Sociedad

Gibraltar, un paraíso en peligro: vertidos sin depuradora, rellenos al mar y la amenaza mortal a la Patella ferruginea

Patella ferruginea en el fondo marino.

GIBRALTAR: TERRITORIO PIRATA PENDIENTE DE DESCOLONIZACIÓN

(El autor es director de ElMundoFinanciero.com, periodista, divulgador ambiental y autor del libro "Cambio climático sin complejos")

José Luis Barceló Mezquita | Lunes 27 de abril de 2026

Mientras el ministro principal Fabián Picardo celebra en foros internacionales el “acuerdo histórico” con la UE y España, las aguas que rodean el Peñón y sus costas siguen sufriendo una de las situaciones ambientales más precarias del sur de Europa. La ausencia de una depuradora operativa, los continuos proyectos de ocupación del mar y la especulación inmobiliaria desbocada están degradando ecosistemas marinos y poniendo en jaque a especies estrictamente protegidas, como la emblemática Patella ferruginea, uno de los invertebrados marinos más amenazados del Mediterráneo occidental.



Desde hace casi tres décadas, Gibraltar vierte directamente al Estrecho más de un millón de metros cúbicos anuales de aguas residuales sin tratar. El problema no es nuevo: data de 1998 y ha sido objeto de sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, denuncias de grupos ecologistas y protestas de las localidades vecinas de Algeciras y La Línea. Aunque en octubre de 2025 comenzaron las obras preliminares de la futura Estación Depuradora de Aguas Residuales en Europa Point —adjudicada a Ecowaters Limited y prometida desde el manifiesto de 2011—, la planta no estará operativa hasta dentro de al menos un par de años. Mientras tanto, las corrientes del Estrecho arrastran los vertidos hacia playas españolas, con el consiguiente riesgo sanitario y ecológico.

El segundo gran frente es la ocupación del mar. Gibraltar, con apenas 6,8 km² de superficie, lleva décadas recurriendo a la reclamación de tierras para ganar espacio. El proyecto Eastside, impulsado por la empresa vietnamita TNG Global Foundation, es el más controvertido: un complejo de lujo con hotel, 1.200 viviendas con vistas al mar, tiendas exclusivas y una marina para megayates que requiere rellenar decenas de hectáreas frente a la costa este.

En paralelo, el Gobierno anunció recientemente una nueva ampliación en la Bahía interior de 47.000 m² para construir unas 1.550 viviendas, utilizando escombros procedentes de la excavación del túnel del aeropuerto.Organizaciones como Verdemar-Ecologistas en Acción han elevado el caso a las instituciones europeas, denunciando que estos rellenos destruyen fondos marinos, alteran corrientes, generan sedimentación y contaminan con materiales de construcción. Los ecologistas alertan de que las obras se realizan en zonas de alto valor ecológico sin una evaluación de impacto ambiental suficiente, violando directivas europeas que Gibraltar, como territorio británico de ultramar, sigue obligado a respetar en el marco del nuevo tratado post-Brexit.

El daño es especialmente grave para especies protegidas. La Patella ferruginea, conocida como “lapa ferruginosa” o “ribbed limpet”, es un molusco endémico del Mediterráneo que figura en el Anexo IV de la Directiva Hábitats de la UE, en el Convenio de Berna y en el de Barcelona.

Vive exclusivamente en la franja superior intermareal de costas rocosas expuestas a oleaje, con altos niveles de oxígeno y baja contaminación. Los rellenos costeros y la polución orgánica por vertidos fecales destruyen precisamente su hábitat: la especie ya ha desaparecido de gran parte de las costas continentales europeas y solo sobreviven poblaciones fragmentadas en el Estrecho, Ceuta y algunos enclaves norteafricanos. Estudios científicos destacan que el desarrollo urbanístico costero y la contaminación por aguas residuales son las principales causas de su regresión, junto con la recogida ilegal.“Gibraltar está convirtiendo el Estrecho en un vertedero mientras presume de sostenibilidad”, denunció recientemente Verdemar, que ha presentado vídeos y denuncias ante el Parlamento Europeo.

El Gobierno gibraltareño responde que los proyectos cuentan con estudios independientes que minimizan el impacto y que la futura depuradora y otras medidas (como la Ley de Cambio Climático y la protección de zonas marinas) demuestran un compromiso real. Sin embargo, los hechos sobre el terreno —vertidos diarios, grúas en el mar y promociones de lujo— pintan un panorama muy distinto. De hecho, desde 1991 se han venido produciendo importantes proyectos inmobiliarios especulativos en Gibraltar, comenzando por Marina Bay, y terminando por el nuevo proyecto en las proximidades de Catalan Bay, el fastuoso Eastside Gibraltar, un megaroyecto que está acumulando denuncias globales, con ocupación de aguas hacia el litoral español, incluyendo fondos rocosos protegidos medioambientalmente, para construir viviendas, casinos y puertos deportivos.

Los vertidos producidos de manera irresponsable con la práctica del Bunkerin dejan a España sin protección ante los avasallamientos de la Colonia británica, que ermite un esceso de vertidos como los ya denunciados del SM Kestrel contra MVDiamond Star, Gloria Maris contra HMM Saint Petesburg, Gas Venus, OS35 contra Adam LNG o NA Ghent.

La paradoja es evidente: el mismo Peñón que negocia con España y la UE una nueva era de cooperación y libre circulación de personas y mercancías sigue sin resolver sus problemas ambientales más básicos. Mientras no entre en funcionamiento la depuradora y se paralicen o rediseñen los macroproyectos de relleno que amenazan hábitats críticos, la “prosperidad compartida” del Campo de Gibraltar quedará ensombrecida por un mar contaminado y unas costas cada vez más artificiales.

La Patella ferruginea no vota, pero su supervivencia es el termómetro real de si Gibraltar está dispuesto a pasar de las palabras a los hechos en materia ambiental.

Por ahora, el reloj sigue corriendo.