La decisión del Banco Central Europeo (BCE) de elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta el 2,25%, en respuesta al repunte de la inflación registrado en los últimos meses, marca un nuevo escenario para los mercados y para el acceso a la financiación de familias y empresas. En el ámbito residencial, el foco suele situarse de forma inmediata en el encarecimiento de las hipotecas, pero para Carles Ribes, CEO de The Barrio, el principal efecto de esta medida será otro: la racionalización de los precios de la vivienda.
"Cuando los tipos suben, la primera lectura suele ser que las hipotecas se encarecen. Y es cierto, pero la consecuencia más importante es que cambia la capacidad real de compra de los compradores", explica Ribes.
Según el experto inmobiliario, el aumento del coste de la financiación obliga a muchos potenciales compradores a replantear sus decisiones. En algunos casos será necesario aportar más ahorro previo, acreditar mayores ingresos o ajustar el presupuestodestinado a la compra de vivienda.
Como consecuencia, se reduce la demanda efectiva del mercado, entendida no como el número de personas interesadas en comprar, sino como aquellas que realmente pueden hacerlo en las condiciones actuales.
"El mercado no fija los valores únicamente en función de las operaciones del pasado o de las expectativas de los propietarios. El precio real de una vivienda depende de que exista un comprador capaz de financiarla", señala Ribes.
Para el CEO de The Barrio, el nuevo contexto monetario actuará como un factor de ajuste sobre aquellas viviendas que salen al mercado con precios alejados de la realidad de la demanda, mientras que los inmuebles bien ubicados, correctamente presentados y con valoraciones competitivas seguirán encontrando comprador, aquellos que partan de expectativas excesivamente optimistas podrían afrontar periodos de comercialización más largos o verse obligados a corregir su precio.
"Cuando el crédito se encarece, el mercado se vuelve más selectivo. Las viviendas que responden a la realidad del mercado siguen moviéndose, mientras que las que están por encima encuentran más dificultades para cerrar operaciones", afirma.
Para Ribes, esta situación no debe interpretarse como un deterioro del mercado residencial. De hecho, considera que la demanda sigue mostrando fortaleza gracias al desequilibrio existente entre oferta y demanda en muchas ciudades españolas.
"No estamos ante una desaparición de la demanda. Hay poca oferta y sigue existiendo interés comprador. Lo que ocurre es que el mercado entra en una fase de racionalización que ayudará a ajustar expectativas y a consolidar precios más coherentes con la capacidad real de compra", concluye.