El Departamento de Peritos Judiciales de AIF se ha convertido en una pieza clave para reforzar el rigor, la formación y la credibilidad de la prueba pericial. Al frente de esta apuesta se sitúa Fernando Lara, convencido de que la justicia no puede permitirse la improvisación cuando necesita conocimiento experto. Hay profesiones que no siempre ocupan titulares, pero que resultan decisivas cuando llega el momento de esclarecer los hechos. La del perito judicial es una de ellas. Desde mi experiencia profesional y desde la responsabilidad que ejerzo en AIF, lo afirmo con plena convicción: el peritaje judicial se ha convertido en una pieza esencial dentro del sistema de justicia actual.
Vivimos en un tiempo en el que los procedimientos son cada vez más complejos, más especializados y más exigentes. En ese escenario, el juez necesita apoyarse en profesionales capaces de aportar conocimiento técnico, análisis riguroso y conclusiones fundadas. Ahí es donde entra el perito judicial. No como una figura secundaria, ni como un mero acompañamiento del proceso, sino como un profesional que puede resultar determinante para comprender, valorar y decidir.
Siempre he defendido que el peritaje judicial no admite improvisaciones. No basta con conocer una materia. No basta con tener experiencia. No basta con emitir una opinión. El verdadero perito judicial debe saber analizar, documentar, estructurar, justificar y explicar. Debe convertir el conocimiento técnico en una prueba comprensible, útil y sólida. Debe mantener su independencia incluso en los asuntos más controvertidos. Y debe ser plenamente consciente de la enorme responsabilidad que asume cada vez que firma un dictamen.
Precisamente por eso considero que el Área de Peritos Judiciales de AIF es una de las áreas más importantes de nuestra organización. Porque no se limita a agrupar profesionales. Lo que hace es algo mucho más valioso: construir una estructura seria de respaldo, formación y exigencia en torno a una profesión que resulta imprescindible para la justicia.
Cuando hablo de la importancia de esta área, no lo hago en términos puramente asociativos. Lo hago desde la convicción de que la prueba pericial necesita instituciones que la dignifiquen, que la fortalezcan y que impulsen una verdadera cultura de calidad profesional.
Ese ha sido siempre mi enfoque. El prestigio del perito no se construye con apariencias, sino con trabajo bien hecho. Con informes sólidos. Con conclusiones bien argumentadas. Con metodología. Con serenidad. Con claridad. Y con una posición técnica que pueda sostenerse frente al examen judicial y frente a cualquier contradicción profesional.
Eso es lo que he querido impulsar desde la dirección del Área de Peritos Judiciales de AIF: una forma seria de entender la profesión. Una forma basada en el rigor, en la preparación y en el respeto absoluto por la verdad técnica.
Porque cuando una pericia está bien hecha, su valor es enorme. Puede aclarar un conflicto, cuantificar un daño, determinar una causa, valorar un bien o desmontar una apariencia engañosa. Puede aportar al procedimiento algo esencial: certeza técnica en medio de la controversia. Y eso, en el ámbito de la justicia, tiene un valor extraordinario.
La formación es necesaria para tener una base del prestigio profesional.
La realidad cambia, la litigación evoluciona y las exigencias técnicas son cada vez mayores. Por eso, la formación no puede ser un complemento. Tiene que ser la base.
En nuestro caso, esa formación se desarrolla a través de Círculo Financiero, como cauce de aprendizaje, actualización y especialización para los profesionales vinculados a esta área. Y considero que ese esfuerzo formativo es una de las grandes fortalezas del departamento, porque permite consolidar una visión del peritaje judicial más rigurosa, más completa y más preparada para responder a los desafíos reales del ejercicio profesional.
A lo largo de mi trayectoria también he colaborado con distintas universidades, participando en acciones formativas relacionadas con el ámbito pericial y con áreas técnicas de especialización. Esa experiencia me ha reafirmado en una idea fundamental: la calidad del perito no depende solo de sus conocimientos de origen, sino de su capacidad para seguir formándose, perfeccionando criterio y comprendiendo cada vez mejor la trascendencia judicial de su trabajo.
Dignificar el peritaje judicial
Durante mucho tiempo, la figura del perito judicial no siempre ha recibido el reconocimiento que merece. En ocasiones se ha simplificado su función. En otras, se ha banalizado su papel. Y a veces se ha olvidado que detrás de un buen informe pericial hay horas de estudio, análisis documental, comprobación, razonamiento y responsabilidad.
Por eso creo que una de las misiones más importantes de esta Área de Peritos Judiciales AIF es precisamente esa: dignificar la profesión.
Dignificarla significa defender que la prueba pericial no puede improvisarse. Significa recordar que no todo vale. Significa exigir preparación, seriedad, criterio y ética. Significa reforzar la idea de que el perito judicial no está para complacer a ninguna parte, sino para servir a la verdad técnica con independencia y responsabilidad.
Esa es la cultura profesional que siempre he tratado de impulsar: una cultura en la que el perito sepa que su prestigio no depende de un nombramiento, sino de la calidad de su trabajo. De la consistencia de sus conclusiones. De la forma en que explica su análisis. Y de la confianza que genera cuando interviene con claridad, firmeza y solvencia.
Una responsabilidad que va más allá del colectivo
Cuando defiendo el valor de nuestros compañeros como los Peritos Judiciales de AIF, no lo hago solo pensando en los profesionales que lo integran. Lo hago también pensando en abogados, en clientes, en tribunales y en el propio sistema de justicia.
Un buen informe pericial puede ayudar a evitar errores, a ordenar el debate, a clarificar hechos complejos y a ofrecer al juzgador una base objetiva sobre la que decidir con mayor precisión. Por eso, defender al perito judicial no es solo defender una profesión: es defender la calidad del proceso.
Y esa es, en el fondo, la razón por la que sigo creyendo con tanta firmeza en esta labor. Porque cuando una Asociación apuesta de verdad por sus peritos, no solo fortalece a un colectivo profesional. Fortalece la credibilidad de la prueba técnica, la solidez de los procedimientos y la confianza en una justicia construida sobre hechos, método y rigor.
Mirar al futuro con exigencia
Estoy convencido de que el futuro del peritaje judicial pasa por seguir elevando el nivel. Más formación. Más especialización. Más estructura profesional. Más claridad. Más responsabilidad. Más respeto por la verdad técnica.
Ese es el camino que seguimos impulsando desde AIF y desde su Área de Peritos Judiciales. Un camino basado en la convicción de que esta profesión merece ser cada vez más sólida, más respetada y más útil para la sociedad.
Porque, al final, cuando la justicia necesita respuestas técnicas, no puede permitirse la improvisación. Necesita peritos preparados, rigurosos y comprometidos con la verdad. Y esa es, precisamente, la razón de ser de nuestro trabajo.
“El peritaje judicial no admite improvisaciones: exige método, formación e independencia.”