Análisis y Opinión

SCRATS: hechos frente a ideología en el debate del agua en España

CARTA DEL PRESIDENTE

· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

Alfonso Merlos | Domingo 03 de mayo de 2026

En los últimos días ha vuelto a emerger uno de los debates más trascendentes a los que se viene enfrentando España en las últimas décadas y que, como tantos otros, queda abierto aún, cuando no en suspenso. La Región de Murcia y la Comunidad Valenciana han vuelto a reclamar un Plan Hidrológico Nacional que garantice “agua para todos”: aumentando las infraestructuras (tanto embalses como conducciones), permitiendo interconexiones entre cuencas cuando sean viables, apostando por una gestión más centralizada y menos desvertebrada del agua, invirtiendo más en obras hidráulicas en aras de una más eficiente redistribución.



El fondo de este debate crucial es mucho más que político, mucho más que social y empresarial, y es imposible de entender sin el papel capital que se ha desempeñado, sin reservas y sin tregua, en una labor rigurosa y profundamente comprometida, desde el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS).

A lo largo de décadas -se dice pronto pero la constancia hay que demostrarla-, esta organización se ha instituido en piedra angular no solo en la defensa de los intereses de los regantes del sureste español, sino también en la construcción de un modelo agrícola eficiente, competitivo y clave para el conjunto del país.

Hablar de SCRATS es hablar de responsabilidad y -valga el juego de palabras- de altura de miras. En un territorio marcado por la escasez hídrica estructural, como es la Región de Murcia y buena parte del Levante, los regantes han sabido convertir una limitación en una oportunidad. Lejos de caer en el inmovilismo o la queja estéril, han liderado una transformación ejemplar basada en la innovación y el aprovechamiento máximo de cada gota de agua disponible. Hoy, gracias en gran parte a esa gestión, y a pesar de los pesares, Murcia es una potencia agroalimentaria de primer nivel en Europa.

El acueducto Tajo-Segura, cuya gestión y defensa ha sido uno de los pilares de SCRATS, no es simplemente una infraestructura hidráulica: es un instrumento de cohesión territorial y de desarrollo económico. Ha permitido llevar vida, empleo y riqueza a zonas que, de otro modo, estarían condenadas a la desertificación económica. Y lo ha hecho bajo criterios de uso responsable del agua, con sistemas de riego altamente tecnificados que son referencia internacional.

Resulta especialmente destacable que, frente a discursos simplistas o a menudo cargados de prejuicios, SCRATS ha mantenido siempre una actitud constructiva, alejada de la refriega ideológica o el vano sectarismo. Su reivindicación histórica de un Plan Hidrológico Nacional no responde a un interés egoísta sino a una visión integradora de España en la que los recursos se gestionan con sentido común, solidaridad y eficacia, evitando desigualdades injustificadas.

Además, el sindicato ha sido pionero en impulsar prácticas sostenibles mucho antes de que estas se convirtieran en una exigencia global. La reutilización de aguas, la modernización de regadíos y la optimización de consumos son hoy estándares en el sureste gracias al esfuerzo continuado de los regantes. Y esta experiencia acumulada convierte a SCRATS en un actor imprescindible para diseñar soluciones de futuro.

No se puede ignorar tampoco el impacto social de su labor. Detrás de cada hectárea cultivada hay miles de familias, empleos directos e indirectos y un tejido productivo que sostiene comarcas enteras. Defender el agua para el regadío en estas zonas es, en realidad y por tanto, defender la estabilidad económica y social de una parte fundamental de España.

En este sentido, las recientes declaraciones de López Miras y Pérez Llorca en el ‘Foro Tertulia La Luz’ que vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de una planificación hidrológica nacional no hacen sino reforzar una idea de la que SCRATS ha hecho invariablemente bandera: el agua debe ser un recurso compartido, gestionado con visión de Estado y no como un arma de confrontación política.

Sí. La sociedad civil organizada puede contribuir de manera decisiva al progreso de un país. Y sí. En tiempos de incertidumbre climática y tensiones territoriales y hasta partidistas, conviene recordar que hay instituciones independientes que, como SCRATS, han sabido estar al nivel del desafío. Reconocer su trayectoria no es solo un ejercicio de justicia, sino también una invitación a aprender de quienes llevan lustros gestionando con éxito uno de los recursos más valiosos y limitados que tenemos: el agua.