Salud

El hantavirus y el daño emocional

· Por Pilar Enjamio, psicóloga

Martes 02 de junio de 2026

La verdad es que, cuando creíamos que la pesadilla, el dolor y la angustia generados por el Covid habían terminado, surge un nuevo virus: el hantavirus. Lo que comenzó como un crucero de placer y desconexión mental terminó en confusión y tragedia. Todavía se desconoce el origen exacto, aunque se sabe que proviene de los roedores. Un matrimonio que había desembarcado antes no sabía que era portador de este virus letal.





Lo peor que puede suceder en estos casos, a nivel político y epidemiológico, es la duda que genera la contradicción en las informaciones. Al principio parecía no haber problema si no existía un contacto muy directo, pero resulta que ahora la cepa "Andes" es letal. Los síntomas pueden no aparecer de inmediato; existe una fase anticipatoria o prodrómica que dura de tres a seis semanas, con síntomas similares a la gripe que pueden desembocar en graves problemas cardíacos y respiratorios. Lamentablemente, un menor de 14 años en Chile ya perdió la vida tras manifestarse los síntomas.

Es fundamental no alarmar a la población, pero sí hablarle con claridad sobre el peligro y la adopción de medidas preventivas. Se necesita la VERDAD, con mayúsculas, y no titubeos. Esta afectación emocional la sufrirán quienes vivieron la angustia del encierro y de un futuro incierto al tener contacto con fallecidos o portadores. Los ciudadanos de a pie están en riesgo, ya que quienes desembarcaron antes han estado en contacto con personas en aviones, hoteles y en su vida cotidiana.

El contacto más directo es el íntimo (sexual o salival), pero aún no sabemos con certeza hasta qué grado llega ese "contacto directo": si basta con ir en un ascensor o dormir en la cama de un hotel que usó otra persona. Ante esto, nos preguntamos por qué España siempre tiene que ser la única solidaria. Aunque en Tenerife, donde llega el barco, haya una distancia con la población civil, el dispositivo de la Guardia Civil, las Fuerzas de Seguridad, los trabajadores del puerto, ambulancias y aviones —aun con protección— tienen familias que son parte de esa población.

Es crucial la labor de los GIPEC (Grupos de Intervención Psicológica en Catástrofes y Emergencias) para evitar el daño mental y brindar tranquilidad. Se requiere un trabajo conjunto de medios, psicólogos, personal sanitario especializado y nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. De lo contrario, se corre el riesgo de desarrollar el "síndrome de la jaula", agorafobia, depresión, miedo a viajar o pesadillas. Por ello, al igual que cuidamos la salud física, hay que proteger la salud mental. A nivel político, se debe actuar con rapidez, protocolos válidos y, sobre todo, basados en la verdad y el cuidado de la población.