Inmobiliaria

El operador de Coliving: de gestor a agente de impacto social

· Por Araceli Martín-Navarro, Presidenta COWORD y CEO EF Plus Group

Sábado 02 de mayo de 2026

El Flex Living avanza hacia una fase de consolidación donde solo prosperarán los operadores que integren comunidad, tecnología y visión de largo plazo. El coliving se ha instalado como una de las respuestas más visibles a las nuevas formas de vivir. Tradicionalmente lo hemos asociado a nómadas digitales, jóvenes profesionales, expatriados, perfiles corporativos en movilidad o personas en etapas de transición vital o laboral.



Sin embargo, más allá de estas tipologías, el coliving empieza a consolidarse como una respuesta a retos sociales estructurales: el acceso a la vivienda, la soledad no deseada o la necesidad de nuevos modelos de comunidad en entornos urbanos cada vez más complejos.

El sector está evolucionando hacia un modelo más sofisticado, donde convergen el inmobiliario, el hospitality y la gestión activa de comunidades. Y en este contexto, también está cambiando la forma de entender la inversión.

En coliving ya no basta con analizar el activo. El valor real está en quién lo opera. A diferencia del alquiler tradicional, donde la rentabilidad depende principalmente de la ubicación o del edificio, aquí aparece una capa decisiva: la gestión diaria. El operador deja de ser un intermediario para convertirse en el elemento que determina la ocupación, la experiencia del residente y, en consecuencia, la sostenibilidad del modelo.

Pero este cambio además de económico, es también social. Porque el operador que gestiona los espacios: empieza a gestionar las formas de vida.

De la expansión a la consolidación

El crecimiento del coliving a nivel global ha sido notable. El sector alcanza en 2026 un volumen estimado de 13.500 millones de dólares, con previsión de llegar a 35.000 millones en 2030, impulsado por una tasa de crecimiento anual cercana al 21%. Más de 500.000 camas operativas en más de 300 ciudades reflejan ya una escala global.

Europa lidera el mercado con aproximadamente un 45% del total, seguida de Asia-Pacífico (25%) y Norteamérica (20%). Este reparto confirma que no estamos ante un fenómeno coyuntural, sino ante una transformación estructural del modelo residencial urbano.

Este desarrollo ha venido acompañado de un fuerte interés inversor. Solo en 2025, el capital institucional desplegado en el sector superó los 4.000 millones de dólares, consolidando el coliving como una clase de activo dentro del living sector. Las operaciones institucionales se sitúan habitualmente entre 15 y 30 millones de euros, con rentabilidades objetivo entre el 12% y el 18%, y cap rates en torno al 5%–7% en activos estabilizados.

Sin embargo, este modelo no puede analizarse únicamente en términos financieros. Su verdadero valor reside en su capacidad de generar entornos habitacionales más eficientes, flexibles y socialmente conectados.

El mercado también ha dejado aprendizajes importantes. El caso de The Collective evidenció que la ambición y el diseño no son suficientes sin una estructura financiera sólida. De forma similar, la evolución de Quarters refleja los retos operativos y regulatorios de gestionar estos activos en distintos países.

La conclusión es clara: el coliving no falla por falta de demanda, sino por la complejidad de su ejecución.

España: oportunidad y transformación

España se ha convertido en uno de los mercados más atractivos para el desarrollo del coliving en Europa. La calidad de vida, la llegada de talento internacional y la presión sobre el alquiler tradicional están impulsando este modelo con fuerza. Hasta ahora, el mercado ha sido fragmentado. Han convivido grandes operadores internacionales con respaldo de capital, junto a operadores más pequeños centrados en la experiencia y gestores locales de activos individuales.

Aquí es importante diferenciar: existen operadores-inversores, que desarrollan, financian y operan sus propios activos, y operadores puros, que gestionan para terceros. Esta dualidad será cada vez más relevante. El sector está entrando en una fase de mayor profesionalización. La ocupación en mercados maduros alcanza de media el 92%, confirmando la resiliencia del modelo cuando está bien operado. Los ingresos por cama disponible se sitúan entre 850 y 1.200 dólares mensuales, con primas del 20% al 40% frente al alquiler tradicional.

La entrada de capital institucional y la sofisticación de la demanda están acelerando un proceso de selección natural. La llegada de grandes plataformas como Greystar, a través de Be Casa, introduce estándares propios del hospitality: procesos más maduros, producto homogéneo y vocación de escala. En paralelo, operadores como Node Living refuerzan modelos donde la experiencia del residente y la comunidad adquieren un papel central.

Invertir en coliving: más allá del activo

El coliving está transformando la forma en que los inversores analizan los activos. Ya que se evalúa como un producto inmobiliario, y por su rendimiento que depende directamente de la capacidad de gestión. El primer factor es la solvencia financiera del operador. En un modelo intensivo en operación, la capacidad de sostener costes, adaptarse a ciclos y mantener la calidad del servicio es clave. La entrada de fondos de inversión aporta disciplina, estabilidad y capacidad de crecimiento.

A esto se suman indicadores operativos consolidados: ocupaciones superiores al 90%, costes de adquisición de residentes entre 150 y 400 dólares, y estancias medias de 8 a 12 meses.

Y hay un tercer elemento imprescindible: la tecnología. Un 65% de los operadores utiliza sistemas específicos de gestión, el 45% ha incorporado soluciones inteligentes y aproximadamente un 20% integra herramientas de automatización o inteligencia artificial. La tecnología no solo permite escalar el modelo, sino también personalizar la experiencia y mejorar la calidad de vida del residente.

La comunidad como verdadera ventaja competitiva

Más allá de lo financiero y lo operativo, el coliving se sostiene sobre un elemento diferencial: la comunidad. Bien gestionada, mejora la experiencia del residente, además de que tiene un impacto directo en su bienestar emocional, en la retención y en la estabilidad de ingresos. Los datos lo confirman: los operadores que organizan tres o más actividades semanales alcanzan tasas de renovación del 48%, frente al 32% en aquellos con menor actividad comunitaria.

Pero el impacto va más allá de la rentabilidad. La comunidad se convierte en una herramienta para combatir la soledad urbana, fomentar la integración y generar entornos más humanos dentro de ciudades cada vez más complejas. El reto está en el equilibrio. Algunos operadores han desarrollado propuestas muy potentes desde lo experiencial, pero sin estructura económica suficiente. Otros, más orientados a escala, corren el riesgo de diluir el componente comunitario. Encontrar ese equilibrio será clave.

Un sector cada vez más transparente. A medida que el mercado madura, también lo hacen las herramientas para entenderlo. Plataformas como Coliving.com o Mapmelon permiten visualizar la oferta global y comparar modelos.

Iniciativas como la Emerging Operator Directory están aportando una mayor transparencia, clasificando operadores a nivel internacional y facilitando la toma de decisiones en un sector todavía en consolidación.

El operador como clave del futuro. El coliving entra en una etapa más exigente. La innovación y el diseño siguen siendo importantes, pero ya no suficientes. El mercado empieza a exigir ejecución, disciplina y visión de largo plazo. En este nuevo escenario, no todos los operadores tendrán recorrido. Quedarán fuera aquellos que no sean capaces de integrar comunidad, tecnología y respaldo financiero.

Pero, sobre todo, quedarán fuera quienes no entiendan que el coliving ya no es solo un producto inmobiliario. Es una nueva forma de habitar. El operador deja de ser un gestor de activos para convertirse en un facilitador de experiencias de vida, de relaciones y de comunidad. Y en un momento de transformación social como el actual, esa responsabilidad trasciende lo inmobiliario para situarse en el ámbito del impacto. Porque el futuro del flex living no se va a definir solo por cómo se construyen los espacios, sino por cómo se construyen las relaciones dentro de ellos.

Como decía Eric Hoffer: “En tiempos de cambio, los que están abiertos al aprendizaje heredarán el futuro.”