Análisis y Opinión

Juan Roig se eleva ante la envidia y la ignorancia de las minorías

Juan Roig, presidente de Mercadona.

CARTA DEL PRESIDENTE

· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

Alfonso Merlos | Domingo 19 de abril de 2026

No ha trascendido demasiado pero su dimensión es categórica, pasa de la mera anécdota. El separatista que ahora se ha propuesto para seguir viviendo del cuento llevar la voz y el voto de los territorios españoles a los que odia, Rufián, denunciaba hace unos días ufano y en abierto reproche que la sociedad tiene un problema y que algo pasa “cuando un currela de Mercadona vota lo mismo que Juan Roig”.



El estrambote podría despacharse sin más aludiendo a dos de sus conocidas causas. La primera, que en España el primer deporte nacional, muy por encima del fútbol, es la envidia. La segunda, que si bien en la antigüedad los ignorantes o los bobos se tapaban y escondían para no dejar al descubierto sus carencias y vergüenzas, hoy la ignorancia y la bobería se exhiben grotesca e impúdicamente en el espacio público, seguramente en la convicción que tienen quienes hacen alarde de ellas de que en ese espacio público pulula también mucho ignorante, mucho bobo… y mucho envidioso. Podría añadirse como tercera causa, en clave de barra de bar -que es en la que se prodiga Rufián-, que este charlatán no le llega a la suela de los zapatos a Juan Roig, pero sería meter al separatista en la UCI.

La ignorancia y la bobería -ya se sabe- vienen aderezadas con el don de la oportunidad de quienes las ‘atesoran’. Tal es así que Rufián emitía este rebuzno justo en el momento en el que Juan Roig, en su muy cultivada y antigua faceta social y filantrópica, ampliaba las becas a 140 deportistas valencianos, acercándoles al sueño olímpico y pasando económicamente este apoyo de los 2.000 a los 16.000 euros anuales. Es la diferencia: mientras el pequeño separatista parasita y expolia el bolsillo del contribuyente, el gran empresario genera riqueza y la reparte a quienes la merecen, y ya van 14 años seguidos, ahora con la vista puesta en ‘Los Ángeles 28’.

Lo más positivo de rebuznos de esta índole, y de quienes contribuyen a su eco desde las más diversas esquinas y cunetas, es que son entre minoritarios y marginales. Dentro y fuera de España, Juan Roig tiene el máximo afecto y la máxima consideración de las mayorías, el respeto y la admiración. Su modelo de gestión ha logrado consolidar una de las compañías más sólidas del país y, sin duda, y más allá de los resultados económicos, uno de los aspectos más relevantes de su trayectoria es la política laboral que aplica y de la que hace gala, reconocida por otra parte en todo el globo.

Mercadona no solo ha crecido hasta convertirse en líder del sector de la distribución en España sino que lo ha hecho apoyándose en un enfoque que sitúa al trabajador en el centro de su estrategia. Este modelo, conocido internamente como el de “calidad total”, parte de una premisa clara: el éxito de la corporación depende directamente del bienestar y la estabilidad de su plantilla, empleado por empleado.

En un contexto en el que la precariedad laboral es una preocupación constante, Juan Roig ha destacado por ofrecer contratos indefinidos desde etapas tempranas, salarios por encima de la media y modelos de conciliación que, sin ser perfectos, han evolucionado y mejorado con el tiempo, con un carácter netamente adaptativo, adelantado, moderno.

Mientras una vasta capa de la casta política parasitaria detrae recursos de los maltrechos bolsillos de los ciudadanos, por las buenas o por las malas, Juan Roig ha defendido reiteradamente, cumpliendo en el terreno de los hechos, que invertir en sus empleados no es un coste, sino una palanca de productividad y compromiso, de generación exponencial de riqueza. Por añadidura, y como se sabe, su empresa reparte anualmente parte de sus beneficios entre los empleados, lo que refuerza la idea de que el éxito es compartido, y lo que genera un fuerte sentido de pertenencia a la organización entre esos currelas cuya orientación en el voto parece sorprender y escandalizar a sectores minoritarios y marginales entre nuestro sufrido elenco de politicuchos.

A más abundamiento, y mientras los ciudadanos soportan una casta política parasitaria más y más llena de personajes indoctos, que vienen de la nada, que jamás han tenido oficio ni beneficio y cuyo currículum cabe en el pico de una servilleta, para Juan Roig la formación de sus trabajadores ha jugado invariablemente un papel clave, con una capacitación profesional permanente dentro de Mercadona. Se llama apuesta por el talento: reduce la rotación y es un indicador relevante en términos de estabilidad laboral.

Hay que dejar, en suma, que esas minorías marginales, entrenadas en la vieja práctica del rebuzno, sigan su camino hacia la nada, por caro que nos cueste su vida y su objetivo, que no es otro que el trinque. El futuro siempre ha sido de los que, como Juan Roig, defienden la cultura del esfuerzo, algo que nunca interesará entender a quienes aspiran, sin dar un palo al agua, a vivir eternamente de la ubre del Estado.