Este nuevo escenario, unido a la presión económica que arrastran muchas familias y autónomos desde la pandemia y la subida de tipos, está provocando un incremento notable de solicitudes y consultas en despachos especializados. “Estamos viviendo un punto de inflexión: hoy un particular o un autónomo con deudas realmente insostenibles tiene más herramientas legales que nunca para empezar de cero, pero el margen de error también es mayor”, afirma José Montero, socio director del despacho.
Un “paraguas legal” para particulares y autónomos
La Ley de Segunda Oportunidad permite a personas físicas y autónomos negociar con sus acreedores bajo un auténtico “paraguas legal” y, finalmente, solicitar la cancelación total o parcial de sus deudas mediante la exoneración del pasivo insatisfecho. “Es un mecanismo pensado para quien ha actuado de buena fe y se ha visto sobrepasado por las circunstancias; no es un atajo para el que pretende aprovecharse del sistema”, subraya.
Aunque la normativa existe desde 2015, su conocimiento entre la población general sigue siendo limitado, mientras que su uso crece año a año, especialmente entre autónomos y pequeños empresarios que han tenido que cerrar o reducir drásticamente su actividad.
Más opciones con la vivienda y menos intermediarios
Una de las novedades que más interés está generando entre los potenciales beneficiarios es la posibilidad, en determinados supuestos, de mantener la vivienda habitual sin necesidad de liquidarla, articulando un plan de pagos de hasta cinco años sobre las deudas restantes. Para muchas personas la pregunta clave ya no es solo si van a poder cancelar sus deudas, sino si van a perder su casa en el intento.
La desaparición de figuras como el mediador concursal y la intervención notarial en la fase inicial ha simplificado el procedimiento y reducido plazos y costes, que en la práctica suelen situarse entre los 3.500 y los 8.000 euros, dependiendo del volumen de deuda y la complejidad del caso. Se ha avanzado hacia un sistema más directo, más rápido y, sobre todo, más previsible para el deudor honesto.
El papel de la deuda pública y las nuevas sentencias
Uno de los grandes puntos de fricción históricamente ha sido el tratamiento de la deuda pública. Las últimas reformas, sumadas a la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y a las recientes sentencias del Tribunal Supremo, han abierto la puerta a la exoneración de cuantías cada vez más relevantes con la Agencia Tributaria y la Seguridad Social, bajo condiciones estrictas.
En la práctica ya se están viendo resoluciones que permiten perdonar importes que hace pocos años parecían impensables cuando el acreedor era la Administración. Sin embargo, un mal planteamiento procesal o un incumplimiento del plan de pagos puede echar por tierra toda la exoneración, lo que refuerza la necesidad de un asesoramiento especializado.
De la teoría a los casos reales: un fenómeno social
Los medios recogen con frecuencia historias de personas a las que se les han perdonado deudas superiores a los 80.000 o 100.000 euros, e incluso varios cientos de miles, tras acreditarse su buena fe y la imposibilidad real de pago. Detrás de cada auto de exoneración suele haber un drama personal: familias que han avalado a hijos, autónomos que han caído por la competencia desleal o por un cambio de mercado que no pudieron prever.
Cada exoneración completa devuelve capacidad de consumo, de emprendimiento y de estabilidad económica a una persona, con un impacto directo en la economía real más allá del propio caso individual.
Llamamiento a la información rigurosa
Desde el sector jurídico se insiste en la importancia de combatir los mensajes simplistas que presentan la Ley de Segunda Oportunidad como una “barra libre” para dejar de pagar deudas. No todo el mundo puede acogerse, no en todos los casos se consigue una exoneración total y el control judicial es exhaustivo.
El procedimiento exige cumplir condiciones como acreditar la buena fe, no haber cometido determinados delitos en los últimos diez años y aportar información veraz y completa sobre el patrimonio y las deudas. “Ser un buen deudor es el punto de partida; sin eso, la Segunda Oportunidad se convierte en una falsa esperanza”, resume Montero de Cisneros Abogados en su análisis interno de la situación.