Análisis y Opinión

Los olvidados de la "Revolución de los Claveles"

· Nuestros vecinos portugueses celebran, un año más, la última revolución romántica del siglo XX, que acabó con casi medio siglo del llamado Estado Novo

Luis Sánchez de Movellán | Jueves 23 de abril de 2026

Dirigida por jóvenes oficiales y soldados, hartos de una guerra colonial en los antiguos territorios africanos, la revolución clavelina pasará a la historia por haberse producido -teóricamente hablando- sin derramamiento alguno de sangre. Sin embargo, al anochecer del 25 de Abril de 1974, cuatro civiles y un agente de la policía política (PIDE-DGS) perdieron la vida frente a la sede del principal órgano policial de la dictadura portuguesa. Sus historias quedaron prácticamente olvidadas en los libros de historia y en las páginas de los periódicos, dado lo mucho que se cambió en aquel día. Un olvido que podríamos denominar circunstancial y no deliberado, pues la rendición del dictador Marcelo Caetano, momentos antes, hizo que lo que ocurrió en el entorno de la sede de la PIDE-DGS pasara a ser una anecdótica y sangrienta nota a pie de página, pues nada de lo que pasó allí fue considerado como central y determinante en la revolución.



Con el golpe ya en marcha, varias personas se dirigieron a la sede operativa de la policía política en una pequeña calle del centro histórico de Lisboa, la Rúa Antonio María Cardoso, donde se atrincheraban algunos agentes e informadores de la PIDE, pero el edificio había sido ignorado por el Movimiento de las FF.AA.(MFA), que no controlaban este lugar.

En un último gesto de desesperación y fuerza, desde las ventanas de la sede de la policía política, hubo quién disparó contra la multitud de civiles que se había congregado frente al edificio. Fue el episodio más oscuro de toda la jornada abrileña. Aún hoy no se sabe con certeza quién cogió el arma y disparó, pues nunca hubo una investigación ni juicio y no hay constancia oficial acerca del autor de los disparos. Algunos dicen que fue el Director de la PIDE, Silva Pais, pero no hay registros oficiales probatorios. Como resultado del tiroteo, cuarenta y cinco personas resultaron heridas, muriendo cuatro de ellas. Una pequeña placa en el lugar de los hechos, recuerda sus nombres. Las víctimas de aquel día fueron el estudiante de filosofía, Joâo Arruda; el camarero, Fernando Giesteira; el soldado de permiso, Fernando Barreiros dos Reis; y el administrativo, José Harteley Barneto.

A las 21,20 horas del 25 de Abril de 1974, aproximadamente una hora después de estas muertes y con los militares sublevados controlando todas las calles, una serie de funcionarios de la PIDE/DGS fueron detenidos tan pronto como salieron de la sede policial. Antonio Lage, miembro de la policía política, fue uno de los que se entregó voluntariamente. Fuera, en la calle, la gente gritaba nerviosa por las muertes ocurridas una hora antes: “¡Mátenlo, mátenlo, mátenlo!”. Las grabaciones de Radio Clube Português recogieron con fidelidad este momento de propuesta de linchamiento. El reportero Alfredo Favela preguntó a un ciudadano: “¿Qué hizo el tipo?”, respondiendo el interrogado: “El tipo se entregó, lo registraron y, al cabo de un rato, la gente empezó a gritar que lo mataran. El tipo empezó a huir, lo cogieron y lo mataron”. Fue la quinta persona asesinada el 25 de Abril de 1974 y la única que, en cierto modo, estaba alineada con el régimen derrocado. No fue hasta la mañana del día 26, que los militares consiguieron entrar en la sede de la PIDE/DGS, después ya de que la dictadura hubiera caído.

Aquel jueves abrileño, Portugal despertó de un mal sueño. Aquel día los militares tomaron el poder pacíficamente, con claveles en las bocachas de los fusiles. Aquella revolución comenzó con la frase que el Capitán Fernando José Salgueiro Maia dirigió a los soldados de la Escola Pratica de Cavalaria de Santarem: “Señores, como todos ustedes saben, hay diferentes tipos de Estados. Estados socialistas, Estados capitalistas y el estado al que hemos llegado. Ahora, en esta noche solemne, vamos a terminar con el estado al que hemos llegado”.

Aquel 25 de Abril primaveral fue “el día inicial, entero y limpio -como dijera la poeta Sophia de Melo Breyner-, en que salimos de la noche y del silencio para habitar libremente la sustancia del tiempo”.