La plantilla de CEASA ha convocado cinco días de huelga, desde las 6:00 horas del próximo martes 16 de junio hasta las 6:00 horas del domingo 21. La movilización supondrá el paro total de las instalaciones y responde a una situación que los representantes de los trabajadores califican como un punto de inflexión en las relaciones laborales dentro de la empresa. El detonante inmediato del conflicto ha sido la ejecución de tres despidos forzosos apenas unos días después de cerrarse con éxito el proceso de salidas voluntarias contemplado en el ERE acordado en febrero de 2026 y vigente hasta diciembre de 2027.
Para la representación de los trabajadores, estos despidos chocan frontalmente con el espíritu del acuerdo alcanzado. No puede olvidarse que una de las razones fundamentales por las que la parte social aceptó un expediente tan duro fue precisamente evitar medidas traumáticas para la plantilla. Sin embargo, la empresa ha optado por recorrer ese camino igualmente.
Además, las causas económicas y organizativas alegadas para justificar estas extinciones son, en esencia, las mismas que sirvieron para sustentar el propio ERE. Una circunstancia que plantea serias dudas sobre la coherencia de las decisiones adoptadas y sobre la transparencia con la que se desarrolló todo el proceso negociador.
Para los trabajadores, esta decisión ha supuesto la ruptura definitiva de la confianza que permitió alcanzar el acuerdo del expediente.
Pero los despidos no son más que la gota que ha colmado el vaso, la convocatoria de huelga responde también a una larga lista de incumplimientos y problemas pendientes que la dirección sigue sin resolver:
Incumplimiento del acuerdo de producción mínima. Incumplimientos reiterados del convenio colectivo y de acuerdos relacionados con coberturas y organización del trabajo.
Falta de refuerzos adecuados para garantizar una producción de pasta Fluff segura y sostenible.
Modificaciones organizativas realizadas sin la necesaria negociación previa.Paralización de compromisos adquiridos en materia de mantenimiento industrial.
Deficiencias cada vez más evidentes en limpieza e higiene industrial como consecuencia de los continuos recortes en empresas auxiliares.
A todo ello se suma una creciente sensación de falta de respeto hacia la negociación colectiva. La percepción de la plantilla es que los acuerdos alcanzados tras meses de reuniones, movilizaciones y esfuerzos compartidos pierden valor cuando la empresa decide incumplirlos o reinterpretarlos unilateralmente.
Los trabajadores han demostrado responsabilidad y compromiso incluso en los momentos más difíciles. Han participado activamente en la búsqueda de soluciones, han contribuido a alcanzar los objetivos fijados en el ERE y han asumido sacrificios importantes.
Sin embargo, la sucesión de incumplimientos, recortes y decisiones unilaterales ha agotado la paciencia de una plantilla que siente que siempre se le exige responsabilidad mientras la dirección se permite ignorar los compromisos adquiridos.
Por todo ello, los trabajadores exigen la reversión inmediata de los despidos, el cumplimiento íntegro de los acuerdos alcanzados y un cambio profundo en una forma de gestionar que consideran cada vez más alejada del diálogo, la planificación y el respeto a las personas que sostienen la actividad diaria de la fábrica.
La plantilla ha cumplido con su parte.
Ahora exige que la dirección cumpla con la suya.
Porque cuando se incumplen los acuerdos, se rompe la confianza. Y cuando se rompe la confianza, la paz social deja de ser posible.