exposición a Palantir. La decisión respondió a una falta de alineación con nuestro marco de inversión, a una divergencia estructural con el gestor en la interpretación de los riesgos, y a una integración insuficiente de las implicaciones asociadas al uso dual de la tecnología.

El caso Palantir ilustra con claridad nuestra forma de entender la inversión sostenible. En sectores como la tecnología avanzada o la inteligencia artificial, los riesgos no siempre son visibles en los datos tradicionales. Exigen una lectura más profunda, contextual y filosófica.

Por eso sostenemos que la sostenibilidad exige criterio, no solo métricas. No se trata de posiciones absolutistas ni de binarismos simplistas, pero sí de reconocer que la coherencia en la inversión implica tomar decisiones. Incluso cuando la exposición es limitada.