Su enfoque es claro: estructurar datos, automatizar procesos y evitar lagunas que permiten el greenwashing. Con la llegada de la CSRD, muchas organizaciones saben que deben cumplir, pero no cómo traducir la normativa en procesos digitales útiles. Martínez se mueve justo en esa intersección: tecnología aplicada a sostenibilidad para tomar decisiones coherentes y medibles.
Una arquitectura digital bien hecha reduce errores, costes y consumo energético, y dificulta manipular datos. También obliga a conectar áreas que hoy funcionan aisladas, origen de muchas contradicciones internas.
ENTREVISTA
Yel Martínez: Mi trayectoria no es lineal. Pasé por sociología, sanidad y marketing. En la EAE Business School entendí la parte estratégica, pero faltaba la ejecución técnica. Eso lo aprendí por mi cuenta: HTML, CSS, Python para datos y PHP para entender una web desde dentro.
En medio ambiente vi el mismo problema que en el marketing vacío: mucho discurso y pocos datos. Sin indicadores reales, todo se queda en intención. Yo prefiero hechos, por eso me involucré como embajadora en el programa europeo de investigación AURORA, donde se trabaja precisamente midiendo el impacto real.
Y.M.: Más de lo que parece. El consumo energético y la refrigeración de los servidores dependen de la carga que les metes. No es magia: es trabajo técnico. Limpiar, optimizar y quitar procesos que sobran. Cuando el sistema trabaja menos, contamina menos.
Y.M.: Transparencia real. Datos estructurados y automatizados permiten detectar desviaciones, corregir en tiempo real y conectar áreas que hoy se contradicen.
He visto organizaciones financiar eventos contaminantes sin medir nada y, a la vez, recortar en biodiversidad o agua. Esa incoherencia existe porque los datos no están conectados.
La tecnología bien aplicada no solo mide: ayuda a decidir con coherencia.
Y.M.: La IA acelera a quien tiene bases sólidas, pero también da apariencia de autoridad a quien no sabe. Puedes generar un informe impecable sin entender nada: eso es greenwashing automatizado.